jueves, 31 de enero de 2008

El adiós anunciado


Por Fernando Cazón Vera


Carolina Patiño convirtió su soledad en un acto de fe. Y de ese modo nos anunció su partida en este libro de pocas pero definitivas páginas. Y es que no necesitó de mucho para entender que se había convertido en una extraña -¿desenterrada acaso?- en este difícil mundo lleno de tantas preguntas sin respuestas, de tantos infiernos disfrazados de presuntuosos cielos. Fue el suyo el caso de una niña extraviada que salió rápidamente por la puerta de escape antes de ser consumida por las llamas de una realidad intolerable.

En su libro anterior y primero “Atrapada en las costillas de Adán”, de título tan sugestivo, hizo una tentativa de redención o purificación usando, con cierta imaginación, su propio cuerpo. Y sometiéndose con legítima curiosidad al pecado original. Pero, al parecer, esa felicidad de los sentidos no fue suficiente. A lo mejor, en su intransferible manera de buscar la redención, quiso pronunciar el prohibido nombre de Dios sin caer en la blasfemia. O ser testigo de la revelación del rostro sagrado nunca visto por nadie, como quien acepta el espejismo para después descubrir la trampa de lo aparente.

Este libro de publicación póstuma, cuyo título anuncia su decisión definitiva, parece ser una manera muy propia de la autora de irse desarmado a sí mismo, poema por poema, verso por verso, imagen por imagen, palabra por palabra. Sustituye la sensualidad por el vacío, la carne por la soledad, el deseo por el misterio. Y para poner el detonante final, pone también algo de ironía en sus textos cortos pero cabales, lo que le permite desacralizar la realidad. Esa realidad que juzgó incompatible con su modo de ser. Con el arraigo que le imponía la tentativa vana de una suma inocencia.

Y después tuvo que llegar, fatalmente, la última e inapelable realidad. La que nos estremeció a todos los que habíamos seguido tan asombrados como temerosos sus pronunciamientos líricos. De los que a lo mejor por cobardía nos seguimos quedando en la misma orilla. Es decir este adelantársenos en el adiós y en el tránsito final. Pero no se diga que se fue sin advertirlo. Este libro es una despedida que quiso ser también una confesión. Un inequívoco anuncio. Y que, paradójicamente, es además un perpetuo quedarse.

miércoles, 30 de enero de 2008

La poesía y sus cuchillos


Por Aleyda Quevedo Rojas

Muerte. No, la muerte no es parte de la noche de un poeta. No revela el universo del poeta, el anhelo de la muerte. No es necesariamente huir. Ni siquiera dejarse llevar. Solo devela su sentir más hondo. Es su cuerpo. Muerte para invocarla en cada verso. Muerte como escape de una misma, verdad a medias.
Muerte. Sí, acercarse a la muerte desde el perímetro de un poema es una forma de ir muriendo. Sí, cerrarse al sol, perderse de todo y de todos. Llevar la muerte cada día como un puñal o un bolsillo repleto de pastillas. La muerte y sus múltiples posibilidades solo son certezas cuando una canta dulce y se muere luego.
Así en la vida como en la poesía Carolina Patiño (Guayaquil, Ecuador 1987-2007). Se fue a la muerte con 20 años. Se metió en la poesía con todo, como lo exigen la poesía y sus cuchillos. En Te suicida los vasos comunicantes y los túneles se extienden y se entrelazan con la misma fuerza poética de Atrapada en las costillas de Adán (2006), parecido ritmo, misma precisión en el lenguaje, imágenes de filigrana surrealista, dardos sangrientos que tocan la locura y la filosofía. Las constantes: erotismo, dolor, angustia y muerte.
Pero es en Te suicida donde está la poesía verdadera. Ahí se dibuja misteriosamente eso de nacer y vivir dolorosamente la infancia, para luego en la adolescencia apasionada y desencantadamente llegar a los puñales sangrientos de la desilusión total, la desidia que quema, el desamor que marca, la locura latente, y esperando en el ahogo de la cotidianeidad, llegar un día a la certeza de la muerte.
La muerte como una luz terrible que se ama y se busca con la misma intensidad que se busca el amor. La mejor manera de morir/ mostrarme con lágrimas /no fue buena idea/ alguien me dijo que debí notar que vendrías por más/ vendo mi alma solo por esconderme de ti. Amor asfixiante y desesperado, la muerte en el cuerpo y el dolor…siempre ahí, quemando y ardiendo en los versos…en la vida de esta voz cegada antes de tiempo. Pero hay que darle tiempo al tiempo porque la muerte no es necesariamente huir de la vida, de la poesía.

lunes, 28 de enero de 2008

Te suicida


Por Sonia Manzano


Poesía conmocionante que grafica con desoladora contundencia el “infierno de Sísifo” en el que se genera su tensionada verbalidad, Te suicida, ópera póstuma de Carolina Patiño (Guayaquil, 1987), es el tácito itinerario cumplido por una voz lírica alrededor de un imaginario caótico, a quien la Poesía le impuso -¿o ella le impuso a la Poesía?- la condena de llevar el monto incuantificable de sus desgarraduras anímicas hasta la cima de lo humanamente soportable, para desde ahí, pese a sus deseos por impedir lo previsible, observar el espectáculo de ver cómo éstas, integradas a un todo compacto, como un trozo de basalto, vuelven a rodar hasta el vacío. El yo discursivo de este insólito poemario –en cuya textualidad se entretejen miedos, pesadillas, ternuras caldeadas por lenguas eróticas, euforias repentinas que duran lo que dura la luz de una bengala-se desdobla continuamente en otro “yo”, en una identidad que se parapeta del otro lado del espejo para desde ahí socavar a diario la imagen de quien cree estar frente a su réplica, cuando, en realidad, ha pasado a ser la duplicación de ese sujeto que desde su encierro de vidrio ejerce una peligrosa fascinación sobre quien le suministra imagen visible; atracción similar a aquella a la que no se pudo resistir el poeta César Dávila Andrade cuando, en un hotel de Caracas, “cortó su pacto con la vida”:


“Ahora que me he mirado en el espejo por horas
ruego que se corte mi pacto con la vida.”


Ese “yo sangriento” cuyo dominio trágico es similar al que con persistencia recorrió la poética de Alejandra Pizarnik, deja su impronta agónica en varios espacios textuales de Te suicida, a manera de signos premonitorios, los que en su conjunto configuran un sistema simbólico en el que, como es fácil predecir, el color rojo impone su significado de corte o cercenamiento abrupto sobre cualquier otro significado de permanencia o aferramiento a la continuidad vital que pueda advertirse en este poemario, irremediablemente escrito bajo la presión de una cuenta regresiva: “Mientras el reloj de arena rojo/ aparece y desaparece”.

Las imágenes que afloran desde los “vidrios rotos” de un simbolismo concebido para desprestigiar la inanidad de la existencia –“es tan vulgar el día”-, no pueden ser más radicales, por la fuerza anímica que ellas conllevan, a más de por esa reconocible calidad estética que les es inherente:


“Mi abuelo ataca con sus ojos blancos
las teclas del piano púrpura”

(El raticida que no funcionó)


La voz lírica tiene en la presencia que ha verbalizado, a su imagen y semejanza, a una interlocutora impasible, a la que sitúa dentro o fuera de ella, para abordarla desde cualquier ángulo, para tenerla cerca de sí cuando se hace urgente la necesidad de descargar el peso existencial, aunque sea momentáneamente, en los hombros de su yo clonado:

“Pero ahora que te veo desde este ataúd
me es tan difícil tenerte lástima”.


Esa réplica con voluntad propia en la cual se instala “la resaca de todo lo vivido” a veces se desplaza hacia un “él” ocasional, presencia que se configura con más fuerza cuando interviene el componente erótico, valor agregado a la esencia desconcertante de esta poética al que la autora maneja con una ávida y funcional sensualidad:

“Arranca lo que queda de piel
úntame tu caramelo blanco en la espalda
gánate mis entrañas otra vez”.


La idea de la persecución, es una constante fundamental en esta poesía que a sí misma trata de darse alcance para autoagredirse. Arlequines vengativos, lobos hambrientos, payasos en blanco y negro, campanas ensordecedoras, monstruos “dispuestos a devorar” y más referentes concebidos en la matriz desolada de un miedo obsesivo, extienden sus alas depredadoras para arañar los brazos “muy cerca de las venas” de su pieza de caza.


Un carrusel de criaturas oníricas gira en torno a una música en la que se han disuelto antidepresivos de doble punta de lanza, es decir de aquellos que adormecen al dolor inútilmente, porque, de pronto, ese dolor peligrosamente represado, vuelve por sus fueros para arrasar con todo lo vivido.


“Payasos en blanco y negro
vienen a jugar conmigo
por las noche
me persiguen
como lobos hambrientos”


“Arlequines vengativos vienen a rezar conmigo
y se dan cuenta de que ya no respiro”


En cuanto al tono del lenguaje, éste se presenta retador, plagado de advertencias, imbuido de una actitud acusatoria hacia los supuestos causantes del descalabro próximo a acontecer o ya desde siempre acontecido:


“Demasiados espejos
descuelgan tambores en mi funeral”


Incrementado el tono drástico de Te suicida, se detectan términos que connotan ruptura, cercenamiento, agresión, como los verbos destripar, arrancar, arañar, romper, golpear, gritar, utilizados en forma deliberadamente reiterativa.


Una tristeza violenta, una agonía que se revela ante su propia permanencia golpeando “su rostro contra el suelo”, es la que se percibe en estos versos:

“…creen que estoy rota
pues lo estoy:
como esa muñeca de porcelana
a la que le arranque los ojos”
“destripa mis miedos angelito”


La utilización del ego faccioso como instrumento válido para acceder a la sobrevivencia, es desechado por la hablante con un tajante ¡suficiente!, cuando repara en que ella es capaz de respirar por sí misma sin necesidad de que quien la habita –quien la socava, quien la mina- lo siga haciendo por ella, pues éste ha perdido gradualmente credibilidad, por lo que la autora le ha asignado ubicación “debajo de la muerte”:

“Y ahora que sé que respiro por ti
puedes irte y no despertar adentro”

“Estabas por encima de la muerte
pero ya no”

La poesía de Te suicida, llega a adoptar visos de tragedia griega, cuando la hablante reconoce que todo el tiempo ha sido ella la que ha alimentado con sus jugos nutricios a ese ser que le corroe las entrañas.

Aniquilar a los hijos potenciales, incluso antes de que existan, abortados de la mente antes de que adopten la condición de cigotos, es la propuesta que declara la hablante frente a la posibilidad de una maternidad futura, la que resulta del todo inconcebible dentro del azaroso presente textual en el que se desplazan las incidencias más significativas de esta poesía.

La voz lírica “limpia el desorden de los cuerpos en la cama”, y paralelamente arranca de raíz cualquier signo de sobrevivencia que pueda haber sido gestado a causa de esos entrenzamientos entre ella y la duplicación distorsionada de sí misma. Así, reduce a nada cualquier vestigio de vida futura, aunque no es capaz de evitar que dentro de las consecuentes cenizas existenciales, broten las pruebas irrefutables de que “detrás del tema/siguen siendo ellos/ los hijos asesinados por (su) otro yo”¿Y qué pasó con la fe cristiana que no intervino para frenar la mano de la hablante cuando ésta quiso interrumpir, en forma abrupta, el hilo de su escritura?, pues la fe, después de haber dado sus manotones de ahogado en su particular asfixia, se dejó arrastrar hacia ese “mar final” cuyos contornos fueron alguna vez verbalizados por la aguda percepción lírica de Ileana Espinel.

Pero en ese trayecto que media entre la desolación y la Nada, se anota un “alto” efectuado por la fe, ya ostensiblemente disminuida, de la hablante con la intención de interrogar a quien solo podrá entregarle, a modo de respuesta, su silencio impasible:


“Tú relampagueas
¿Qué haces allá arriba?”


Te suicida es un poemario rotulado con esa advertencia que suelen exhibir ciertos frascos cuyos contenidos son de alcances contundentes. La advertencia se cumple cuando uno ingiere esta poesía por la lectura y después de ello se queda con la sensación de que la palabra es una dimensión en la cual convergen, en dosis arbitrarias, la belleza, la vida y la muerte.

viernes, 25 de enero de 2008

El libro Te suicida de Carolina Patiño



Ya está por salir de imprenta el poemario póstumo Te suicida de nuestra querida amiga y poeta Carolina Patiño (1987-2007). Este blog le rinde un merecido homenaje en la próxima semana mostrando algunas fotos y los textos críticos que saldrán en la mencionada obra, por parte de destacados escritores ecuatorianos (los poetas Sonia Manzano, Fernando Nieto Cadena, Fernando Cazón Vera y Aleyda Quevedo) que se sumaron con sus distintas perspectivas a este bello e intenso libro. Carolina Patiño seguirá siendo por siempre una inolvidable integrante de nuestra revista El Quirófano. A continuación algunos poemas del libro Te suicida:


MUÑECA DE PORCELANA

a Carmen Váscones

Suenan infernales campanas de escuela
y yo entre viva y muerta me tambaleo.
Mientras el reloj de arena rojo
y mi terrible aragnofobia
creen que estoy rota,
pues lo estoy;
como esa muñeca de porcelana
a la que le arranqué los ojos.


CAJA DE RECUERDOS

¿Dónde se ha ido mi espíritu?
creía en todo lo que conocía
y ya no me acuerdo de mí
dulce caja de recuerdos
que me mantenía a distancia de la locura
que me pierde cuando me encuentra
ahora que me he mirado al espejo por horas
ruego que se corte mi pacto con la vida
ya sangré respiré lloré suficiente

¿me puedo rendir ahora sin mi sombra?



PASTILLITAS COLOR PASTEL

Si me das 1:
No pasa nada.

Si me das 3:
Olvido usar mis botas de hule
porque el equilibrio me falta

Si me das 5:
Con mi pijama de 10 a 12 horas
soñando con cosas que luego no recuerdo

Si me das 17:
Ya casi me salvas

Dame 199 y se acaba el drama...


NO MÁS SANGRE

Tú no te acuerdas de mí pero yo sí
y ahora que despierto
puedo decir que creí en ti
pero ahora decido con qué soñar
ya no me cazan
ya no corre mi sangre en las noches.


FUTUROS HIJOS MÍOS

Aliméntense hijos de mis entrañas
llenos de antidepresivos drogas alcohol y muchos somníferos
duermo en los días y en las noches despierto por más dolor
Mi masoquismo ha llegado lejos
los quiero en mi vida pero los mato de a poco

Y yo solo

lo siento...


ADIÓS

Tan cansada de estar aquí
con todos estos miedos sin infancia
me voy sin perdurar
sin lograr que voltees por mí
sin lograr que enciendas la luz
sin lograr que abras tus ojos
el dolor tan limpio no sostendrá tu mano
demasiados espejos
descuelgan tambores en mi funeral.

lunes, 21 de enero de 2008

Entrevista a Gabriela Cantú Westendarp


“Entre el escritor y las letras: hay una relación erótica”


Por Augusto Rodríguez


Gabriela Cantú Westendarp nació en Monterrey Nuevo León, México en 1972. Es Licenciada en Estudios Internacionales por la Universidad de Monterrey. Ha estudiado diplomados y seminarios en lenguas, periodismo y literatura en diferentes instituciones educativas. Ha participado en diversos talleres de creación poética, lecturas y encuentros de escritores. Se ha desempeñado como periodista y conductora de noticias para canales de televisión locales y nacionales. Ha ejercido la docencia en el área de literatura y lengua inglesa. Sus poemas y reseñas han sido publicadas en algunas revistas especializadas. Actualmente dedica la mayor parte de su tiempo a la poesía. Fue becaria del Centro de Escritores de Nuevo León, generación 2006. Tiene dos libros publicados “El efecto”, Conarte 2006 y “El filo de la playa”, Mantis 2007.


Gabriela, ¿cuándo y por qué empiezas a escribir poesía?

Durante mi infancia escribí algunos poemas de manera espontánea acerca de las cosas y las personas que tenía cerca. En casa siempre había libros. Mi padre amante de la historia, mi madre con estudios literarios. En mi adolescencia hubo también algunos versos dedicados al amor. Un encuentro decisivo con la poesía me ocurrió a mis 19 años, cuando leí a Jaime Sabines. Por entonces estudiaba la licenciatura en Estudios Internacionales y, aunque Sabines se mantuvo cerca, el camino me llevó al periodismo. Fue después de varios cambios en mi vida personal y profesional que me sumergí en las aguas de la poesía.

¿Qué poetas son tus referentes y cuáles son tus autores de cabecera?

Dante, San Juan de la Cruz, Gorostiza, Girondo, Vallejo, Temperley, Paz, Coleridge, Plath, Eliot y Tu Fu.

Eres parte del colectivo Otra orilla, ¿quiénes son y a qué se dedican?

El colectivo Otra orilla es una revista-póster que reúne bimestralmente las inquietudes de un grupo de 7 artistas regiomontanos por expresar sus acuerdos y desacuerdos ante lo Otro, su visión del mundo, sus anhelos, sus frustraciones, y su amor por el arte. Es un objeto en donde convergen al menos tres disciplinas: la literatura, la pintura y el diseño gráfico. Cada número es monográfico y fusiona las aportaciones de los participantes. El plástico trabaja sobre papel periódico que luego es intervenido virtualmente con los seis textos. Se tiran 500 ejemplares en serigrafía y es repartido gratuitamente en centros culturales.
Otra orilla va hacia las texturas, los olores, lo permanente. El colectivo se resiste a ser como otros, pero no por eso ignora o rechaza las tradiciones y el mundo que lo rodea. Es una propuesta de resistencia: el margen, la orilla, la costa, forman su columna vertebral.


He leído tus poemarios El efecto y El filo de la playa. ¿Cuéntame de estos trabajos poéticos?

“El efecto” es un libro breve formado por 26 poemas que escribí durante un periodo al que pertenecí al taller de la Casa de la Cultura de Nuevo León. El grupo era dirigido por el poeta José Javier Villarreal. Lleva un epígrafe de Marin Sorescu, “Con su ola lengua de gata/la poesía arrojome a alta mar.” Estos dos versos me parecieron perfectos para este libro en el que trato de expresar mi amor a la poesía y mi intento por sobrevivir junto a ella. El efecto es de alguna manera la maldición ineludible.
“El filo de la playa” nació de un poema de dos cuartillas, fue creciendo para convertirse en un poema-libro. Tiene un contenido amoroso y está dividido en tres tiempos. El primero tiene que ver con el deseo, el segundo con el encuentro amoroso y el tercero con la separación. Sigue una tenue línea narrativa. Fue escrito en un periodo corto pero luego hubo regresos para limar y recortar. Estoy muy satisfecha con este libro y muy agradecida con la bella impresión de Mantis.

Tu poesía ahonda en la palabra y en el erotismo ¿Qué es para ti erotismo?

La musa es la lengua. Hay un juego de seducción que ocurre entre el escritor y las letras: una relación erótica. En mi caso hay, por supuesto, una carga erótica dentro de esa relación de por sí erótica. Creo que obedece a un dialogo que tengo con mi cuerpo; procuro dejar que hable y luego trato de traducirlo, ponerlo en un código legible. Es “como un cuerpo dentro de otro cuerpo” dice, la poeta Nancy Jeannette Garza, respecto a mi trabajo.
Me parece que el contenido de un poema, incluyendo el erotismo, ha de presentarse de manera natural o no sirve. Cuando hay imposiciones el lector lo reconoce y lo rechaza. No hay grandes temas sobre los cuáles se pueda escribir, sólo hay buenos y malos textos.

En tu libro El filo de la playa hay un verso de José Carlos Becerra que dice: Memoria, brusco pez en el alma, ¿qué es la memoria para ti?

Es un verso bellísimo, pertenece a un poema que se llama “Rueda nocturna” de “Relación de los hechos”. Me hace pensar que los recuerdos, aún cuando sean dulces, son dolorosos pues representan un tiempo ya ido. Otro poeta, Antonio Gamoneda, nos dice que la memoria es lo perdido y que gracias a ella es posible la existencia física del poema. Pienso que gracias a la memoria, nos construimos día a día, nos sostenemos y nos podemos relacionar con el mundo y sus habitantes.


Si tuvieras que dar un mapa poético actual para tratar de entender los procesos
y la poesía contemporánea de tu país, ¿quiénes serían y por qué?

Dibujar un mapa poético de mi país requiere un arduo trabajo de investigación. Me limito a decir que reconozco un número importante de personas escribiendo poemas ahora mismo. Algunos de ellos han recibido diferentes premios y reconocimientos y publican varios libros por año. Sin embargo todo poema escrito, aún aquella pieza que hoy sea llamada poesía, tiene que esperar la prueba del tiempo.
Me parece necesario reconocer el esfuerzo que hacen las revistas literarias y las casas editoriales independientes que, contra corriente, publican las propuestas que se generan hoy día.

Actualmente en qué proyectos literarios está Gabriela Cantú Westendarp?

Estoy muy ocupada con mis estudios de maestría. Mi proyecto de tesis tiene que ver con Héctor Viel Temperley y Hóspital Británico. Además trabajo en un libro de prosa poética y en una novela. En archivo tengo un par de libros en proceso de revisión y corrección, quizá reescritura, sólo el tiempo me dirá qué hacer. La poesía requiere reposo.



(De “El efecto”)


el abejorro


llegas con el hígado en los ojos
con el rancio sabor
de un tren que pasa de madrugada
revoloteando las camas
de los que intentan morir

la noche
una mujer a quien le cortan los pies

tus dedos suben y bajan
por los espejos
los muebles
las costillas
la nariz

clavamos tu sombra
en las esquinas de la casa
bajo las patas de elefante del jardín

ayer volamos las cenizas de un abejorro

hemos estado planeando tu funeral
ellos insisten en que la caja
esté forrada de almejas
¿dime tú qué piensas?


(De “El Filo de la playa”)


Primer tempo


I

Una lámpara prende, apaga
me quita las ganas de seguir
de rondar las esquinas de ese cuarto rosado.

Noche que me entra.
Oscuro cuerpo que no cabe en los límites del ojo.

Busco el momento
y pienso:
todo luz o todo sombra.



Cómo no pensarlo
después de tantos años
vistiendo las bragas rojas
las ojeras, los corchos en el cenicero
después de sangrar las sábanas
de estrellar el auto
de los higos y la advertencia.


Terminar antes de que empiece
mucho antes del encendido
de que las palomillas viajen hacia la luz
y las barcas, encendidas
provoquen esa comezón que no deja dormir.

Terminar, antes de que se eleve el puente
para el desfile de las princesas.

Acabar con él
antes siquiera de que surja la idea
que vientre y semen…

Agotarlo para que no nos agote.

Situarlo en donde el agua apenas lo roce
y sea sólo un instante
y no la caída hasta el fondo
donde el octópodo no tiene piedad
y aprieta el cuerpo
y por la boca asoman las entrañas.

Alejarse del agua
porque furiosas, sus manos oxidan
y de pronto
no podemos mover el brazo
el hombro, el cuello
y vamos andando caballitos marinos
un tanto rígidos y delgados.

Alejarse,
para no estar con las otras
que de soñar
no se cansan.


Pero te atrapa, y te huelen las axilas
y tu ropa está húmeda
y te resistes
deslizándote en la playa.

Alcanzas a ver que el puente se levanta
y, ya ves, el desfile comienza.

lunes, 14 de enero de 2008

Tyrone Maridueña, mención de honor en el X Concurso Nacional de Literatura, género de poesía de la CCNG.

Tyrone Maridueña es integrante del grupo cultural Buseta de papel desde hace varios años. Su libro Al otro lado de un espejo roto acaba de recibir una mención de honor en el X Concurso Nacional de Literatura, género Poesía, de la Casa de la Cultura Núcleo del Guayas. Para nuestros lectores, dos poemas del poemario inédito:


Nacimiento

Escapar de los sordos abismos de la palabra

es un movimiento que pertenece a los niños

Es crear algo más fuerte que la muerte o el amor
Es la transformación de la ciencia o de lo existente
en algo más elevado;

Todo será expulsado de nuestra piel

y quedaremos sonrientes ante el último
nacimiento

seguro las personas que mueran después
podrán escribir con su mano izquierda

-solo después de cortarse la lengua. Por respeto

su nombre en el sagrado libro de los locos
y entrar a nuestra guarida de lobos y vírgenes azules
.


Acerca de tu espacio

Quiero resucitar las semillas azules de tu sexo
Y firmar convenios de luz con el primer hijo del hombre
Para convocar siempre tu cuerpo en el ocaso de los pájaros.

Resolver el dilema de tu espacio inmediato
Para comprobar que la desnudez de la poesía es algo tan natural como enfermo
Destruir los puentes que unen la inmortalidad con lo absurdo
Lanzar las cabezas de los cuerpos al mar antes que vuelvan los eclipses
Caminar con los vagabundos y escapar de las paredes de los cementerios
Sobrevivir a tu lado y esperar que todo se calme afuera
Tener en mi boca
La vida de tu cuerpo
Y recorrer junto a ti
caminos de carne
Y así comprobar la pureza con que aman los locos.

miércoles, 9 de enero de 2008

Entrevista al editor Jorge Herralde


“He tenido la suerte de acompañar la carrera de un autor casi desconocido (Roberto Bolaño) hasta convertirse en uno de los escritores más importantes en lengua española en los últimos cincuenta años”


Por Augusto Rodríguez

Jorge Herralde es Editor, fundador y director de
Editorial Anagrama. Está considerado el mejor editor literario del mundo hispano después del desaparecido y mítico Carlos Barral. Ha recibido diversos galardones por su actividad editorial: entre ellos en 1994, el Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural, otorgado en España por primera vez, y el Premio Targa d'Argento La Stampa Tuttolibri de 1999, otorgado por la Associazione Biblioteca Europea en colaboración con dicho periódico. En 2000 recibió el Premio Clarín, otorgado por los libreros de Oviedo, y también la Creu de Sant Jordi «por la prestigiosa singladura que ha llevado a cabo al frente de la Editorial Anagrama, renovando nuestra sensibilidad a través de la introducción en España de los principales autores europeos y americanos contemporáneos, en cuidadísimas traducciones. En 2002 fue distinguido con el Reconocimiento al Mérito Editorial de la Feria del Libro de Guadalajara, y en 2003, en Italia,con el Premio Nazionale per la Traduzione del Ministero per i Beni Culturali. En 2005 recibió la distinción de Oficial de Honor de la Excelentísima Orden del Imperio Británico y el Premio Grinzane Editoria. En 2006 fue nombrado, en Francia, Commandeur de l'Ordre des Arts et des Lettres. Como autor, Jorge Herralde ha publicado cinco libros relacionados con su trayectoria editorial.

1-¿Cuándo y cómo te interesas por la literatura, es decir, por leer, escribir y editar libros?

Como todos los editores literarios y, naturalmente, todos los escritores, empiezo como lector. Ya de niño me veo leyendo periódicos, tebeos, prensa deportiva, libros de todo tipo, y ya en la adolescencia voy encontrando mis escritores favoritos como Hansum y Huxley, en su día, la generación perdida americana, con Faulkner, Hemingway y Scott Fitzgerald a la cabeza, y poco después la fascinación por Kafka y, como tanta gente de mi generación, con Sartre. Y empiezo, en buena parte, a editar para compartir entusiasmos.

2-¿Cómo nace la editorial Anagrama?

Anagrama nace a finales de los 60, en una época muy exaltada políticamente (Mayo del 68, guerra de Vietnam, la revolución cubana, la revolución china) y también culturalmente. En España se avecinaba el fin de Franco y su censura (aunque aún tardó algunos años). Y en los inicios de Anagrama se reflejan, sobre todo, tales convulsiones. Aparecen textos de la izquierda heterodoxa (desde el Che, Mao, Rosa Luxemburg, Trotski, Bakunin o los situacionistas franceses) así como se incorporan nuevas corrientes de pensamiento, el estructuralismo, la antipsiquiatría, el pseudomarxismo, se inicia la biblioteca de Antropología, la Cinemateca Anagrama y un largo etcétera. También figura, desde el inicio, la literatura, aunque más tímidamente. En el 77 aparece la colección “Contraseñas”, dedicada a literatura más o menos marginal o salvaje, con Bukowski y los ases del Nuevo Periodismo.

3-¿Cómo ves el mundo editorial en España comparado a América?

En España se ha producido, desde finales de los ochenta, como es sabido, un fortísimo proceso de concentración editorial, con grupos como Planeta, Random o Santillana. Sin embargo, han persistido editoriales independientes muy rigurosas culturalmente como Tusquets, Pretextos, Siruela y la propia Anagrama, y han surgido, especialmente en los últimos años, nuevas editoriales con fuerte vocación literaria. Nunca he sido pesimista al respecto y tampoco ahora.
En cuanto a América, muy significativas editoriales (Sudamericana, Emecé, Joaquín Mortiz, por ejemplo) han sido adquiridas por los grandes grupos españoles, por causas de todos conocidas. Sin embargo, al igual que en España, siguen surgiendo muchas y combativas editoriales. El mayor problema sería, quizá, el escaso número de librerías.


4-Tengo la impresión que estás apostando más por literatura latinoamericana, por ejemplo recuerdo en este momento nombres como Halfon, Zambra o Villoro, ¿es así y por qué?

En efecto, en los últimos años he ido aumentando el número de autores latinoamericanos en nuestro catálogo: actualmente la mitad de los títulos de narrativa son de autores españoles y la otra mitad latinoamericanos. Por una parte, en muchos países de América Latina están surgiendo escritores muy interesantes, liberados de la “angustia de las influencias”, de la resaca del boom, y Anagrama ha afianzado su distribución y la captación de escritores. Por otra parte, el revés que la política más habitual de los grandes grupos, nosotros publicamos a cada autor en su país de origen y en España y distribuimos sus libros por todo el continente.

5-¿Qué autores de tu editorial son los más vendidos?

Así, de memoria, como autores: Paul Auster, Patricia Highsmith, Tom Sharpe, Carmen Martín Gaite, José Antonio Marina y Ryszard Kapuscinski. Por otra parte, los títulos más vendidos de la editorial han sido: La conjura de los necios, de John Kennedy Toole, Seda, de Alessandro Baricco, El dios de las pequeñas cosas de Arundhati Roy, Brooklyn Follies de Paul Auster y Los girasoles ciegos, de Alberto Méndez.

6-¿A qué autores clásicos te hubiera gustado conocer y publicar en tu editorial?

Muchos. Desde luego me hubiera gustado conocer a Nabokov y a Kafka, aunque he conseguido publicar obras de ambos autores. Y la curiosidad de conocer, preferiblemente a media distancia, a Rimbaud.

7- Es reconocido el premio Anagrama ¿Qué me puedes decir de este premio?

En la editorial convocamos los premios para manuscritos inéditos: el Anagrama de Ensayo y el Herralde de Novela. Precisamente en 2007 se han cumplido 60 convocatorias: 35 del premio de ensayo y 25 del de novela. El de ensayo es el más veterano de nuestro país, y en él se han galardonado novelas de interesantes pensadores (a menudo en los inicios de su carrera) como, por citar algunos, Fernando Savater, Xavier Rubert de Ventós, Antonio Escotado y José Antonio Marina o los latinoamericanos Juan García Ponce, Rafael Rojas o Carlos Monsiváis. En cuanto al premio de novela, los primeros galardonados fueron Álvaro Pombo y Sergio Pitol, entonces casi desconocidos y que ahora están en primerísima fila de la literatura en lengua española. En los primeros años fueron galardonados en especial jóvenes escritores de la llamada “nueva narrativa española” como Félix de Azúa, Javier Marías, Vicente Molina Foix, Enrique Vila-Matas (que primero fue finalista y años después lo ganó). En los cinco últimos años lo han ganado autores latinoamericanos: Alan Pauls, Juan Villoro, Alonso Cueto, Alberto Barrera Tyszka y Martín Kohan. Y algo antes, nada menos que Roberto Bolaño, quien con Los detectives salvajes empezó su carrera internacional con tan merecido éxito.

8-¿Qué conoces de literatura ecuatoriana?

Menos de los que debiera, sin duda alguna. A Leonardo Valencia lo conocí hace años en Barcelona, tenemos amigos comunes, como Vila-Matas, y le he leído con gran interés como periodista cultural en Lateral y otras publicaciones.

9- Es conocido tu libro sobre Bolaño, ¿cómo fue esta relación entre tú y Roberto Bolaño, qué me podrías decir de él? ¿Cómo fue que Bolaño llega a ti?

En Para Roberto Bolaño relato nuestro primer encuentro en la editorial, así como el segundo con el manuscrito de Estrella distante y, a partir de ahí, una amistad permanente y la publicación de sus libros. Y he tenido la suerte de acompañar la carrera de un autor casi desconocido hasta convertirse en uno de los escritores más importantes en lengua española en los últimos cincuenta años. Así lo ha proclamado la más exigente crítica estadounidense después de la publicación de Los detectives salvajes en su país. En tres meses se habían vendido 25.000 ejemplares, según me dijo Jonathan Galassy, el editor de Farrar Strauss, una cifra casi impensable en literatura traducida. Y más aún si nos atenemos a la literary fiction.

10-Sé que has publicado algunos libros, ¿Cuéntame sobre tu literatura?

He ido publicando, desde Opiniones mohicanas hasta Por orden alfabético, una serie de títulos todos ellos en torno a mi actividad editorial. Recogen textos sobre autores de la editorial, sobre colegas cuya labor admiro y estimo y también otros (a menudo en forma de cartas de batalla) en torno a los problemas de la edición en nuestros días. Yo diría que son una suerte de cara B, en términos discográficos, del catálogo de la editorial y una crónica de una manera de entender y practicar la edición.

11-Si tuviera que dar un consejo a alguien que recién empieza a escribir y que desea escribir hoy en día, ¿qué le dirías?

El auténtico escritor no necesita consejos: tiene que escribir, resistir, perseverar frente a todo. Está condenado a ello.


lunes, 7 de enero de 2008

Horacio Quiroga, asediado por los demonios



Por Patricio Burbano


A Enrique Sánchez Elvira.


La casa donde vivió Horacio Quiroga gran parte de su vida, y escribió muchas de sus mejores y más celebradas ficciones, está a un kilómetro de las ruinas de San Ignacio Miní, una pequeña reducción colonial que levantaron tres mil indios guaraniés, al mando de cuatro viajeros jesuitas, en medio de la selva de la provincia de Misiones, al norte de la Argentina. Los demonios que tuvieron que enfrentar los misioneros en su expedición evangelizadora, no fueron pocos: La llanura selvática invadida de toda clase de animales y de insectos, el calor tropical que durante el verano alcanza temperaturas infernales, y el aislamiento de todo lo que ellos entendían por civilización. Aún así, fueron capaces de edificar una ciudad hecha a imagen y semejanza de sus casas señoriales y sus catedrales, que se mantuvo activa hasta la expulsión de los jesuitas en 1767.

Muy pocos escritores tuvieron vidas tan atormentadas, y supieron explotarlas tanto y tan bien, como lo hizo Quiroga. La primera vez que huyó de sus demonios, tenía dieciséis años. Su padrastro, Asensio Barcos, se suicida con una escopeta, en su presencia. El adolescente Quiroga tiene que refugiarse en la soledad de los libros para exorcizar así al demonio de la muerte. Acaso sea en este período cuando se despierta en el escritor la convicción que encabezaría más tarde su Decálogo del perfecto cuentista: “Cree en un maestro –Poe, Maupassant, Kipling, Chejov- como en Dios mismo”.

Siguiendo la tradición modernista, una vez terminados sus estudios, Quiroga se embarca en la primera clase del trasatlántico Cittá di Torino, rumbo a Génova, para después llegar a París. El viaje desde las costas montevideanas, y su estancia en la que entonces era todavía la Ciudad Luz, están recogidas en su desgarrador Diario de viaje a París. Los capítulos del diario relatan el proceso de decadencia que sufre el joven Quiroga durante su estancia parisina. Como siempre ocurrirá en su vida, un período de aparente calma, como las aguas ambarinas del río Paraná, que el uruguayo tantas veces evocó, se verá eclipsado por la violenta irrupción de un demonio. El joven aspirante a escritor, que llevaba toda la esperanza del artista que se siente destinado a la gloria, tiene que regresar al Uruguay, después de haber vivido en París su mayor crisis de soledad, fracasado, humillado, y sin dinero.

A principios de 1902, cuando Quiroga tiene veinticuatro años, reaparece en su vida el fantasma de la muerte al dispararse accidentalmente sobre Federico Ferrando, su mejor amigo, una winchester cargada que éste estaba examinando. Quiroga tiene que huir de su Uruguay natal para refugiarse en la Argentina, país que en adelante se convertirá en su asidero espiritual.

Una vez instalado en Buenos Aires, el uruguayo recibe una invitación de Leopoldo Lugones, quien, junto con un grupo de exploradores, se propone redescubrir las míticas ruinas de San Ignacio Miní. Quiroga acompañaría al grupo como fotógrafo. La belleza salvaje de la selva a orillas del Paraná, la sensualidad mística de las ruinas jesuíticas, y la posibilidad de una vida apartada de la vulgaridad del mundo de los hombres, debieron ejercer una poderosa atracción sobre el escritor. A tal punto, que decide dejarlo todo, construir (con sus propias manos) una casa, e instalarse definitivamente en Misiones. ¿Pero por qué la región atrajo tanto a Quiroga? Quizá la respuesta se encuentre en una reflexión que hace Juan Brown, enigmático personaje que aparece en varios relatos de su estupendo “Los desterrados:” “La vida más desprovista de interés al norte de Posadas (Misiones) encierra dos o tres pequeñas epopeyas de trabajo o de carácter, si no de sangre. Pues bien se comprende que no son tímidos gatitos de civilización los tipos que del primer chapuzón o en el reflejo final de sus vidas han ido a encallar allá”.

Aquí empieza la segunda parte de la atormentada vida de Quiroga, que nada tiene que ver con la del dandy uruguayo de su primera juventud. Después de adoptar la nacionalidad argentina, se instala en la selva junto con su primera mujer, Ana María Cires, que sólo tenía dieciséis años cuando Quiroga –de treinta- la conoció. Mientras el escritor se dedica a la plantación de algodón, la exploración de la selva, y el vicio de la escritura, su mujer, para quien San Ignacio es un infierno tropical, se suicida con una dosis de cianuro. Después del episodio, Quiroga, que desde hace tiempo sabe que la única forma de exorcizar un demonio es enfrentándolo, se vuelca nuevamente en sus relatos. La experiencia de haber perdido a su mujer, y de su vida solo, con sus dos hijos pequeños, está recogida en “El desierto”.

Hacer la ruta que lleva hasta la casa de Quiroga, es como ser parte de una de sus ficciones. Desde la reducción de San Ignacio Miní, se debe atravesar un largo camino de tierra polvoriento que está rodeado de vegetación silvestre, esperando que no salga de algún matorral una víbora como la que atacó al barquero de “A la deriva”. La humedad de la zona hace que el calor de diciembre se vuelva todavía más insoportable. En medio de la caminata, uno entiende por qué sus mujeres prefirieron el divorcio o el suicidio, antes que la vida en la selva. En realidad, el escritor vivió en dos casas que están a unos pasos la una de la otra. La primera, fue la que construyó con sus propias manos cuando se trasladó por primera vez a la región con Ana María Cires. Es una casa rústica de madera. La segunda es de concreto y está mucho mejor elaborada, con tres ambientes modestos, y una piscina pequeña que Quiroga mandó a construir para su segunda esposa, María Elena Bravo, que tenía diecinueve años cuando lo conoció. En esta casa se conservan todavía muchos de los objetos con los que trabajó el escritor durante toda su vida: Una máquina de escribir, un escritorio, una bicicleta, algunos muebles, unas pocas herramientas, etc.

Así como sus tempranas lecturas (sobre todo de Poe y de Kipling), sus dramas personales y sus demonios privados, matizaron su estilo, la vida en la selva afinó su óptica, y le dio a su prosa un tono inconfundible, único. En su obra, como en la de Hemingway, Gide o Vargas Llosa, las experiencias vitales son fundamentales para la composición de los personajes y las tensiones dramáticas. La musicalidad coral y la violenta plasticidad de las atmósferas, la vitalidad esencial y la extravagante decadencia de sus personajes, quienes poseen una conciencia absoluta sobre la vida y la muerte, son algunas de las marcas que caracterizan su poética. Son muchos los escritores que tienen una deuda con su estilo. Pese a la sentencia de Borges, quien dijo de Quiroga que: “Escribió los cuentos que ya había escrito mejor Kipling”, tanto el escritor de “Ficciones” como el Julio Cortázar de “La noche boca arriba”, le deben mucho al maestro uruguayo.

Quiroga era un escritor que creía en los procedimientos. No solamente redactó un Decálogo del perfecto cuentista, sino que también escribió una serie de reflexiones sobre el arte de la escritura, recogidos en Los “trucs” del perfecto cuentista, que todo escritor en ciernes debería leer. También practicó la escritura breve. Sus “Cuentos de locura de amor y de muerte” son apenas una selección de cien relatos que ocupaban en muchos casos, solamente una página en la revista cultural modernista “Caras y Caretas”.

Si hay algo que se mantuvo con firmeza a lo largo de la vida de Horacio Quiroga, fue su inalterable convicción en el poder liberador de las ficciones, de las que se valió para darle forma a los demonios que lo acosaron desde siempre, y que no lo abandonarían sino hasta cuando decidió quitarse la vida en febrero de 1937. No podía ser de otra forma.

miércoles, 2 de enero de 2008

La literatura ecuatoriana del 2007



Por Augusto Rodríguez


En el transcurso del 2007 la literatura ecuatoriana sumó nuevos títulos en varios géneros, temáticas y estilo. Es difícil enumerarlos, pero destaco, entre otros, en poesía: La vida angosta de Alfonso Espinosa Andrade. Este poeta quiteño publicó en el presente año un nuevo libro que a su vez inauguró la colección Palabra al día de la CCE Benjamín Carrión. Es un poemario breve pero se deja notar el talento y la firmeza de un poeta que camina seguro por nuestras letras. A cambio de monedas y palabras de Franklin Ordóñez. Son poemas directos, frontales, que como navajas o pájaros ardientes se posesionan de los deseos más profundos de sus amantes y de sus amores más ocultos. Es un libro de gran fuerza. Bestia pura del alba de Rafael Díaz Icaza. Es uno de los poetas más completos del país. En este libro están algunos de los mejores poemas ecuatorianos que se han escrito a lo largo del siglo XX. Va desde el compromiso político, el amor, la sexualidad, la rima hasta el verso libre, la parodia, la canción, el humor y lo sardónico que nos recuerda una y otra vez la herida del verso que no tiene descanso. La máscara desnuda los trazos de mi cara de Bruno Sáenz. Libro que sigue la misma tendencia de los anteriores poemarios de este autor quiteño. Trabajo serio y reflexivo de este poeta que nos dice desafiante: “No sé cómo retener mi alma en la vasija quebradiza del cuerpo, dentro de la angosta camisa de la condición humana”. Poemario de una belleza excepcional. No quiero dejar de mencionar el último libro de María de los Ángeles Martínez denominado Trozos de vidrio o la ópera prima Concupiscencia de la manabita Siomara España.
Ensayo: Obsesiones Urbanas de Juan Secaira V. es un ensayo crítico sobre la obra narrativa de Humberto Salvador. Humberto Salvador fue un notable escritor guayaquileño de la Generación del 30, que ha sido tristemente olvidado. El libro nos muestra vida y obra de un escritor que tenemos que rescatar y darle el sitio que merece en nuestras letras. La diminuta flecha envenenada de César Eduardo Carrión. Este ensayo es en torno a la poesía hermética de César Dávila Andrade. Todos los lectores ecuatorianos hemos escuchado o leído la obra de este poeta. El libro nos adentra de una manera minuciosa y profunda en la poesía de este escritor cuencano que es, sin duda, uno de los poetas ecuatorianos más importantes del siglo XX. La cinematografía de Augusto San Miguel por Wilma Granda. Este libro de ensayo y de investigación recopila cartas, testimonios y demás datos de este pionero del cine ecuatoriano llamado Augusto San Miguel que con su energía y creatividad sentó las bases del cine ecuatoriano que vendría después. Considero que este libro es importante no solo para los amantes del cine local o extranjero.
Novela: Pirata viejo de Santiago Páez. Es una divertida historia de un gigoló aristocrático y ya maduro (Félix Garzón y Polanco) que ha subsistido engañando a mujeres y sacándole las últimas monedas para su beneficio personal. Pero se da cuenta que a estas alturas de su vida, y ya un poco anciano y viendo que el cuerpo no desea más batallas; piensa y siente que se la tiene que jugar al todo o al nada y así se lanza al que sería su última gran empresa de seducción. Novela narrada con humor, ironía y mucha velocidad. Poso Wells de Gabriela Alemán. Esta escritora regresó a la novela con un libro que transcurre gran parte en Guayaquil en un lugar llamado Poso Wells. Novela escrita desde la imaginación más pura pero que se basa en ciertos lugares reales del Puerto Principal para contarnos historias de políticos, asesinatos y otras miserias. Otras dos novelas destacables son Jardín Capelo de Javier Vásconez y La guerra de la funeraria de Byron Rodríguez. Cuento: El lugar de las apariciones de Solange Rodríguez. Nos acaba de obsequiar su tercer libro de textos cortos, fragmentos de novelas, muestras de poesía. Con El lugar de las apariciones el lector se encontrará con narraciones ágiles, intensas y profundas. Solange Rodríguez con este libro se posesiona como una de las más talentosas jóvenes narradoras del país. El pan y la carne de Cristóbal Zapata. Cuatro relatos cotidianos donde el amor, el erotismo y las experiencias sexuales son las bases de cada historia. Y para finalizar deseo destacar los distintos libros de cuentos que han salido este año por parte de los Talleres del Banco Central. Hasta aquí llegó mi lista. Bienvenido año 2008.