martes, 26 de agosto de 2008

Leonardo Valencia ante el espejo o la libertad de la escritura


La Alianza Francesa, el grupo cultural Buseta de papel y Paradiso Editores, invitan a esta actividad que inicia la agenda en conmemoración de los 5 años de existencia de Buseta de papel.

Intervienen junto a Leonardo Valencia, el narrador Miguel Antonio Chávez, el poeta Augusto Rodríguez y el crítico Carlos Burgos.

Auditorio de la AFG (Hurtado y José Mascote) / Entrada libre

En el 2008 el grupo cultural Buseta de papel cumple cinco años de actividades. Sus integrantes han planeado una agenda diversa para celebrar (debates, lecturas, conversatorios y otras sorpresas), que desarrollarán en el resto del año.

Para comenzar han decidido introducirse en el mundo narrativo e imaginario de Leonardo Valencia, uno de los más importantes escritores ecuatorianos e hispanoamericanos de actualidad, dando otras miradas a sus obras: el libro de cuentos progresivo Luna nómada (1995, 1998, 2004, Paradiso Editores), la novela El Desterrado (2000), El libro flotante de Caytran Dolphin (2006, Paradiso Editores), así como a su reciente libro de ensayos El síndrome de Falcón (2008, Paradiso Editores).

lunes, 25 de agosto de 2008

Entrevista a Iván Oñate


“Mi corazón también pertenece a México”, afirma el escritor ecuatoriano Iván Oñate


Por Gregorio Martínez Moctezuma
Corresponsal Azteca 21
“Despertar en una tierra que ya no es nuestra. Un mundo que en nada se parece al de nuestra juventud”.
Iván Oñate, “El país de las tinieblas”, (Ediciones de Media Noche, Instituto Zacatecano de Cultura y Universidad Autónoma de Zacatecas, México, 2008).Ciudad de México. 1º de agosto de 2008.
Iván, ¿cuál es tu opinión sobre el festival en términos generales?
De lo mejor. La organización, impecable, y la atención y generosidad de su gente, imborrable. Fue alentador descubrir que en nuestro planeta todavía quedan jardines plenos de frescura, de sinceridad, de hermosura. Ésa es la sensación que me queda de San Luis Potosí y que guardaré eternamente.
Particularizando un poco, cuéntame, ¿qué te pareció conocer y tratar a José Emilio Pacheco, qué puedes comentar de su obra?
Cuando el maestro José Emilio Pacheco leía su discurso magistral, al recibir el “Premio al Mérito Literario”, advertí que hojeaba una pequeña libreta de cuero repujado que yo le había obsequiado unas horas antes. Al bajar del proscenio, el maestro me preguntó: “Oñate, ¿te fijaste en que usé tu libreta?”. Esta pequeñísima anécdota me basta para demostrar la generosidad, simpatía y humanidad de este gran poeta. También, en algún momento mientras conversábamos, de pronto, se puso de pie y se encaminó hacia la feria del libro que estaba en un salón contiguo y regresó con un ejemplar de “La fábula del tiempo”, su antología poética, que me dedicó. Un verdadero caballero. Es una lástima que estos encuentros duren tan poco. Pero queda el recuerdo, también inmejorable, que conservaré por siempre de José Emilio Pacheco. ¿Mi opinión sobre su obra? ¿Qué más puedo decir de alguien que, sin lugar a dudas, es el más grande de los poetas mexicanos vivos actualmente? Con el escritor y cineasta Pablo Cuvi, el domingo pasado leímos obra de José Emilio, te aseguro que había un aura muy bonita en el ambiente.
¿Y qué me cuentas de tu acercamiento con autores jóvenes u otros que no conocías?
El encuentro sirvió para descubrir a verdaderos valores de la poesía y de la narrativa mexicana actual. Me dio muchísimo gusto conocer autores de la importancia del maestro Armando Adame, Eudoro Fonseca, Francisco Hinojosa, Ana Clavel, Mario Alonso, Rocío González y, desde luego, a los valores jóvenes, como es el caso de Octavio César.
Sé que presentaste en varias ciudades “El país de las tinieblas”, háblame un poco de esas actividades y de la recepción que tuvo en aquéllas.
Auspiciada por la Universidad Autónoma de Zacatecas, el Instituto Zacatecano de Cultura “Ramón López Velarde” y Ediciones de Media Noche, que dirige Juan José Macías, tuve el honor de que apareciera mi libro de poesía “El país de las tinieblas”. No me cansaré de repetir que no fue una simple coincidencia que mi obra haya sido publicada en una ciudad fundada por un Oñate y después (como me hiciera ver el maestro Armando Adame) haya ocurrido el milagro de San Luis Potosí, que también fue fundada por otro Oñate, y finalmente presenté el libro en Monterrey, ciudad entrañable y generosa, donde tengo muchísimos amigos y donde la Universidad Autónoma de Nuevo León, en el año de 2006 brindó un homenaje a mi obra. Indiscutiblemente, mi corazón pertenece en gran parte a México.
Me gustaría que me dieras tu opinión sobre tu relación con la cultura mexicana, es decir, ¿cómo se dio, cómo se ha nutrido y cuál es el vínculo que tú vislumbras entre ésta y la ecuatoriana?
Precisamente el día de ayer, con el escritor Javier Vásconez, aceptábamos que, por el norte, Ecuador limita nada menos que con México. La niñez de mi generación le debe enormemente al cine mexicano. Todos nuestros mitos, toda nuestra ética y estética, toda nuestra sensualidad fue fundamentada en imágenes de Lilia Prado y Ana Bertha Lepe. La idea sobre el triunfo y el fracaso vino en imágenes en blanco y negro del cine mexicano. Nos otorgó por igual las imágenes y las lágrimas que tendría el dolor, nos dio la música y los cielos abiertos de la felicidad. Después, en la literatura, tenemos un paradigma insoslayable como Rulfo. Tan insoslayable que leyendo sus cuentos y su novela, de alguna forma, al adentrarnos en el campo mexicano, entendemos mejor el espíritu del campo ecuatoriano. Felizmente, ésa es la magia y enseñanza de la literatura. En el mundo de la juventud, teníamos que cantar algo parecido a Enrique Guzmán y vestir como César Costa para ser aceptado en el mundo. En definitiva, México está atado por mil razones con nuestra cultura ecuatoriana. Pero lo más grato fue encontrar que también nosotros los ecuatorianos, aunque sea de una manera mucho más modesta, también hemos hecho presencia en la cultura mexicana. Me refiero a Julio Jaramillo (que, por cierto, José Emilio conoce muy bien), a un gran amigo de México en Ecuador, como fue Benjamín Carrión, y actualmente me ha sorprendido gratamente el enorme cariño que tienen para Miguel Donoso Pareja.


Iván Oñate nació en Ambato, Ecuador, el 17 de marzo de 1948. Estudió en Quito, Argentina y España. Actualmente, es profesor de Semiótica y Literatura Hispanoamericana en la Universidad Central del Ecuador. Parte de su obra ha sido traducida al alemán, francés, inglés, portugués, griego, rumano e italiano. Krystyna Rodowska, traductora de Borges, Proust y Octavio Paz, tradujo su poesía al polaco. Fabienne Prat de la Sorbona de París tradujo al francés los cuentos de “El hacha enterrada” (1987). Está incluido en diversas antologías, tales como “Pasión de papel” (Páginas de Espuma, Madrid, España, 2007), junto a cuentistas como Mario Benedetti, Augusto Monterroso, Enrique Vila-Matas, Rodolfo Walsh, entre otros; “Anthologie de la littérature hispano-américaine du XXe siècle”, (Francia, 1993); “Erzählungen aus Spanisch Amerika” –Cuentos hispanoamericanos–, (Alemania,1992); “Antología de la poesía cósmica”, (México, 1996); “Antología básica del cuento ecuatoriano” (1998); “Poesía viva del Ecuador siglo XX” (1990); entre otras. Ha sido profesor invitado en universidades de Estados Unidos, Bélgica, Francia y México, y escritor invitado por la Westminster University (1997) y Kings College, de Londres. Entre sus libros destacan “Estadía poética” (Argentina, 1968); “En casa del ahorcado”, traducido al inglés por Steven White y al italiano por Walter Dusi (1977) y “La frontera” (Arquitrave, 2006). En octubre de 2006, la Facultad de Comunicación de la Universidad Autónoma de Nuevo León rindió homenaje a su carrera literaria. Además, ha participado en el “Encuentro de Poetas Iberoamericanos”, Londres, 1997, “Encuentro Internacional de Escritores”, Bogotá, 1999, y en la “Feria del Libro del Zócalo”, México, D.F., 2004, y “Feria Internacional del Libro”, Monterrey, Nuevo León, 2004, entre otros. En junio de 2008 participó en el Cuarto Festival Internacional “Letras en San Luis”, por el que se fraguó esta entrevista.

martes, 19 de agosto de 2008

El síndrome de Falcón llega a Guayaquil


Mañana, miércoles 20 de agosto, se presentará en Guayaquil el último libro de ensayos del escritor guayaquileño Leonardo Valencia denominado El síndrome de Falcón (2008, Paradiso Editores) en la librería Libri Mundi de San Marino a las 19:00. Hará la presentación el escritor y catedrático Joaquín Hernández Alvarado. En la contraportada de este libro podemos leer:

El síndrome de Falcón es una fiesta de la escritura y de la inteligencia. Los ensayos que lo conforman hacen honor al oficio de escritor como lo concibe Lezama Lima: “Que maneje fuerzas que lo arrebaten, que parezca que van a destruirlo. Que se apodere de ese reto y disuelva la resistencia. Que durante el día no tenga pasado y que por la noche sea milenario. Que le guste la granada que nunca ha probado y que le guste la guayaba que prueba todos los días”.

Con rigor no exento de humor e ironía, Leonardo Valencia entabla un diálogo frontal con la tradición literaria ecuatoriana expresada en obras canónicas de los sesenta como Entre la ira y la esperanza de Agustín Cueva. Valencia invita al lector a explorar e incorporar un legado literario universal, a través de textos que recorren la obra fundacional de Borges, Cortázar, Vargas Llosa, Vila-Matas, Aira, Juarroz y Ribeyro y, también las más distantes de Ishiguro, Lampedusa, Buzzati y Adonis, que Valencia convierte en cercanas y sugerentes.

En sus reflexiones finales, Valencia nos permite asomarnos a su “estudio” de escritor y participar en el descubrimiento y elaboración de su mundo narrativo. En suma, gracias a la intensidad de su escritura y a su lúcido sentido de la literatura, El síndrome de Falcón es una vía incomparable para aproximarse al fenómeno literario de la mano de uno de los más importantes escritores hispanoamericanos de hoy.

“Leonardo Valencia no es alguien que hable gratuitamente. Sabe lo que dice y por qué lo dice”.

Diego Oquendo, Voces en el papel

domingo, 17 de agosto de 2008

Rumor de Inventario de Fernando Iturburu se presentó en Guayaquil


El escritor, investigador, poeta y catedrático en Plattsburgh State University de Nueva York, el guayaquileño Fernando Iturburu, presentó el pasado miércoles en el CEN de Guayaquil, su antología personal Rumor de inventario (CEN, 2008) que reúne 30 años de su escritura. De este reciente libro hemos seleccionado tres textos de la última parte de esta antología que provienen del blog El pez que fuma. Esperamos que lo disfruten.

Fernando Pessoa, el maestro y sus lecciones

Leí a Pessoa al entrar a mis 20 años, sobre todo la antología de heterónimos que lanzó Alianza. Era un libro prestado y, como todo hombre joven, atesoraba la propiedad de los libros (años después Umberto Ecco dijo que la mejor biblioteca es la pública, porque pone a circular el saber). Por ello llegué a tener unos ejemplares que me trajeron de Brasil y de los cuales, creo, en el montón de libros que yacen arrumados en mi casa de Bellavista, ya no queda ninguno. En mi oficina en Plattsburgh me acompaña, sin embargo, una edición de Río de Janeiro: su poesía completa, impresa en papel Biblia. Fue, extrañamente, el único ejemplar que encontré en Porto (Portugal) en diciembre de 1991. Desde entonces, ese libro me ha acompañado siempre, junto a otros muy personales y de igual constitución poética.
Leer a Pessoa siempre es una delicia reveladora. Y siempre la lección es más contundente y las preguntas persisten: ¿Por qué debo escribir poesía si ya hay muchos poetas que han llegado a donde yo, muy posiblemente, nunca podría? ¿Porque lo que lo que cada uno dice es, aunque inferior poéticamente, el único camino para expresar lo que sentimos? ¿Y qué pública vanidad es esa, la de creer que lo que sentimos es importante, comunicable, publicable? ¿Quizá porque es una forma lógica y personal de abrirnos hacia el exterior? ¿Y esto lo hacemos porque nos creemos la gran cosa, o porque, en el fondo, hay un gran porcentaje de timidez y aún de cobardía para pelear la vida diariamente, y esa es la mejor manera de redimirnos frente a nosotros mismos y los demás? No lo sé.
Con todas las bondades para saturar el mundo de palabras y contenidos que tienen las lenguas, con todas las posibilidades que tienen los seres humanos para detallar su paso por el mundo en la poesía, llegar más allá de un Pessoa es, simplemente, imposible en una vida como la que llevo. Hay que tener talento, medios para hacerlo, tiempo, sobre todo tiempo para enmendar errores. Así, Pessoa va siendo como un referente para muchos porque venimos de muchos lados y tiempos, pero también una cima inalcanzable. A lo mejor, humildemente, hay que volver al principio que dice: "Haz sólo lo que mejor puedas hacer".
Hablar de su obra me cansa, tratar de articular lo que con tanta claridad dice Alberto Caeiro, es una ridiculez, una tomadura de pelo, para mí. Simple tautología. Es de Caeiro de quien tomé aquello de que "la poesía no tiene misterio" (para información de la señorita que me reclamó la cita porque, supone, la poesía es algo mágico y oscuro, metafísico).
Al mismo tiempo, y para volver a la contradicción que marco líneas arriba, en mis re-lecturas de Pessoa, que ocurren de manera no planificada, siento una necesidad de encontrar en otros autores algo que "al maestro" se le haya pasado por alto. Y, claro, veo que hay otros, dentro y fuera de la geografía nacional que lo intentan: un poema sobre un árbol de almendro y unos mendigos que cruzan hacia un parque, de Hernán Zúñiga, algunos poemas de Diego Velasco Andrade, unos versos de Eduardo Morán (caótico y desconcertante a veces), dos poemas del último Balseca. También los poemas de Vulgarín (nadie hablaba de él hasta hace muy pocos años, cuando se puso de moda nuevamente, aunque dudo mucho que lo hayan estudiado) y de Ledesma. Y Rumi, Rilke, Vallejo. Y basta, que la lista es muy larga.
Son tantos y tantos que me digo: Sólo un especialista, entrenado en tal cual autor durante años, tiene el derecho intelectual a hablar y escribir de ellos. Este es un entrenamiento que yo nunca he tenido para Pessoa, menos aún para escribir su biografía. Ahora que el mercado biografista se ha puesto de moda, y cada uno se tira por allí, a agarrar incautos y mover sus palancas para escribir sobre lo que no conocen, de pronto también aparece un biografista de Pessoa. No importa que no sea psicólogo, historiador o especialista, peor que no conozca su lengua. Nada de eso ya importa en la situación del mercado editorial. Pero mientras eso ocurre, sigamos nomás con los poemas del portugués, que a la postre es lo único que tiene sentido si se quiere mantener coherencia personal y profesionalismo intelectual.

Cómo escribir un poema hermético y ganar concursos

Fauna despreciada de los arreboles y las muertes
Suicidio y cadáver de la muchacha confundida
(es malvada, lo sabemos por las babas del diablo
aunque su forma despierta la ternura en la tormenta)
Pregón y hiena ocurriendo al mismo tiempo
Toma el libro sagrado, ábrelo, búscate en sus páginas
Y una vez cerrado
Arrójalo al abismo recordando la palabra secreta
Ya en la calle
Abierto al mundo a los cuerpos
Bebe de la flor del tamarindo
De los higos y el cactus solitario en la duna

Escribir estas líneas me ha tomado 3 minutos exactamente. Lo juro por quien sea. Simplemente traté de mantener un tono solemne, hacer referencias a lecturas de supuesto gran nivel, a los cuerpos y a determinados objetos que evoquen, de alguna manera, un misterio y algo concreto a la vez. También sostuve el tonito ese de sobrades, de querer ser al bacán de la película, el que sabe mucho, "la mamá de Tarzán" (o el "papá de Batman", como habría dicho Hugo Salazar Tamariz). 3 minutos. (¡Y dice Fabiola que el poemita no está nada mal!). Podría escribir más poemas así, en serie/o, pero ya lo hice a mis veinte años. Creo que a este tipo de poesía se la ha llamado "sobria" y se sigue escribiendo en Quito y Guayaquil, nada menos. Gran pérdida de tiempo, según yo. Hay, por suerte, unos jóvenes poetas que, sin poses, dan un nuevo discurso. Esos son los que van a hacer que la poesía ecuatoriana camine realmente, no los lamentables críticos, tan sectarios en sus gustos, tan alejados del tiempo presente que dan lástima.
¿Cómo ganar un concurso de poesía? Tomándose tres minutos para cada poema incomprensible, y amarrando el reparto con los miembros del jurado.

¿Cuándo debemos dejar de escribir?

Cuando no tengamos nada que decir o, lo que es igual, cuando lo que digamos sea igual o muy parecido a lo que hemos venido diciendo, cuando empecemos a repetirnos. Entrando a los 80, cuando Miguel Donoso Pareja formó un taller literario en Guayaquil, fue quizá la primera lección que debí aprender, aunque no siempre asumí como me habría gustado. En esos años me atrajo lo que podríamos llamar "hermetismo" y cuya tradición viene del conceptismo/culteranismo del Siglo de Oro español, pasa por el Simbolismo francés del siglo XIX, y nos llega a través de varios poetas de primera mitad del siglo XX. ¿Cómo, a fines de siglo XX, aún eso llamaba la atención en Guayaquil y un poco en Quito? Porque en una tierra con pocos lectores, con una tradición literaria muy débil o incipiente, es fácil escaparse al mundo de los libros y a un lenguaje que nadie habla, que no existe, y que pocas veces tiene sentido.
Así, muchos poemas de César Dávila, por ejemplo, a pesar de su gran intento de elucubración filosófica mezclada con imágenes amontonadas de tinte abstracto, tienen el mérito de la respuesta personal de un autor frente (o desde el) al lenguaje, pero no corresponden a coordenadas históricas o al ritmo literario social de América Latina (a lo mejor eso tampoco importa).
En mis lecturas de poetas como Dávila descubrí que yo no había inventado el agua tibia. Ante la favorable receptividad de ese discurso hermético, pronto otros miembros del taller se tiraron por el mismo lado. Donoso claramente advirtió que era necesario que cada uno buscara su propia voz. Pero más pudo el interés por el consenso favorable, el piropo, la adulación. Cuando me fui a Francia ya estaba cansado de eso (lo he dicho varias veces), y cuando regresé vi cómo el hermetismo había echado raíces en algunos poetas de Guayaquil, y veo que eso continúa siendo polo de atracción de otros casi tan viejos como yo, al menos en edad. Fin de la historia.
Dejé de escribir ese tipo de poesía porque empezaba a repetirme, y muy notoriamente. Fue muy difícil y me tomó mucho tiempo salir de esas limitantes. Entré a otro tipo de lenguaje (espero) pero hoy ya estoy más o menos saliendo de eso también (la que sería la onda epigramática satírica).
Creo que es muy peligroso para cualquier persona interesada en escribir, sentarse cómodamente y hacerlo en serie, escribir el mismo poema. Hay que ser Borges, o Cervantes para hacerlo, o quizá Bolaño. Pero como no soy uno de ellos, y no veo tampoco a muchos que lo sean, creo que es bueno dejar de escribir cuando uno se repite. Claro, si es que se tiene amor propio y verraquera, que es lo contrario de la comodidad y la autosatisfacción, tan común en las borracheras de poetas, esas que van de lisonja en lisonja, de ex-abrupto en ex-abrupto, o de discurso en discurso, de blog en blog. Conozco muy bien también ese mundo y sus resultados.

lunes, 11 de agosto de 2008

Presentación de nuevos libros ecuatorianos


El miércoles 13, a las 7:00, será el lanzamiento de Rumor de inventario, una antología de los 30 años de literatura, del escritor, poeta y catedrático guayaquileño Fernando Iturburu. Lugar: Centro Ecuatoriano Norteamericano, Luis Urdaneta 112 y Córdova.
El miércoles 20 a las 7.00 en la librería Libri Mundi de Guayaquil, se presentará el libro de ensayos El síndrome de Falcón del escritor guayaquileño Leonardo Valencia. Sin duda, son dos libros importantes para la literatura de este país.

viernes, 8 de agosto de 2008

Por fin: El futuro no es nuestro, antología de cuentistas latinoamericanos (1970-1980)



Hablando de antologías... luego de algunos cambios de fecha, por fin salió en Pie de Página, con el apoyo técnico de HermanoCerdo, la antología El futuro no es nuestro, compilado por el narrador peruano Diego Trelles Paz. Viene a recuerdo la compilación virtual que hiciera el año pasado la narradora chilena Claudia Apablaza para literaturas.com de Madrid, Álbum, 30 cuentistas hispanoamericanos.Trelles, cuyo cuento podemos leer en la antología, explica el porqué del título en su prólogo, "como respuesta a una serie de malentendidos asociados con la idea demagógica, pregonada y repetida cual eslogan hasta el hartazgo, de que el futuro les pertenece a los más jóvenes.
Aquella cantata mal disfrazada de sincera esperanza, suele encubrir y aspira a justificar un presente desolador: catastrófico en términos de equidad y justicia social, siniestro en materia de respeto a los derechos humanos, apocalíptico para la salud ecológica del planeta, cínico con los menos favorecidos por el fundamentalismo neoliberal del mercado".Continúa: "En una segunda acepción, El futuro no es nuestro se plantea como una respuesta anticipada a la pregunta sobre el porvenir literario que se convierte en asunto insoslayable llegado el momento de los recuentos y los relevos. En la breve e intensa historia de las antologías generacionales en Latinoamérica, la interrogante sobre el futuro ha prevalecido como columna vertebral del género"Para el narrador y crítico mexicano Naeif Yehya, "la tarea de hacer una antología de plumas jóvenes de todo un continente es obviamente compleja, indigesta e insalubre(...)
El futuro no es nuestro es un deleite por su diversidad y por sus propuestas desparpajadas que no buscan el cobijo de las viejas luminarias y santones latino americanos(...) Estos autores no tienen ya la obligación de romper con el realismo mágico, ni con el boom, ni con el crack ni con otros traumas literarios desechables. Parecería que el calentamiento global ha desquiciado hasta las corrientes literarias".En esta antología están publicados los cuentistas guayaquileños Eduardo Varas y Miguel Antonio Chávez.

Sin más preámbulos, he aquí los cuentos:


Tal vez 1600 AsasEunice Shade
Niños sandinistasRodrigo Peñalba
El gran caprichoArquímedes González
Al maestro con cariñoMaría Pérez Cuadra
Sifilíticos e integradosRoberto Martínez Bachrich
RéquiemSlavko Zupcic
Nunca te dejes montar la pata en la escuelaArmando Luigi Castañeda
Música incidentalJesús Nieves Montero
MenarquiasCarlos Villarino
Patán universalIgnacio Alcuri
La esclusaFernanda Trías
El incréduloGabriel Schutz
A la mesaInés Bortagaray
HallcriptónAriadna Vásquez
El jaguarRey Emmanuel Andújar
La galeríaJosé Pérez Reyes
El pasajero de al ladoSantiago Roncagliolo
Sección surrealista en el Harry Ransom CenterDiego Trelles Paz
SeltzCarlos Yushimito
La verdadera flor de ColeridgeMarco García Falcón
La modelo rusaSergio Galarza
Esto no es una pipa, MagritteSalvador Luis
El inventario de las navesAlexis Iparraguirre
El edificio de la calle Los PinosJeremías Gamboa
Manos dibujandoYolanda Arroyo Pizarro
Otra historia de gatosHugo Ríos
El escapistaCarlos Wynter Melo
La señora RojoAntonio Ortuño
Nuestro punkMariño González
Ningún rapto es pasajeroVivian Abenshushan
LuciérnagasAdolfo Vergara Trujillo
Ácido bóricoTryno Maldonado
22David Miklos
Mañana, después de todoEduardo Varas
Polvo de estrellaMiguel Antonio Chávez
Plegaria estéreoJavier Payeras
FabulariosRonald Flores
D-S156Maurice Echeverría
Los nombres del veranoWaldo Pérez Cino
El viejo, el asesino y yoEna Lucía Portela
Kamandil ViarkoAntonio Ungar
ViolaciónPilar Quintana
Semejante a la vidaRicardo Silva Romero
Portland on my mindJuan Carlos Rodríguez
Malvados rojosMargarita Posada Jaramillo
La hija del revisorCarolina Sanín
Zapato rotoNona Fernández S.
Silencios en la fiestaLuis Valenzuela Prado
Nueve fábulas automáticasCarlos Labbé
El cíclopeAlejandro Zambra
De mano en manoLina Meruane
MarejadaAndrea Jeftanovic
Revoluciones musicalesWilmer Urrelo Zárate
HermanosMaximiliano Barrientos
Sangre dulceGiovanna Rivero
ÁlbumRodrigo Hasbún
CaracasOliverio Coelho
La mujer que me gusta llega tarde a la playaGabriela Bejerman
La casa BenderGonzalo Garcés
El viajePatricio Pron
El aljibeMariana Enriquez
Cuento de navidadFederico Falco
AlumbramientoAndrés Neuman

viernes, 1 de agosto de 2008

Carolina Patiño, un año después


Hoy recordamos un año de la partida de nuestra amiga, la poeta Carolina Patiño. Qué mejor manera de hacerlo que con poesía. Rodrigo Carrasco, integrante de Buseta de papel, le dedicó este escrito. Los integrantes de la revista El Quirófano muestran su sentir a través de estas líneas del querido Rodo.
El péndulo más hermoso del mundo

Para Carolina, a un año de su partida
Hoy todo me parece gris
Tal vez no debí salir de la cama hoy,
Debe ser porque pensé otra vez en ti
Mientras tomaba una ducha.
Te volví a escuchar, más bien a sentir,
incluso olí tu perfume y defitivamente oí tu risa burlona.
Golpeabas la puerta , ya sabes cuánto lo odiaba,
la puerta del baño se abrió
Pero no había nadie cuando salí a verte.
De pronto mis muñecas lloraron lágrimas rojas
y recordé que por 20 minutos fuíste
el péndulo más hermoso del mundo
Y durante ese tiempotodo se congeló.
Las aves dejaron de volar
Los bebés dejaron de llorar,
Los Conejos saltaron al vacío
Los niños perdidos, por fin lloraron.
Las madres muertas tomaron
de la mano a sus hijas abandonadas.
Y desperté de este trance
Cuando abrí los ojos
Y un eclipse de dolor cambió mi vida para siempre
cuando te vi ahorcada, colgando de la lámpara
Desnuda y sola
Como me siento hoy sin ti.
Mis muñecas lloran lágrimas rojas
Y el dolor de mis heridas me limpia
Porque nada te cura mejor el dolor del alma
Que el dolor del cuerpo.
Y las cicatrices que quedan te recuerdan
Que no solo hay
sobrevivientes de accidentes aéreos
o de naufragios
Sino de personas que se fueron
Pero por siempre te marcaron.
RODO