martes, 29 de mayo de 2012

El libro púrpura de Augusto Rodríguez


Por Luis Alberto Bravo


Imaginemos un libro. Mediano, de menos de cien páginas, bonita edición. Por lo mediano, digamos que es un libro de 21X12 centímetros (un poco más un poco menos). Digamos que tiene unas 84 páginas. Ahora imaginemos que el libro se divide en tres partes, en tres capítulos, en tres cuentos. A ratos creemos que los tres cuentos están relacionados, a ratos no, pero esa es otra historia.

El libro Del otro lado de la ventana, (Ediciones Altazor, 2011) de Augusto Rodríguez, representa su estreno en la narrativa literaria. La característica más importante de las tres historias que componen este libro, es que están atravesadas por el tema de la muerte. Además de esta, otra constante temática son las relaciones de parejas; sus conflictos y sus formas de relacionarse. Los registros narrativos de cada uno de los relatos son muy marcados; cada uno tiene su propia naturaleza (alguno más quieto, alguno más alternativo), pero todos acusan la técnica con la que fueron desarrollados; dejando (para el lector) implícitas relaciones entre ellos. Podríamos juzgar su estructura como un juego de cajas chinas (técnica literaria más marcada entre el primer y el segundo relato, este último llamado La llaga; aunque el tercero (La fiesta) bien podría ser la versión de vida de una de las hipotéticas parejas, que viven en la residencial: que existe en La piscina, el primer cuento del libro). Es decir, si nos quedamos con esta versión, tenemos una novela corta.

La piscina, La llaga, La fiesta: los componentes del libro Del otro lado de la ventana. La vida, la enfermedad, la filosofía, están representados en ese orden. Y el desarrollo de cada uno de ellos: la interacción social, el padecimiento de la enfermedad, la percepción de los sentidos, están contenidos en las situaciones, en aquel mapa sentimental que es el libro. Ignoro si de manera consciente o inconsciente, lo que sí es un hecho, es que para el autor, la muerte está representada en su libro con el color púrpura: el hombre jubilado flotando muerto en la piscina; Juan ensangrentado en la carretera; y Manuel mirando al mar “como quien mira a un monstruo marino”. ¿Un molusco gasterópodo? ¿Por qué no? No es coincidencia todo esto, cuando advertimos que el color púrpura era extraído de los murex (molusco gasterópodo). Es decir, el dato simbólico del libro de Rodríguez está atravesado por un delgadísimo río color púrpura. En síntesis, Del otro lado de la ventana es un libro que empieza con una piscina y termina en el mar.


El libro huele bien. Sabe bien. Mi mano en este momento pasa sus páginas. Lo puedo ver. Únicamente no lo puedo escuchar. Una lástima que no pueda escuchar el murmullo coral de los habitantes de La piscina, que si no, el relato es un compendio de unas hipotéticas personas, viviendo sus hipotéticas vidas y sufriendo hipotéticas situaciones. No puedo escuchar el choque de los carros, y la rotura de la columna vertebral de Juan. No puedo escuchar el sonido de Manuel resbalándose y golpeándose la cabeza en la bañera.

Las principales diferencias entre los tres cuentos, es su tratamiento. La piscina, está narrada en una inusual cuarta persona. El lector asiste a un concierto, donde percibimos la voz del autor, confundida con la voz del narrador de la historia; y lo acompañamos a su invención (a nuestra invención). Además de esto, el autor elabora un humor o una tragedia exclusiva para cada uno de ellos, por ejemplo, la llamada Tercera Guerra Mundial, solo se entiende en el origen y en la resolución de La piscina; no encuentra asidero en los otros dos cuentos. Rodríguez además, dota de “autonomía” a sus personajes. Y de esa manera, uno de ellos, "le ayuda a escribir parte de su libro". Pienso que la seducción natural del primer cuento, se instala desde el mismo título, desde meditar lo que connota el escenario: una piscina; es decir, la sintetización del mar. Un espacio creado por el burgués para uso exclusivo (y de los suyos); pero que entra en conflicto cuando se vuelve algo comunitario. Algo de la naturaleza que Rodríguez expone aquí, se percibe en aquel maravilloso cuento El patio común de la narradora y performer estadounidense Miranda July; en ese cuento, en cambio, el espacio verde era el conflicto, la intersección del espacio que ocupaban los personajes. 







Si la estructura en cada uno de los tres cuentos es consistente, de algo que sí adolecen es de estar habitados por ciertos tópicos (“ese amor que fluye por las venas”, “lagunas del dolor”, etc). Asperezas que bien lo pudo solucionar un editor más advertido. Quizás el autor lo pudo solucionar con sus dosis de poesía, y códigos de aquel género (campo mejor conocido por él), y que de ese modo, dio imágenes como esta en La fiesta: “Su padre era un problema no resuelto en su vida. (…) Un libro sin hojas en la mitad. (…) Un abrazo de pájaros invisibles.” Es decir, aporta en narrativa lo que ya muchos narradores quisieran inyectar en el paisaje escritural de sus cuentos y novelas. Un comentario, los diálogos son muy resueltos, creíbles, sí, pero muy breves. Me hubiera gustado percibir un desarrollo de “como hablan sus personajes”.




Por influencias, no sé si el autor esté consciente de lo que percibí: Los recursos desarrollados en el cuento La piscina, me recordaron a Georges Perec y al Italo Calvino de Los amores difíciles. A parte de una escena que se desarrolla en este cuento, que es exacto a uno clave en el filme La mujer infiel de Claude Chabrol. Película que Rodríguez no conocía previamente. Es decir, un caso básico de serendipia. Al igual que los personajes de Raymond Carver, en La piscina, alguien recibe en su sala a un extraño, o lo invita a beber algo. La primera idea de La llaga, la relaciono con la persona de un familiar del autor; ello me impide a percibir otras literaturas. Por el último cuento del libro diré esto: si pudiéramos trazar una línea entre algún episodio comestible que hay en Ayer de Juan Emar hacia Intimidad de Hanif Kureishi, esa sería La fiesta, ni tan extraña como algún producto del primero, ni tan certera en lo reflexivo de los desencantos de la madurez y en las dificultades de vida en pareja, del segundo.


Buen inicio de Augusto Rodríguez en la narrativa literaria del país. No se podía esperar menos de un libro que empieza con una piscina y termina en el mar.






* El libro Del otro lado de la ventana, obtuvo el Premio Nacional Joaquín Gallegos Lara, del año 2011, en la categoría cuento.


** Luis Alberto Bravo (Milagro, 1979). Escritor ecuatoriano. Ganador del Concurso de poesía y cuento Lenguaraz 2009 (México). Ha publicado Antropología Pop (Para árboles epilépticos) (Universidad de Cuenca, 2010);  Utolands (Editorial Lenguaraz, México D.F, 2010). Cuentos para hacer dormir a una niña punk (Ediciones Arlequín, de Guadalajara, México, 2010); Las ardillas del Orden Enano (Editorial El Quirófano, 2011). Ha sido incluido en distintas antologías como 4m3r1c4 (Ventana Abierta Ediciones, Santiago de Chile, 2010; Cajita de música, Poetas de España y América del siglo XXI (AEP, Madrid, España, 2011). Hallucinated Horse: New Latin American Poets (Edicion bilingüe) (Editado y traducido por la poeta portorriqueña Nicole Cecilia Delgado y el editor inglés Thomas Slingsby) Editorial Pighog Press, Inglaterra. Textos suyos han sido traducidos al inglés y al francés. Apareció en la antología Imaginarios (Traducción a cargo de Alice Ingold) y en la primera antología de poesía ecuatoriana en edición bilingüe español-francés Apartar lo blanco de la luz / Séparer le blanc de la lumière traducida al francés por Rémy Durand, Anne-Marie Durand-Kennett y Gabrielle Lécrivain. Considerado por la Feria Internacional del Libro de Guadalajara de 2011, como uno de 'Los 25 secretos literarios de Latinoamérica.