sábado, 16 de marzo de 2013

El libro de la enfermedad de Augusto Rodríguez



El libro de la enfermedad. Ediciones Vitruvio. Colección Baños del Carmen, número 358. Madrid, España. Es el nuevo libro del poeta, editor y escritor ecuatoriano Augusto Rodríguez (Guayaquil, Ecuador, 1979), su libro se publica en el mes de marzo del 2013 junto a un impresionante catálogo de la mejor poesía en español. Nombres sobran: Pere Gimferrer, Luis Cernuda, Juan Luis Panero, José Ángel Valente, José Manuel Caballero Bonald, Federico García Lorca, León Felipe, entre otros. El libro de la enfermedad es una muestra poética de los libros El beso de los dementes, La enfermedad invisible, El libro del cáncer y Voy hacia mi cuerpo. Sobre la poesía de Augusto Rodríguez se ha dicho:


Eludir el lugar común y buscar la carne metafísica del hueso, patentizar no el dolor sino el pensamiento, la reflexión y el juego estético que surge del dolor en un proceso consciente de construcción, son algunos de los elementos con que Augusto Rodríguez erige su proyecto: una poesía fina y penetrante como una aguja de acero, una poesía cuya extensión es máxima como el concepto de ser pero cuya intensidad, paradójica, extraña, se concentra en un punto de belleza singular insoslayable.

Rafael Courtoisie

Augusto Rodríguez escribe con rabia e ironiza con dolor. Nutriéndose de un escepticismo no por radical menos romántico, cada poema de este libro es una respiración ansiosa, un animal contradictorio.

Andrés Neuman


Barridas por los fogonazos de las imágenes, las palabras que baraja en su despeñadero Augusto Rodríguez nunca llegan a posarse en el suelo. Hay un tono encendido. Hay algo arrasador en la secuencia de visiones. Hay vehemencia y lenguaje de riesgo -elementos infrecuentes en la poesía de hoy-  en esta poesía cruzada por el relampagueo de las visiones.

Jorge Boccanera

Augusto Rodríguez exige que su lector, el lector de poesía que se le entregue, se implique de la misma forma que él lo hace, con todas las consecuencias. En tiempos de tanto arte desechable, tanta literatura placentera o espejo de vidas anodinas, Augusto Rodríguez se aleja radicalmente de todo eso y busca, procura otros caminos, y sobre todo, toma un nuevo lenguaje, el suyo, su propia voz.

Rodolfo Häsler

He leído los últimos libros de Augusto Rodríguez. Me parecen tan diferentes a otros autores de su generación… que me permití sugerir la inclusión de su nombre en una antología de poesía ecuatoriana que se publicará en el extranjero…
 
Jorge Enrique Adoum


La enfermedad invisible no huele a gangrena, huele a sexo de palabra, y el espacio (la ciudad) no huele a ciudad sino a axila de poeta. Autófago de su propia memoria poblada de cuchillos, el poeta nos hace  transitar a pie el círculo que escribe a mano. En la ruta hallamos huesos duros de roer, una serie de jabs de izquierda y de derecha, como ramalazos de boxeador, no para cerrarnos sino para abrirnos los ojos y dejarnos ver lo que no se puede ver, porque los árboles nos tapan el bosque. En La enfermedad invisible, su último compendio de poemas, Augusto Rodríguez rebasa todas las expectativas abiertas por sus libros precedentes. Rodríguez funda paradójicamente con este libro la salud de la literatura y de la poesía.

Ramiro Oviedo

miércoles, 13 de marzo de 2013

Novedades literarias de El Quirófano Ediciones



A fines del 2012, El Quirófano Ediciones publicó una breve antología poética Cuando todos se vayan del poeta chileno Jorge Teillier, una antología poética Donde termina la vanidad de estudiantes del colegio Domingo Comín, Campos de ciudad de la poeta chilena Marcela Saldaño y Ana Frank no puede ver la luna del poeta español Pablo Méndez. Ya circulan hace semanas cuatro libros más: El blues de la pequeña naranja del escritor ecuatoriano Luis Alberto Bravo, Narcisismos distantes (poemas de carne y hueso) y Sólo la herida. Veinte poetas colombianos selección del poeta colombiano Fernando Vargas Valencia y Sicarii de la poeta mexicana Esther M. García. Pronto más novedades. Cualquier duda o interés por nuestros libros escribir a: revistaelquirofano@hotmail.com


viernes, 1 de marzo de 2013

Mi patria es la irrealidad de Augusto Rodríguez



La poesía es un cáncer hermoso de Augusto Rodríguez



Por José Kozer



La intensidad expresiva sostiene todo el andamiaje de Mi patria es la irrealidad de Augusto Rodríguez. La sostiene contrapunteando Muerte y Poesía, dos figuras sólidas camino de la descomposición: la sostiene desde la visión del moribundo en su lecho de muerte, y la presencia de la poesía, nunca ajena a la Muerte, como paliativo de lo irremediable y lo efímero que es la vida: paliativo que se sabe inútil, y de ahí la desolación que los poemas en prosa de Augusto Rodríguez comunican al lector.
Sagaz, valiente, el poeta penetra las vísceras, tiembla pero no teme enfermedad y Muerte: ve desbaratarse el cuerpo, incapaz de asirse a nada, pues no hay nada a que asirse. En su temblor va dejando la huella, el rastro poético de un dolor, de una estratagema (que es la propia poesía) hecha para enfrentar la muerte.
El moribundo se sabe futuro de muerte, y sabe desde el horror y el desmembramiento de vísceras y carne y huesos que también “el lenguaje es una muerte fragmentada” y que tras sajar, no hay cortar por lo sano, porque ya lo sano está invadido por la Muerte: el resultado es ese sentimiento de desolación e irrealidad que todo el libro de Augusto Rodríguez canta, cuenta y cuestiona, penetrando, compenetrándose, sin desistir por un solo momento de su intensidad de expresión.
Así, el moribundo avanza renglón a renglón, texto a texto, a su irremediable destino de muerte, tal y como la poesía, intento de salvación, avanza letra a letra, a su propio despeñamiento, un despeñamiento que convierte la poesía en “un cáncer hermoso”, en esa flor del vértigo de muerte que en última instancia Augusto Rodríguez rescata para la vida, desde un rigor poético, y a través de una obra abierta, en el rigor mismo del inminente rigor mortis.