lunes, 28 de mayo de 2007

EL REGGAE: ORÍGENES DE UNA PASIÓN CARIBEÑA


Música de Jamaica. Del Caribe. De los ghettos londinenses. Es el canto del regreso al África, a las raíces perdidas. Aquí está su verdadera historia.

Por Freddy Russo

La palabra reggae parece provenir del término raggamufin, que significa desarrapados, desposeídos o simplemente, en lengua cafre, reggae. El grupo Los Maytals, con la canción “Do the Raggay” (Haz el Raggay) se adjudica la invención del nombre reggae. Pero más allá de la polémica etimológica, la evolución de la estructura musical del reggae comienza a plasmarse en los años 40, cuando la influencia de la música afroamericana se hizo sentir en Jamaica. El blues, el boggie woogie y, sobre todo, el rythm & blues, encontraron en el jamaiquino una identidad de ritmo, de sangre y de raza. Toda aquella música negra se escuchaba en radios, sitios públicos y emisoras sintonizadas en onda corta desde los estados del sur de Norteamérica. La primera fusión de esta música negra con la percusión jamaiquina y el mento o ritmo de calipso de Trinidad, fue el ska. Cantantes y músicos jóvenes como Don Drummond, Prince Buster, Owen Grey, Alton Ellis y Jimmy Cliff, provenientes de las barriadas pobres de Kingston, hicieron las primeras grabaciones basadas en composiciones de inspiración filosófica rastafari, cuyo mensaje contenía parte de la doctrina para la liberación de Marcus Garvey. (El término rastafari procede de Ras Tafari, nombre del ex emperador de Etiopía, Haile Selassie, antes de su coronación en 1930, y constituye un fenómeno político, musical y religioso a la vez, inspirado por Garvey, fundador de la Asociación Universal para el Mejoramiento de los Negros, UNIA, por sus siglas en inglés). El primer grupo en grabar fue “Los Skatalites”, liderado por el trombonista Don Drummond, conocido popularmente como “El Santo” –primer Mesías de la música de la isla y muerto en la cárcel por asesinar a su mujer-. El tema “Independence Ska” traía un ritmo invertido, lánguido y armonioso, muy afín con el momento político de Jamaica, que iba a proclamar su independencia de Inglaterra en 1962. En los años 60 el ska hizo vibrar la isla con el golpeteo lento y profundo del bajo. Era como un llamado de tambor africano para despertar a sus hermanos de raza a la rebelión. Pero fueron los ambiciosos empresarios Ken Khouri, Eddie Seaga, y especialmente Clement Dodd –que habían asumido el monopolio de la producción de discos-, quienes reclutaron a buscavidas, trapicheros, trovadores y fumones de los ghettos de Kingston, para formar numerosos conjuntos como los Dragoniers, los Hep Tones, los Burning Spear, los Blues Busters y muchos más, que empezaron a hacer una música suave, plácida y paradisíaca, sin estridencias ni lamentaciones, capaz de transportar al turista anglo-americano al mundo cálido, agradable y relajado del Caribe. Temas como “Desayuno en la cama”, “Tu amor es maravilloso” y “La isla del sol” de los Dragoniers, grabados en la “Onda Jamaicana”, fueron los primeros éxitos comerciales, complacientes y serviles. “Las Noches de los Campeones” (sitio nocturno de diversión para turistas) fue el centro magnético que reunía a una docena de grupos skatalitas. La gran estrella del ska fue el rastafari Jimmy Cliff, bajado de las colinas de la bahía de Montego. Cliff pasó su juventud deambulando por los hoteles de Kingston, hasta que un día tuvo suerte: encontró por casualidad un “padrino” que lo apoyó para grabar su primera canción triunfal, “Hurricane Hattie”, dejando atrás a sus competidores, como el cantante chino Leslie Kong, e incluso a su seguidor, el joven Bob Marley, que andaba buscando un estilo propio. Después de filmar su explosiva película autobiográfica “The Harder”, Cliff fue conocido en toda la isla por su fuerte denuncia contra empresarios blancos que oprimían y explotaban a cientos de músicos jóvenes. El tema “Caiga quien caiga”: “Me dicen que tengo un pastel en el cielo / esperándome cuando muera /. Pero entre el día que naces y mueres / ellos no parecen oír tus lamentos...” echó fuego contra la “Onda Jamaicana”, convirtiéndose en una especie de himno de los oprimidos, rastas y skatalitas. Esta canción desató una serie de prohibiciones, persecuciones y asesinatos, por lo que Jimmy Cliff tuvo que abandonar Jamaica en 1973, dejando una estela de sentimiento de rebelión, libertad y amor. Bob Marley y la fiebre del reggae Bob Marley, nacido en el pueblito de Saint Ann en fecha imprecisa del año 1945, fue hijo de un oficial del ejército británico que sólo vio al pequeño dos veces en su vida. Su madre, una mujer negra que cantaba en la playa con las olas, le entonaba canciones de cuna mientras le acariciaba las sortijas de su cabello lunar. De chico, Bob sintonizaba las emisoras de Nueva Orleáns y escuchaba a Brook Benton, Chuck Berry, Fats Domino, Elvis Presley y al pianista de jazz Nat King Cole. Pero quedó impresionado por los cantantes jamaiquinos Desmond Dekker y Jimmy Cliff, que influyeron decisivamente en él. El maestro Joe Higgs completó su formación, ayudándole incluso a arreglar y producir sus primeros discos. Fue después de escuchar a Ray Charles, y sobre todo a Los Drifters, que decidió conformar un grupo vocal más grande que el que tenía, integrado por dos coristas de ébano, Beverly y Cherry, acompañadas por el guitarrista Peter Tosh y los percusionistas Bubby Livinston y Junior Braithwaite. Ahora incluyó, además, a los hermanos Barrett, Carly en la batería y Aston en el bajo. Esto le dio una fuerza mágica. La fusión del ska con los “realets” o coro femenino –herencia del soul-, una guitarra de rock y el ritmo de calipso de la isla de Trinidad, resultó la amalgama perfecta que Bob Marley impuso como patrón para hacer buen reggae. Para los rastafari, en cambio, el reggae es la mezcla del dios Jah, el ghetto, el sufrimiento, la “hierba”, el destino común, la verdad y el ritmo. Los Wailing Wailers (“Los Chicos Duros del Quejido”) se convirtieron entonces en el mejor grupo vocal de Jamaica, sin subestimar a buenos competidores como los Toots & Maytals. A partir de aquella fusión, la fama de Bob Marley creció inmensamente a pesar de las diversas prisiones temporales que sufrió por adicción y posesión de droga. Por el año 1975, el semanario musical británico Melody Maker –de mayor venta en el mundo-, le dedicó la portada y un reportaje donde lo presentaban como una superestrella. Marley con los Wailers grabó más de doce volúmenes de larga duración, entre los cuales se destacan “Rasta Revolution” (1974), “Exodus” (1077) y “Uprising” (1980), considerados clásicos dentro de la música reggae y pop en general. Marley nunca desligó su música de la política de su país y de su raza. Temas como “Yo disparé al sheriff”, “África Unida”, “Natty Dread” y “Comeciante de esclavos” revelan un pensamiento rastafari y contestatario en contra de la política racista de los blancos gobernantes de su isla. Marley decía: “Nunca dejes que un político te haga un favor. Lo que ellos quieren es tenerte controlado”. Su adhesión a la causa independentista de –en aquel entonces- la nueva nación africana de Zimbabwe, fue muy notable cuando apareció en un concierto en vivo para celebrar el nacimiento de esa nueva república. Los numerosos festivales, viajes y conciertos en Londres, Oslo, Bruselas, Boston, Estocolmo, Paris, Nueva York y otras ciudades del mundo, fueron minando sus fuerzas. Un cáncer incurable afectó definitivamente su salud. Después de un concierto en el Madison Square Garden de Nueva York, Bob sufrió un fulminante colapso y urgentemente fue internado en un hospital. Dos meses más tarde, el 11 de mayo de 1981, ese cafre con luz de estrella polar que había nacido en un lupanar de Jamaica, moría dejando un ritmo vivo, excitante y sensual. En el funeral de Bob, la música de un piano, un saxo y un coro de corazones femeninos desnudaban el alma de cuanto negro había venido a despedirle, a darle las gracias por haberles ayudado a padecer la vida con ritmo.

4 comentarios:

Autómata dijo...

..tengo amigos a los que les fascina el reggae, tal vez porque los acompañaba en sus letargos herbales además del ritmo y mensaje, a medida que fuí creciendo le cogí gusto al reggae de Marley y algunos otros exponentes, de todos modos no soy fanático y leer este artículo me resultó bastante instructivo. No he tenido la oportunidad de comprar algún ejemplar de su revista, deberían poner acá en el blog el precio, tiraje, donde encontrarla y demás datos que seguramente servirán de mucho para quienes se enganchen por el blog. Saludos

El quirófano dijo...

Autómata:

Gracias por tu comentario, estamos trabajando para equipar lo mejor posible este blog. El precio es de un dólar. Tiraje de 1000 a 2000 ejemplares, depende de muchos factores, va variando el tiraje. Se vende en las librerías Científica, la del Policentro y la librería del Malecón...está por salir el tercer número.

saludos,
Augusto Rodíguez
Editor

Autómata dijo...

gracias por el dato, la verdad que no sabía donde encontrarla... una pregunta ¿tienen algún correo electrónico al que pueda comunicarme directamente?, necesito preguntarles algo.

Eduardo Vélez (Autómata)

El quirófano dijo...

Autómata:

revistaelquirofano@hotmail.com


saludos,
Augusto Rodríguez
Editor