sábado, 26 de diciembre de 2009

Poesía ecuatoriana: de Dávila Andrade a nuestros días


Por iniciativa del poeta y ensayista Xavier Oquendo Troncoso y gracias a sus buenos oficios, inciamos aquí un acercamiento con la tradición poética ecuatoriana, tan rica, tan fecunda en el concierto latinoamericano. Iniciamos con este ensayo del propio Oquendo sobre la poesía ecuatoriana de la segunda mitad del siglo XX.


DE DÁVILA ANDRADE A NUESTROS DÍAS

1918 es el año de nacimiento de César Dávila Andrade. En 1945 publica Canción a Teresita[i], su primer gran poema. En 1946 ve la luz Espacio me has vencido, su primer libro de poemas. En 1959 gana el segundo premio[ii] “Ismael Pérez Pazmiño” de Diario “El Universo”, con su más emblemático poema “Boletín y Elegía de las Mitas”. Para 1967, el año de su suicidio, el poeta ha publicado dos libros emblemáticos de cuentos y cuatro poemarios. Nuestra poesía se contemporiza a partir de su nombre, de su figura, de su herencia.

Antes de él, nuestro enorme poeta Jorge Carrera Andrade (Quito, 1903-1978) dejó escrito el nombre de nuestra patria en los anales de la poesía. Carrera fue nuestro “rey Midas”, nuestro “Neruda local”. Nuestra bandera, con él, enarbolaba en las más altas cumbres de la poesía. En París, su nombre sonaba junto a los grandes poetas del mundo, con envidiable brillo. Él fue la posta de nuestro lenguaje lírico contemporáneo.

Época de definiciones para el poeta Carrera y para su compañero generacional Gonzalo Escudero (Quito, 1903-1971), fiel servidor de la métrica más aguda y sonora de la lírica hispana, del soneto endecasílabo, del alejandrino, en fiel copia del original: Garcilazo de la Vega. Escudero nos dio la gloria de la rima: el hallazgo de contemporizar la forma, luego de que nuestros modernistas le dieron muerte sacrosanta con su propio dolor y su propia juventud.

Y falta citar a Alfredo Gangotena (Quito, 1904-1944). Muchos ecuatorianos lo consideran la panacea de la literatura ecuatoriana. Gangotena es el más francés de los poetas latinoamericanos. Ha sido traducido a su idioma madre, pero siempre conservará una sensibilidad distinta. Es el más barroco y surrealista de todos nuestros grandes vanguardistas. Amigo de los grandes poetas franceses de su época, su sensibilidad no está para ser nuestra “cédula de identidad”. Es una relación muy lejana a nuestro sentir. Él vivió lo que vivió y no nos queda juzgar su “identidad nacional” en su poesía. Considero que su mito como “grande” ha estado un poco ligado a la exageración debido a su engrandecimiento por el hecho de haber sido considerado el poeta de la “exquisitez”.

Dávila es el poeta mayor de la contemporaneidad, y eso que nuestros modernistas “decapitados”[iii] (sobre todo Medardo Ángel Silva -Guayaquil, 1898-1969-, con alma nacional; y Ernesto Noboa y Caamaño -Guayaquil, 1891-1927-, con el corazón francés y la dolencia altiva de los malditos) y los prevanguardistas (Hugo Mayo[iv] –Manta, 1897-1988-, vanguardista adelantado-, Miguel Ángel Zambrano (Riobamba, 1898-1969- y Miguel Ángel León –Riobamba, 1900-1942-) dieron un sostenido golpe oficial con el que la poesía ecuatoriana ya no iba a dormir.

Es Dávila nuestro gran poeta contemporáneo, pese a que guardo gran fe por una voz femenina invalorable aún en nuestras miopías: Aurora Estrada y Ayala (Puebloviejo, 1901-1967).

Dávila es nuestro poeta continental, pese a esos post vanguardistas estupendos (Jorge Reyes –Quito, 1905-1977-, Augusto Sacoto Arias –Azogues, 1907-1979-, Ignacio Lasso –Quito, 1911-1943- y José Alfredo Llerena –Guayaquil, 1912-1977), que están perdidos en el limbo del olvido.

Considero que su muerte no fue tan prematura para la calidad de su obra, como sí lo fue la muerte de cada uno de los poetas de la “generación decapitada”. Dávila supo asumir los registros de su poesía en los diferentes patrones temáticos. Desde los poemas descriptivos, en donde se deja notar una dosis de modernismo enriquecido con la novedad de la imagen resplandeciente (Carta a una colegiala, por ejemplo), pasando por el formalismo métrico donde la sinestesia, en todas sus formas, se deja notar pletórica de audacia (Canción a Teresita) junto con el trabajo fonético de la lengua. Un maestro para asumir una caprichosa melopea y un inalterable concepto lingüístico. Pocos poetas de la patria lo han asumido así (antes de él, tal vez, solamente, el gran José Joaquín de Olmedo). Sus registros continúan brillando con el esplendor de sus imágenes surrealistas, en mezcla con un misticismo personal (Oda al arquitecto), hasta llegar a un cripticismo resplandeciente en figuras retóricas y literarias, atravesando los lagos imperiosos de la poesía social y su emblemático Boletín y elegía de la mitas, enorme canto sinfónico, donde la música, el trabajo métrico y el ritmo se mezclan muy bien con el trabajo formal y conceptual. Poeta realmente abarcador.

Es Dávila quien funda la poesía moderna en el país. Carrera inicia el viaje por una vanguardia de ojos abiertos. Como dice Jorge Enrique Adoum, Carrera es el único poeta que no podría escribir siendo ciego[v], porque nos presenta la naturaleza, asume la patria desde la concepción naturalista, desde su geografía. Recordemos el modernismo temprano de Martí y fijémonos en la presentación de él y su patria: Yo soy un hombre sincero/ de donde crece la palma...[vi] En Carrera hay todavía una temática ortodoxa para la época, frente a la figura siempre adelantada del Dávila que canta descriptivamente la realidad real y la realidad que se adeuda. Carrera hizo lo que tenía que hacer, escribir sobre lo que no se había escrito a fondo aunque suene irónico: su país, mirarlo hasta sacar de él su “País secreto” (en otros países, esta labor ya la habían hecho en el modernismo).

Dávila es figura clave para entender que, con su poética, exportamos nuevos temas al mundo. De allí que, como dice el refrán no popular: si César Dávila hubiese llegado a París, habría llegado lejos. Y llegó a Caracas donde tanto lo admiran y lo quieren. Estoy seguro que en este siglo se lo descubrirá como el gran poeta y entonces el mundo sabrá de este ecuatoriano universal.

Ecuador es país de poetas, de cuentistas y de pintores. Lo ha dicho la historia, aunque no la historia universal, ni la continental, ni siquiera la sudamericana. Ecuador pasa a ser un punto neurálgico a partir de la poesía de Dávila.

La lista de los grandes poetas del Ecuador, después de las figuras paternales de la patria (Carrera, Escudero y Gangotena) y de los otros poetas que están en las postrimerías del canon: Mayo, Zambrano, León, Estrada y Ayala, es grande. Al mando de Dávila se funda el grupo “Madrugada”, un grupo que tiene a algunos nombres de varias ciudades de la patria. Nombres claves de los últimos patriarcas de nuestra poesía: Enrique Noboa Arízaga (Cuenca, 1922-2002), Hugo Salazar Tamariz (Cuenca, 1923-1999), Edgar Ramírez Estrada (Guayaquil, 1923-2001), Rafael Díaz Icaza (Guayaquil, 1925), Eugenio Moreno Heredia (Cuenca, 1925-1997), Jorge Enrique Adoum (Ambato, 1926-2009), Efraín Jara Idrovo (Cuenca, 1926) y Jacinto Cordero Espinosa (Cuenca, 1926), todos poetas notables.

De este grupo, junto con Dávila (el mayor en edad de la “promoción”), todos despuntaron hacia el nuevo discurso, ligados, como tenía que ser, por el lazo de la poesía social y vanguardista, (con Neruda a la cabeza).

Un gran trabajo con el lenguaje (Adoum) y un gran trabajo con la forma (Jara) fue lo que llevó a estos dos grandes nombres hacia la punta de su generación. Adoum es el responsable de la poesía más certeramente vanguardista de su generación en cuanto al trabajo morfológico y semántico. Aunque para la crítica miope su “culpa” a flor de piel es haber sido secretario de Pablo Neruda y, por lo tanto, y con razón justa, haberse sumergido en su “universo” hasta tratar de hallar en él la sombra de un Canto general[vii] con sus Cuadernos de la tierra[viii], con los cuales consiguió el reconocimiento internacional cuando ganó el Primer Premio “Casa de las Américas” en Cuba (1960) con Dios trajo la sombra, el tercer cuaderno. Hermosos textos históricos, irónicos (una de sus claves más imperiosas) y repletos de esa “cultísima” aplicación semántica de la utilización infalible de la regla lingüística que el mismo texto-poeta se encargará de romper. Hasta llegar limpio, sin esa “estructuración” al estupendo El Amor desenterrado (1993), el texto que quedará por siempre, como un clásico de la poesía, por haber llegado hondo a las más desconocidas fauces del amor y la muerte. Un texto poético imprescindible.

Jara Idrovo es el poeta de la forma y del rigor. Sus poemas, muchos de ellos “renegados” y “relegados” por él mismo, se agrupan en un solo tomo[ix] en donde recoge lo mejor de su obra. Lo demás pretende lanzarlo al olvido. Queda intacto, para siempre, su Sollozo por Pedro Jara (1978), hermoso y torrencial texto que gira alrededor de una elegía pausada, tristísima y firme por su gran fuerza “repensada” al no caer, de ninguna manera, en las garras del “desgarramiento sentimental”, sino que, más bien, brilla por su estructura formal y por su elasticidad a la hora de asumirlo como una lectura múltiple (poema dividido en cinco partes). El poema puede leerse de innumerables formas de arriba a abajo o viceversa, de una serie a otra, combinando con el número de versos –ya que todo el poema está numerado-. Poema móvil, único en su especie. Hace falta que América y el mundo se entere de este texto que evidencia que el Ecuador, con este poema, podría ser reinscrito en la poesía más importante de nuestra lengua.

Otra pléyade hermana aparecerá en el tiempo. Un nuevo grupo generacional se abrirá en corola para transparentar el poema de la patria. Francisco Tobar García (Quito, 1928-1997), Filoteo Samaniego (Quito, 1928), Manuel Zavala Ruiz (Riobamba, 1928), Francisco Granizo Ribadeneira (Quito, 1928-2009) y Alfonso Barrera Valverde (Ambato, 1929). De los cinco citados tal vez sea Tobar García el que mayormente despuntó en la nueva vanguardia, mientras que Zavala Ruiz sea el que le dé un toque de humor y desfachatez a la poesía formal del soneto endecasílabo y Granizo Ribadeneira sea el poeta total que junta las dos barreras del poema: fondo y forma, hasta volverlo fuerte en sus dos flancos. Tobar es brillante a la hora de expresar. Su poesía es lo que llamaríamos “expresiva” total, sin darle más vueltas al término. Una poesía que dice, que no se queda frenada en la expresión estática, sino que se inscribe en versos largos formando un cúmulo frenético, un discurso enaltecedor. Poeta enorme, Tobar, un poco traspapelado por el hecho de haber sido uno de los pocos dramaturgos del país, por lo que siempre la literatura pedagógica lo clasifica en la dramaturgia, dejando a un lado su enorme poesía. No es una poesía del silencio, es más bien una poesía que bulle, que suena, que verbaliza. Sus poemarios Ebrio de eternidad[x] y La luz labrada[xi] se han vuelto lectura de culto para muchos poetas actuales.

Zavala Ruiz, a mi juicio, es en cambio el poeta que transgrede el patrón anacrónico de la imagen y el verso clásico hasta volverlo original. Aunque pueda sonar, en primeras lecturas, a modernista del preciosismo Rubendariano, Zavala utiliza algo singular en nuestra poesía: el humor, algo que se desliga de la moda actual (y eterna) de que el poeta tiene que caer en el dolor. Además estoy convencido de que el humor es una forma de dolencia. Y en Zavala Ruiz se nota claramente. Su gran poesía (que cabe en un libro de 200 páginas)[xii] es realmente de antología toda ella. Son poemas trabajados como joyas, entidades únicas e indiscutibles para entender la herencia renovada del siglo de oro.

Granizo trabaja en el mismo patrón. Como lo haría antes Enrique Noboa Arízaga, uno de los grandes referentes de Granizo[xiii]. Sus sonetos son equilibrados con una rima que no endulza sino que se enfrenta a la palabra desde el concepto: poesía conceptual, ligada a un barroquismo riquísimo que se ensimisma en la rima perfecta de una octava real, de una décima. Esta generación fue la que aportó mayormente a la forma clásica en el siglo XX. Granizo llega hasta la médula del poema cuando trabaja el texto Muerte y caza de la madre (1978): desacralizador, duro, de voz poética doliente y de infinita parsimonia. Su poesía alcanzó la prosa y consiguió con ello la única novela ecuatoriana a la cual considero poesía de verdad: La piscina[xiv], texto enorme en donde la poesía se vuelve, en desmedido canto, una prosa que no resuelve, ni cuenta, sino que expresa. Dualidad compleja entre el poema y la prosa.

Corresponde ahora pasar revista por la generación de los 60s. Generación pletórica. Repleta de grandes nombres. Figuras estelares de nuestra poesía. Concepción nueva, ruptura de los cánones formales. Desestructurización de las temáticas. Poetas que ven pasar las revoluciones, los acontecimientos irrestrictos de una modernidad tecnologizante. Allí están y siguen estando, ahítos de poesía en la contienda: Carlos Eduardo Jaramillo (Loja, 1932), Eduardo Villacís Meythaler (Quito, 1932), Ileana Espinel (Guayaquil, 1933-2002), Rodrigo Pesantez Rodas (Cañar, 1937), David Ledesma Vásquez (Guayaquil, 1934-1961), Euler Granda (Riobamba, 1935), Fernando Cazón Vera (Quito, 1935), Rubén Astudillo y Astudillo (Cuenca, 1938-2003), Carlos Manuel Arízaga (Cañar, 1938), Ulises Estrella (Quito, 1939), Ana María Iza (Quito, 1941), Antonio Preciado (Esmeraldas, 1941), Simón Zavala Guzmán (Guayaquil, 1943), Violeta Luna (Guayaquil, 1943) y Victoria Tobar (Ambato, 1943).

En este tiempo hace falta dejar a un lado para analizarlo en solitario al gran aporte de la mujer poeta: Espinel, Iza y Luna. Y, por otro lado, el enorme y sostenido aporte de todos los poetas varones citados. Todos. Jaramillo, por ejemplo, poeta desacralizador, variopinta su obra con connotaciones mitológicas y sostenido vuelo indagador en la filosofía y en la imaginería del dolor humano. Llega a la descripción titubeante y pretextual con hondas manifestaciones existenciales, se aúpa en el dolor y consigue entablar relación con sus contemporáneos. Cabe aquí pasar revista por Hugo Mayo, poeta de adelantada vanguardia, no reconocido en su tiempo y vuelto a ver solo como poeta diferente. Él aplicó los más altos remitidos de la vanguardia europea y latinoamericana, alejándose de su contexto y generación. Los poetas de los años 60s recuperan a Mayo y lo vuelven tótem de la imaginería nueva. Jaramillo busca en la cotidianidad esa imaginación tajante que enriquece la poesía de esta generación.

Euler Granda es el poeta del lugar común, siempre tan rehuido por los poetas. Granda hace de su discurso la bandera total de la anti poesía. Viene a ser nuestro Nicanor Parra[xv]. Consigue una propuesta coloquial, un primer urbanismo poético. Esto será el argumento para que en las siguientes generaciones se bifurque la poesía por esos lares conversacionales, anticonvencionales y “antiestéticos”, rompiendo el canon absurdo de lo convencionalmente bello.

Fernando Cazón Vera juega con el humor y con la estructura formal con absoluta soltura. Poeta de voluminosa obra. Deja antecedentes al haber logrado desmitificar la historia con su poesía. Poeta temprano y estupendo siempre. Ha logrado, en su tiempo, reafirmar a la forma clásica y regresar con el mismo peso al verso libre.

Rubén Astudillo es el poeta desacralizador del tema místico. Su obra voluminosa y pareja permite entender una escritura preocupada por la forma desde una perspectiva que relaciona el capricho del pie quebrado en los versos y la intencionalidad de darle al ritmo del poema un tono distinto al convencional. La línea como un verso con sentido ya no existe en Astudillo. Y el tema de Dios es figura fundamental en su obra. En el erotismo consigue uno de los libros más extraordinarios del país: Las elegías de la carne (1971). Su trabajo oficial como embajador lo llevó a China donde asistió a la última parte de su vida y su discurso. Allá cambió su sensibilidad ligada a comprender el espíritu de la gente desde la filosofía del lenguaje y desde la imprecación a lo mítico y religioso, hasta llegar a lo contemplativo. Hermosos poemas donde se hace referencia a la perfección del movimiento de la naturaleza. Astudillo es un poeta diferente a todos los de su generación. Una voz suprema en la poesía de la patria.

Con Antonio Preciado, el ritmo y el elemento histórico, así como las referencias a la negritud forman el equilibrado discurso de su poesía, repleta de símbolos de enorme connotación social.

En Rodrigo Pesántez Rodas está el humor y la forma. Algunos de nuestros mejores poetas han ligado siempre métrica endecasílaba, estrofas formales y chanza irónica. En Pesántez se ve un recorrido donde el mismo patrón incurre en la alegoría del divertimento poético hasta la más exagerada hondura de un poema aprostrófico o de amor repleto de infinita ternura.

Tal vez sea David Ledesma el poeta que en los últimos años ha cobrado absoluta validez en su poesía porque muchos guetos y círculos de autores jóvenes lo han leído con fruición hasta considerarlo autor de culto. Como él, aún quedan poetas en el limbo, el caso de Jacinto Santos Verduga (Bahía de Caráquez, 1944-1967), estupendo poeta manabita de su misma generación, suicida, como él y de gran aliento vanguardista, al que habrá que recuperar con rapidez por el bien de nuestra lírica.

Ledesma es un poeta genuino para su generación, absolutamente claro, límpido y fortalecido por el amparo de un acercamiento evidente hacia lo mitológico. Asumiendo la cotidianidad y la voz del “yo”, como el verdadero referente del mensaje medular de la poesía. Grande nuestro poeta, aunque trunco en su discurso, por su muerte prematura.

Y las mujeres: Ileana Espinel, probablemente es la matriarca de la poesía ecuatoriana. Nace luego de la gran herencia que nos dejó Dolores Veintimilla, Mary Coryle y Aurora Estrada. Ileana es una poeta metida en el cultismo de la vanguardia de la época. Lo más sorprendente de su lírica (parca y firme, pareja y sostenida) es la especie de leitmotiv que trabaja con base en la poética de la enfermedad. Toma como referencia a una voz poética enferma que lucha consigo misma y con la filosofía: Dios, la sociedad, los afectos, los desafectos, llegando a hacer poemas de exquisita versatilidad y hasta de un gran sentido del humor.

Ana María Iza es poeta de ruptura. Me encanta su conexión con la cotidianidad, su adhesión a la vida real, su mínimo mundo fabulado y su filosofía del dolor aplicada a sus afectos, repleta de connotaciones irónicas, de salvas de infinita ternura y de antisolemnidad. Gran poeta que nos deja una obra en donde triunfa un ritmo peculiar y único. Una interiorización del ritmo de una poeta toda intuitiva, que descubre la poesía en su música interior. Y la suaviza con el humor.

Violeta Luna es más cerebral. Pero igual de dolorida. Un dolor que se aleja de lo convencional, porque es un dolor que triunfa en la alegoría de la palabra. Es decir que la palabra salva la temática simple, hasta darle enorme figuración vanguardista. Luna e Iza rompen con todo lo convencional. Vuelven a los poemas femeninos armas de renovado encanto. Ya se acabaron, con ellas, los poemas monótonos de las rosas, las malvas y los alelíes, ya no hay más poemas encubiertos a la madre única, al fiel esposo y a la virgen. La temática social de estas dos poetas se manifiesta en la compleja ruptura. Luna, con cierta vinculación hacia la más desgarradora Juana de Ibarbourou[xvi]; e Iza hacia un desorden de las cosas. Poetas que no tienen nada de “poetisas”.

Aquí cabría hablar sobre los “Tzántzicos”[xvii]. En sus inicios, su posición intransigente frente a todo lo establecido, su parricidio escandaloso y actitudinal, lo llevan a convertir su trabajo en un “gesto”, como bien diría Hernán Rodríguez Castelo: lo válido es el gesto[xviii]. Como grupo poético muy poco aportó su poesía. El trabajo en soledad de algunos de ellos los hizo entes poéticos validos en la poesía. A parte de Ulises Estrella y Humberto Vinueza, habría que nombrar a Rafael Larrea (Quito, 1943) y Raúl Arias (Quito, 1944).

El siguiente grupo generacional viene de la mano de los años 70s. Julio Pazos (Baños, 1944), Humberto Vinueza (Guayaquil, 1944), Bruno Sáenz (Quito, 1944), Fernando Artieda (Guayaquil, 1945), Hugo Jaramillo (Quito, 1945), Fernando Nieto Cadena (Guayaquil, 1947), Sonia Manzano (Guayaquil, 1947), Alexis Naranjo (Quito, 1947), Iván Oñate (Ambato, 1948), Iván Carvajal (San Gabriel, 1948), Javier Ponce (Quito, 1948) y Sara Vanegas (Cuenca, 1950).

De esta camada nacen los poetas experimentales desde el rigor de la lengua, desde la adaptación de un discurso vinculado con la contemplación y la poesía. Dejan a un lado el discurso “urgente” y se dedican a explorar por las lindes simultáneas de un discurso más conceptual frente a un compromiso vital del poeta con la palabra, con la lengua. Veríamos que la acepción del poeta Valery frente a que la poesía no se hace con buenas intenciones, sino con palabras, supo asumirlo muy bien la generación del 70.

Julio Pazos es poeta de sagas. Sus libros se acogen casi siempre a macro temas. En muchos casos puede parecer que sus textos están amparados por otros textos que parecen andamios del discurso principal. Sus libros, casi todos cuidados íntegramente con el cincel del rigor, han sido aceptados por la crítica de buena manera. Sus poemarios a manera de series: Levantamiento del país con textos libres -1982-, (Premio “Casa de las Américas”), Oficios (1984), Mujeres (1988), se sostienen como libro completo, es decir es el poema libro, el conjunto está armado de esa manera.

Fernando Artieda y Nieto son poetas que trabajan con el tema del argot frente a la socio-geografía de la Patria. Nos presentan una poesía conversacional, sugestiva en alusiones lingüísticas, en transcripciones orales y en giros idiomáticos de carácter popular que vuelven a la poesía absolutamente ligada a la gente común. Un gran trabajo con el idioma (más en Nieto que en Artieda) y un indiscutible rigor frente al ritmo y a las novedades, hacen que su discurso se vuelva absolutamente comunicable a los lectores comunes (más Artieda que Nieto).

Sonia Manzano es poeta de duras ironías y recónditas alusiones de carácter social e individual. Poesía que desenmascara absolutamente el molde femenino hasta alcanzar posturas cercanas al humor, cargadas de fantásticas imágenes absurdas que conllevan a los más extraordinarios poemas. Sin tener un ritmo formal, sino más bien una forma arrítmica en sus poemas, Manzano es un caso verdaderamente importante en nuestras letras, porque su trabajo es sostenido tanto en la forma, como en el discurso de fondo.

Naranjo, Oñate, Carvajal y Ponce forman una especie de grupo de “Cuatro mosqueteros”[xix] de la generación del 70.

Carvajal es el poeta filósofo que ha venido trabajando una poesía conceptual hasta volverla entidad críptica. Poeta sostenido, riguroso hasta la mínima expresión, justifica su verso y sabe que él está solo para esa “inmensa minoría” de la que hablaba Juan Ramón Jiménez. Ha trabajado bajo este concepto estupendas piezas de erotismo (Los amantes de Sumpa -1984- y En los labios la celada -1996-) así como poemas de exquisito valor intelectual y fonético. Oscuro y parco, su poesía ha servido para muchos poetas de las nuevas hornadas como punto de referencia para su escritura. De allí que muchos de los nuevos poetas no tienen aun un estilo definido, porque la figura de Carvajal es muy “pesada” para algunos de los “novísimos” tan “refinados” y “exquisitos”.

De los cuatro, el menos “abigarrado” a la “exquisitez” es Oñate. Este es un poeta que se trabaja a fondo. Su poesía está conformada por cantos de verdadero impacto conceptual, pero que no llegan a caer en la oscuridad de los significados. Apasionado compulsivo, obsesivo y de gran acervo semántico, Oñate es gran figura de nuestras letras, por ese giro hacia un concepto menos álgido.

Javier Ponce es un poeta de experimentos aunque siento que cuando menos experimentos realiza, su poesía es más sostenida en la emoción, en el desgarramiento. Su libro Afuera es la noche (2000) es una sinfonía de verdad, en mezcla con la mejor poesía: figuras anchas, gran versatilidad a la hora de enfrentar su texto con las sinestesias. Sus libros experimentales se quedan en eso. Aunque son buenos, no llegan a sedimentar un nuevo discurso. Por ejemplo Los códices de Lorenzo Trinidad (1986) es un poemario remordido en su misma complicación. Ponce es un poeta estupendo en la libertad del concepto (la primera persona, siempre con otro nombre) y un poeta de grandes minorías en su experimentación con el lenguaje.

Naranjo era lo que podríamos llamar “barroco”, sin embargo en su poemario Sacra -2005- (poemario laureado en un concurso no municipal, pero sí espeso[xx]), utilizando la base temática del erotismo y el patrón de la poesía breve, logró salir de ese espeso bosque conceptual y se reafirmo poeta comunicante y comunicable.

Por último Sara Vanegas, la poeta de los “micro poemas”, que no son haikus ni “microgramas”[xxi], sino entidades individuales que brillan por rítmicos y conceptuales, al igual que un poema de largo aliento. Su obra completa hasta la fecha, es una muestra de que su estilo ha sido definidor y verdadero. Una poesía dictada por la contemplación y la visión oriental de encontrar en las imágenes reales y poéticas de la voz lírica el concepto vital y filosófico de la palabra.

Un siguiente grupo de poetas aparecerá en la década de los ochenta. Época de los talleres literarios y los “grupos”, reunidos alrededor de los mismos sueños, las mismas aspiraciones, los mismos recursos para matar la “vieja poesía” y “salirse con las suyas”. De esta camada salen muchos de los mejores talleristas de Miguel Donoso Pareja –Guayaquil, 1931-[xxii] (poeta él, y de verdad importante, más importante, a mí juicio, como poeta que como narrador. Y mucho más como poeta que como crítico). Los mejores poetas de esta época nacieron en Guayaquil (con estos nombres se podría hablar de un segundo grupo de Guayaquil):

Maritza Cino (1957), Jorge Martillo (1957), Carmen Váscones (1958), Fernando Balseca (1959), Fernando Itúrburu (1959) y Mario Campaña (1959),

Los nacidos en Quito:

Rocío Durán-Barba (1956), Fabián Guerrero Obando (1959), Edwin Madrid (1961), Margarita Lazo (1962) y María Fernanda Espinoza (1964),

Así como los nacidos en otras ciudades del país: Catalina Sojos (Cuenca, 1951), Alfonso Chávez Jara (Riobamba, 1956-1992), Edgar Alan García (Guayaquil-Esmeraldas, 1958), Pablo Yépez Maldonado (Ibarra, 1958), Roy Sigüenza (Portovelo, 1958), Vicente Robalino (Ibarra, 1961) y Galo Torres (Cuenca, 1962).

Los guayaquileños de esta generación son mucho más potentes que los serranos. Ellos, y las mujeres. Es la época donde se destapa la olla de grillos en las nuevas temáticas femeninas, sobretodo en el erotismo.

Es importante analizar la madurez lírica de Catalina Sojos, una voz ya hecha, ya asumida, ya consolidada; la postura sensual-sexual en los poemas de Cino, que ahora han volcado en reflexiones caústicas de gran nivel; o la filosofía desatada en poética de la muerte y de lo femenino en Carmen Váscones, o la descripción sugestiva de Espinoza, o las imágenes repletas de naturalismo actual en Laso. Hay mucho juego con la historia y un trabajo en la llamada poesía urbana (Madrid), y también mucho decantamiento en el verso desnudo, en la precisión, en la concisión, en la nueva estructura de la brevedad y la levedad con la “poética del silencio”: (Guerrero, Sigüenza, Robalino y Torres); pero los discursos más importantes son los de Sigüenza, Martillo y Campaña, con sus libros rodeados de temperamento sostenido en la creación de voces poéticas y nuevas sensibilidades expuestas en largos discursos. Hay también mucha ironía, mucha hilaridad a la hora de hablar de la patria, de los convencionalismos, con lo establecido, con la ley, con el poder. Y hay mucho compromiso dual: por un lado, un renovado compromiso con la palabra, frente a otro renovado compromiso con lo social. O mejor, con el desencanto de lo social.

El último grupo de poetas de la revisión serían los que cierran el siglo XX y comienzan la madurez en el XXI. Poetas nacidos entre 1965 y 1980 y de quienes me ocupe ampliamente en mi antología “Ciudad en verso” –Antología de nuevos poetas ecuatorianos- (Quito, 2002; Loja, 2003).

De los 27 nombres que integran la antología, debería mencionar los nombres más representativos e importantes e incluir otros.

César Molina (Cañar, 1965), Cristóbal Zapata (Cuenca, 1968), Marcelo Báez Meza (Guayaquil, 1969), Luis Carlos Mussó (Guayaquil, 1970), Pedro Gil (Manta, 1970), Marialuz Albuja (Quito, 1972), Ana Cecilia Blum (Guayaquil, 1972), Julia Erazo Delgado (Quito, 1972), Carlos Garzón (Quito, 1972), Franklin Ordóñez (Loja, 1972), Aleyda Quevedo (Quito, 1972), Ángel Emilio Hidalgo (Guayaquil, 1973), Alfonso Espinosa (Quito, 1974) y María de los Ángeles Martínez (Cuenca, 1980).

Abría que añadir a esta lista a Paúl Puma –el que escribe Felipe Huamán Poma de Ayala[xxiii], únicamente ese libro- (Quito, 1975), Carlos Vallejo (Quito, 1973), Ernesto Carrión (Guayaquil, 1976) y Augusto Rodríguez (Guayaquil, 1979).

Este grupo generacional no cree en el parricidio literario, y no concibe el problema desde la idea de “matar al padre”, porque siente que sus antecesores son “hermanos mayores” o “amigos” y no padres de nadie. Son escritores que no dependen de un discurso colectivo o social, sino que, más bien, hablan de sus circunstancias individuales. Asientan todo su conocimiento y su función creativa a la ciudad. Ya no hay literatura bucólica. Prefieren referirse a lo universal que quedarse en los problemas locales. La literatura de este tiempo permite la intertextualidad y la multiplicidad en todos los géneros, es decir que gracias a los conocimientos a través del Internet, de la televisión, de la tecnología, la nueva literatura escribe en base a muchos conocimientos extraídos de otros libros y otras ideas.

El escritor actual suele ser buen recreador de mitos contemporáneos o antiguos. El lenguaje, sobretodo en la poesía, suele ser llena de interpretaciones y de imágenes herméticas o difíciles. Es una literatura sería, aunque se da mucho el sentido del humor o la ironía con gracia. Son escritores obsesionados por su oficio por lo que convierten al “oficio de escribir” en un tema de su literatura.

Ya está en escena un nuevo grupo de poetas. Ya están enseñando la bufanda de su poesía. Pero para hablar de ellos hay que esperar unos años, hasta que el tiempo decida, por ellos, entregarnos sus mejores perlas, ahora las cocinan y siento que hay éxito.

Ni más ni menos.


Quito, 24 de Febrero del 2009


[i] Este poema aparece junto con “Carta a la madre” y “Oda al arquitecto” en los cuadernos de poesía “Madrugada”.

[ii] El primer premio lo ganó el poeta cuencano Hugo Salazar Tamariz

[iii] Fue Raúl Andrade quien en su ensayo “Retablo de una generación decapitada” puso, para siempre el sugestivo nombre con que conoce a nuestros modernistas más importantes.

[iv] Su nombre verdadero es Miguel Augusto Egas, hermano de un poeta modernista: José María Egas.

[v] Revista Eskeletra No. 8. Entrevista a Jorge Enrique Adoum: “yo no soy padre de nadie”. Mayo de 1998.

[vi] Del libro Versos Sencillos.

[vii] Famoso libro de Neruda

[viii] Saga importante de cuatro libros de poemas de Adoum

[ix] “El mundo de las evidencias” (Libresa, Colección “Crónica de sueños” (1998).

[x][x] Banco Central, Quito, 1991.

[xi] Colección de Escritores ecuatorianos, CCE, Guayaquil, 1996.

[xii] Poesía junta No. 5, Manuel Zabala Ruiz. CCE (Quito, 2007)

[xiii] En el bellísimo prólogo del libro “Del hombre maravilloso” de Enrique Noboa Arízaga (1985) escrito por Granizo titulado “Agonía, muerte, inmortalidad en la poesía de Enrique Noboa Arízaga” se puede notar claramente su admiración hacia él.

[xiv] Casa de la Cultura Ecuatoriana, Quito, 2001.

[xv] Poeta chileno nacido en 1914. Publicó en 1954 el poemario “poemas y antipoemas”, el mismo que lo vivió popular por su gran audacia al recurrir a palabras y formas supuestamente “anti poéticas”.

[xvi] Poeta uruguaya de gran fama. Llamada realmente Juana Fernández Morales (1892-1979)

[xvii] Viene de la palabra “tzantza”, que es una cabeza de un enemigo reducida y momificada por algunas comunidades indígenas del Oriente ecuatoriano. Por lo tanto los tzántzicos eran los “reductores de cabeza” de las generaciones que los antecedían.

[xviii] Lírica ecuatoriana del Siglo XX (Poesía ecuatoriana 1). Colección Bicentenario, Quito, 2008.

[xix] Haciendo una analogía con cuatro pintores importantes del Ecuador: Iza, Jácome, Román y Unda

[xx] Premio Lira de Oro en el Primer certamen de poesía hispanoamericana, Cuenca, 2007.

[xxi] Libro de Jorge Carrera Andrade publicado en 1940. Está conformado por mínimos poemas (de tres líneas por lo general).

[xxii] Donoso ha publicado en poesía Los invencibles (1961); Primera canción del exiliado (1964), Cantos para celebrar una muerte (1977) y Última canción del exiliado (1994).

[xxiii] Premio Aurelio Espinosa Pólit, Quito, 2002.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Se viene el II Festival de Poesía Joven Ileana Espinel Cedeño 2009


Se viene el II Festival de Poesía Joven Ileana Espinel Cedeño 2009...ya daremos más detalles...organiza el grupo cultural Buseta de papel y la CCNG.

jueves, 22 de octubre de 2009

Conversatorio y lectura poética con el poeta español Gabriel Torres Chalk


El viernes 23 de octubre, se realizará un conversatorio y lectura poética con el poeta español Gabriel Torres Chalk en el Auditorio "Grupo de Guayaquil" de la Casa de la Cultura, Núcleo del Guayas. Dirigirá el conversatorio el poeta guayaquileño Augusto Rodríguez. Entrada libre. 19:00.

Gabriel Torres Chalk (1968) es doctor en filología por la Universidad de Valencia y profesor de literatura en el centro asociado de la UNED en Baleares. Es Master en Gestión Cultural por la Universidad de Alcalá de Henares. Es experto universitario en la enseñanza de lenguas por la UNED. Ha escrito numerosos libros, como Robert Lowell: la mirada de Aquiles (2005), que recientemente ha ganado el premio Javier Coy de Estudios Norteamericanos concedido por la SAAS. Ha sido el encargado de ediciones sobre la obra de Shakespeare para la Editorial Cátedra como Antonio y Cleopatra o Coriolano. Ha escrito múltiples artículos y realizado conferencias sobre la literatura de diferentes países y escritores como Alcides Arguedas, Raúl Zurita, Juan Gelman, Gastón Baquero, Juan Carlos Onetti, Herman Melville, John Berryman, Langston Hughes, Ted Roethke, Ramon Guthrie, Samuel Beckett, etc. Ha estudiado en diversas universidades como Valencia, Sheffield, Lovaina, Caen, y Leiden. Es autor de Mallku (2007), una mirada estética sobre el altiplano boliviano. Es director de las jornadas internacionales de literatura que llevan por nombre "Ibiza, Puerto Mediterráneo del Libro", celebradas anualmente.

miércoles, 21 de octubre de 2009

Una antología necesaria pero incompleta


Por Alexis Cuzme

La última vez que vi a Carolina Patiño fue a inicios del 2007, en Guayaquil, su ciudad. Meses después un amigo cercano a ella me escribiría al messenger que justo ese día y en esos instantes se realizaba su funeral. No le creí, el tipo era un bromista al que no debía creérsele nada. Me despegué de la computadora y corrí a las cabinas telefónicas más cercanas. Augusto Rodríguez, su novio, me confirmó lo peor.

Dos años han pasado desde este trágico suceso. Dos años en que la obra de Carolina se ha difundido en más espacios dentro y fuera de Ecuador. Te Suicida (2008), su libro póstumo confirmaba -junto a su primera obra Atrapada en las costillas de Adán (2006)-la intensidad de su poesía.

Ahora me encuentro con esta Antología poética (CCE, 2009) que no le hace justicia a toda su obra: primero porque está incompleta y segundo porque se debió incluir un estudio exclusivo (sí, Fernando Nieto Cadena es, además de un poeta original, un crítico excelente, pero hubiera sido interesante conocer otras lecturas). Entiendo que el propósito de Augusto, como responsable de esta edición, es la de acercar la totalidad de la poética de Carolina a cuantos más lectores se pueda, perdurarla en la memoria de quienes la conocimos y de quienes no.

Como lector seguidor de la obra de Carolina esperé una antología más profunda en su concepto analítico (sin duda las colecciones de Antares me han mal acostumbrado) y más humana (acercándonos a la autora, a su vida, conflictividades emocionales claves en su obra, etc.). Esperemos en algún momento encontrarnos con esa ANTOLOGÍA para bien de las nuevas generaciones de lectores que deberán, obligadamente, conocer a esta importante poeta de nuestro país.

sábado, 17 de octubre de 2009

El poeta ecuatoriano Edwin Madrid participará en el Segundo Festival Internacional de Poesía Santo Domingo 2009


El poeta ecuatoriano Edwin Madrid participará en el Segundo Festival Internacional de Poesía Santo Domingo 2009.

Santo Domingo, D. N.-La Secretaría de Estado de Cultura auspiciará la celebración del Segundo Festival Internacional de Poesía Santo Domingo 2009, bajo el lema “Palabras en el tiempo”, con la participación de más de 30 destacadas figuras de la poesía de España, Italia, Estados Unidos y Latinoamérica, en una serie de jornadas que se iniciarán el 21 de octubre, “Día Nacional del Poeta”, fecha en que se conmemora el natalicio de la poetisa dominicana Salomé Ureña de Henríquez, y concluirán el 25 de ese mismo mes.

El anuncio fue hecho por el Secretario de Estado de Cultura, José Rafael Lantigua, en el marco de un cóctel ofrecido a personalidades de la literatura y la cultura, así como a miembros de la prensa del país, en el Salón de los Espejos del Palacio de Bellas Artes de la ciudad capital, el lunes 14 de septiembre. El secretario de Cultura presentó a los integrantes del Comité Organizador del evento, encabezados por José Mármol, como presidente; Mateo Morrison, como Director Ejecutivo, y como miembros los poetas Soledad Álvarez, Ángela Hernández, Basilio Belliard, León Félix Batista y Plinio Chahín.

Lantigua destacó que esta segunda edición del Festival Internacional de Poesía Santo Domingo 2009 está dedicada a resaltar, nacional e internacionalmente, la obra del poeta dominicano Domingo Moreno Jimenes (1894-1986), figura emblemática del movimiento poético postumista, así como a estimular el reencuentro de la poesía con el público, difundir la relación entre poesía y participación democrática, y promover la importancia de la lectura y la escritura creativas en los distintos niveles de la educación formal de nuestro país.

Entre las relevantes personalidades poéticas de España, Italia, Estados Unidos y Latinoamérica que se darán cita entre el 21 y el 25 de octubre próximo en el marco de este festival figuran, de España, Antonio Gamoneda (Premio Cervantes 2006, galardón reconocido como el Premio Nobel de la lengua española) y Ana Rossetti; de México, Eduardo Langagne y Mario Bojórquez; de Chile, Jaime Quezada; de Argentina, Jorge Boccanera; de Ecuador, Edwin Madrid; de Nicaragua, Francisco de Asís; de Venezuela, Rafael Cadenas, Yolanda Pantín y María Auxiliadora Álvarez; de Uruguay, Eduardo Espina y Alfredo Fressia; de Colombia, Álvaro Miranda; de Perú, Enrique Verástegui; de Brasil, Thiago de Melo, Horacio Costa y Claudio Daniel; de Puerto Rico, Iván Silén y Pedro López Adorno; de Honduras, Roberto Sosa; de Haití, Franketienne, Évelyne Trouillot y Bonel Auguste; de Cuba, Octavio Armand, José Kozer y Víctor Fowler; de Costa Rica, Ana Istarú; de Guatemala, Ana María Rodas; de Bolivia, Eduardo Mitre; de El Salvador, Otoniel Guevara; de Martinica, el poeta Monchoachi, y de Italia, Danilo Manera.

De la República Dominicana participarán invitados de la diáspora en Canadá, Estados Unidos y Puerto Rico como son Néstor Rodríguez, Eugenio García Cuevas, Yrene Santos y César Sánchez Beras. Además, poetas radicados en el país como José Enrique García, Manuel LLibre, Víctor Bidó, Rafael Hilario Medina, Alejandro Santana, Eloy Alberto Tejera, Homero Pumarol, Pablo Reyes, Lissette Ramírez, Neronessa y Alejandro González también han sido invitados al encuentro.

El programa de cinco días del Segundo Festival Internacional de Poesía Santo Domingo 2009 comprende, entre otras actividades, el acto de inauguración, que se llevará a cabo el día 21 de octubre, a las 8:00 de la noche, en el Palacio de Bellas Artes, y luego lectura de poesía en espacios públicos como el Parque Colón, en la Zona Colonial; en centros de estudios como la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD); en la Biblioteca Infantil del Despacho de la Primera Dama, en planteles educativos públicos y privados de la capital; en el Centro Cultural Narciso González, y en los vagones y estaciones del Metro de Santo Domingo, entre otros.

Además, los poetas participantes en estas jornadas se trasladarán a las ciudades de Santiago de los Caballeros, La Romana, Azua y San Francisco de Macorís, de manera que haya una más amplia participación de los escritores, interesados en la literatura y de la población dominicana en general.

El festival se clausurará el domingo 25 de octubre, con un evento artístico y la lectura de la proclama de los poetas, a las 8:00 de la noche, en la Plaza de España, frente al Alcázar de Colón, Zona Colonial.


Comité Organizador

Segundo Festival Internacional de Poesía Santo Domingo 2009

Santo Domingo, D. N.

14 de septiembre de 2009

miércoles, 14 de octubre de 2009

Bloody city y El aullido de las moscas


Hoy, dentro del marco de la Semana de la lectura de la Alianza Francesa de Guayaquil, se presenta Bloody city del poeta y editor manabita Alexis Cuzme y El aullido de las moscas del narrador guayaquileño e integrante del grupo cultural Buseta de papel, José Núñez del Arco. Presentan los libros los poetas Sonia Manzano y Augusto Rodríguez. 19:00. Entrada libre.

lunes, 12 de octubre de 2009

20 poetas ecuatorianos del siglo XXI


Siguiendo con las actividades de la Fiesta de la Lectura, el martes 13 se presenta la antología 20 poetas ecuatorianos del siglo XXI, del II Festival de poesía joven ecuatoriana Naranjal 2009. Este libro sale con el auspicio de la Casa de la Cultura Núcleo del Guayas extensión cultural Naranjal y el grupo cultural Buseta de papel. Leerán los poetas Dina Bellrham, Siomara España, Luis Alberto Bravo, Tamara Acosta, Tyrone Maridueña, Rafael Méndez, Augusto Rodríguez. 19:00. Entrada libre.

viernes, 9 de octubre de 2009

Aira y Bellatin: Dos extraños en la ciudad


Este Lunes 12, en el marco de La Semana de la Lectura de la Alianza Francesa de Guayaquil se realizará un conversatorio denominado César Aira y Mario Bellatin (foto): Dos extraños en la ciudad. En este evento se abordará la vida, la literatura, las obras de estos dos importantes escritores latinoamericanos. Participarán los escritores Miguel Antonio Chávez, Luis Alberto Bravo y Augusto Rodríguez. 19:00, entrada libre.

lunes, 5 de octubre de 2009

Recordando al poeta Cachibache (1979-2000)


Por Freddy Ayala Plazarte

Hace casi un año (10 de Octubre del 2008), en el blog de K-Oz editorial y del grupo literario Kbzuhela, se publicó una nota en conmemoración de un año más del fallecimiento de un poeta, ante todo compañero de letras, me refiero a Oswaldo Calisto Rivera (Cachibache), Quito, 1979-2000. Nunca lo conocí, pero otros factores como haber conocido a sus familiares: su madre y hermana, me han ligado a su obra y conocer parte de su vida, ciertamente de encuentros está hecha la vida, decía Luis Salvador López, cuando alguna vez, siendo estudiante de medicina en Cataluña-España admiraba tanto la obra del pintor surrealista Salvador Dalí que se fue al Cabo de Creus a observar el mar y captar unos de los horizontes que aparecían en sus cuadros, mientras estaba sentado se acercó un hombre (uno de los empleados de la casa de Salvador Dalí), quien lo invitó a una fiesta de los Dalí. Luis Salvador López conoció en carne propia al excéntrico pintor y a su esposa Gala, que le regaló uno de sus bastones, a partir de aquel día Luis Salvador López sería médico y posteriormente un psicoanalista dedicado a estudiar la psicología del pintor y llegar a escribirle un libro.

Así mismo, los encuentros son hechos que condensan y estructuran la existencia de las personas, conocí algo de la obra de Oswaldo Calisto Rivera cuando entré al taller de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, 2005, luego lo incluí cuando elaboraba y recopilaba una lista de autores para la antología de la novísima poesía ecuatoriana “Premonición a las puertas”. Nada de esto pasaría desapercibido, un día llegó un mail inesperado, su madre Cecilia Rivera y hermana Maricela, a quienes aún no conocía, me escribían y agradecían la inclusión, y sobre todo el valorar su obra. Luego las visitaría y conocería su casa donde me propiciaron un ejemplar de su primer y único libro.

Pero hoy, 22 de septiembre (fecha de su nacimiento), me convoca a escribir sobre Cachibache, su madre me ha comunicado que actualmente tendría 30 años, ya no está con nosotros, desapareció trágicamente, y justamente un tiempo antes de que se publique su primer y único libro oficial: Rojo encanto de marmota, CCE, 2001. Atentaron contra la vida de Oswaldo? Esto sería seguir escarbando sobre la madera y pensar que nada está resuelto y quedarnos con la incertidumbre de su desaparición, sea lo que fuere, lo que me trae a este lugar, escenario, es precisamente su obra. Se fue pero tenemos su poesía y el testimonio de quienes lo conocieron, familiares y amigos. Y cosas como estas desmitologizan lo que se pueda seguir diciendo acerca de su desaparición.

Vuelvo a insistir, de encuentros está hecha la vida, Cachibache vive en quienes lo recordamos. Muy gentil el poeta guayaquileño Augusto Rodríguez me envió un ejemplar de las Memorias del primer festival de poesía joven “Hugo Mayo”, CCE Núcleo del Guayas, 2005, organizada por el grupo Buseta de papel, antología en la cual Oswaldo Calisto Rivera (Cachibache) aparece como un invitado más, sus familiares no lo supieron, ahora lo saben. También lo han incluido en la antología 13 poetas ecuatorianos (Venezuela), selección de Aleyda Quevedo R., así como en el libro de próxima aparición Anatomías de cristal (poetas desaparecidos del Ecuador) realizada por Johanna López Santos.

Cito un fragmento de lo que aparecerá en esta interesante y valiosa antología:

A los 17 años integró los talleres de la Casa de la Cultura Ecuatoriana. Al decir de César Vásconez Romero: “Joven impetuoso, con una seguridad y disciplina impresionantes, ávido por el conocimiento, gentil y hasta cariñoso, exponía sus textos como verdaderas manchas de palabras ante la perplejidad y el entusiasmo de todos. Tenía una ortografía caótica, pues parecería que inventaba la suya propia como la forma más coherente lo quería escribir”

Oswaldo Calisto Rivera, Cachibache (su seudónimo de escritor), un joven apasionado por la pintura dejó más de 100 cuadros terminados, además, estudió en la Universidad Católica Comunicación y Artes, Ciencias Ancestrales en el Instituto ILADES e integró los talleres literarios de la Casa de la Cultura Ecuatoriana. Su primer libro de poesía “Rojo encanto de marmota”, también dejó escrita la trilogía poética compuesta por los libros: La cachiva, Comible Sr. Lucas Alombrey y La falta de pantuflismo.

Posiblemente su desaparición nos dejé un sabor amargo por no haberlo conocido, pero están sus obras intactas, y a futuro serán editadas con el consentimiento de sus familiares. Por ahora, tenemos su Rojo encanto de marmota donde nos deja imágenes paroxísticas, y lo que se debe tener en cuenta es lo sensitivo de la palabra, el lenguaje que nos lleva a un escenario desconocido, mítico. Sensible el poeta o la palabra? Cachibache deconstruye el sentido figurativo de la realidad con la palabra. Resonancia de lo extraño y un delirio permanente de establecer un nexo con lo espiritual. “Rojo encanto de marmota”, perfecto escenario para exponer un campo de símbolos y personajes ajenos a nuestra percepción cotidiana, animales exóticos, paisajes, religiosidad escondida, diálogo con el perpetuo “yo” interior del ser humano, realidad a la que recurre para no abandonarse a sí mismo. El poeta nos desafía a confiar en un espacio-tiempo, que únicamente se volvería certeza en un sueño, más aún, encuentra sacralidad en lo absurdo.


I

Y el recuento de los soles en la corona amada
pronto encasquillan el hechizo los cabellos de trigo
esquivando con fatiga una orilla salina que revolotea
sobre un buzo de lluvia ovalada
y el fresco recogimiento de la gaviota abdominal
reseca, encargada de eternizarse en la colmena del paciente
elegida en la estocada del vacío líquido
soltando gemidos azules, odas cercando el poema alado del
príncipe herido
la pista celeste concibió a un paseante hipo egipcio
a un nuevo arpegio desencantado en la aldea de su cuerpo
El caballo lluvia en lluvia
caballo lluvia en lluvia
Por el abrazo momentáneo del refugio de larvas, pequeñas
amantes las narices que se estrellan bajo una lámpara de
fantasmas residentes del jardín de la mocedad
A un niño
de sonrisa de flor
feo y hazaña
gordito
larguísimo
en calzado de asonada
tierno seno ciertamente insoportable
preludio
petición de estrecho
(living in the garden)



II

¡Ah, monje huyendo entre viragos críos de cafetín!
alcanzó rasgar de grana sedienta lamentables perfiles en
adopción
velámenes del tatuaje becado
y fieles articulando la ribera en sudario
¡fieles, eructando, volviendo tráquea y corazón al peñasco:
dolor!
los transportan en grave liza
¡botero!, sobre el tinto brizna la pascua
tutoría considerada a vuestros nudillos de escama silenciosa.
Cava.
Aún, más espesa cuando el cazador supera la membrana
Del sueño
prende su cencerro a verdosa anemia yunta
de nailon busca querellar una corte
y licencioso condado de humus
osezna gangrena de génesis
el puño cae bajo un rubor de mortecina danza
vaya ventisca pasea y recoge extremidades de boda
en mercader taconeo enredando el númen de sus balsas
observa, -valiente guijarro- una octava de mansa cabriola
libar del alaba un gnomo indomable.



II

Asfixiada, marcando los pequeños ojos el combate bajo
la desnudez de la tarde.
Ungüento idílico, has vencido sin capa de duelo
brillando sobre la mampara floral
largos golpes de saliva habitada
pero sujeta a la risa de la reina
tambalea
brevemente
mojada
entre juegos y lágrimas
sensible y coqueta
vorágines que habitan un poro, una virgen de tierra croada
la canción para un zurdo
el petirrojo se despide
con el escape violento de la ramada varal
sus senos se pierden entre cortinas de mirlos
¡recibid! al ciego chapuzón que se deshoja palpitando
aquel órgano de entroncada belleza
cuan esbelta acariciada trinidad
que rasga con su pétalo de arena a la cándida daifa
apeó del sauce un cirujano envuelto en conchas
un mamífero vivo
quizá una urgencia de congas y jarazas.


II

Vuestro espía acordona un veneno de espigada claridad
Y el gafete de cándido murmullo apareja al reinado
Pelirrójese, he aquí la victoria de tilos en vuelo
¿habéis preferido el álbum al farallón empotrado?
ya os comenta el bravo relente que en lo alto mece al
afrecho
pues excelencias, a bien comprobar pueden
los arcanos de una inmensa gloria
Si, aquí vuestro caudillo hinca la mollera.

lunes, 14 de septiembre de 2009

Entrevista al poeta ecuatoriano Ramiro Oviedo


Por Augusto Rodríguez

(Chambo, Ecuador, 1952) Profesor de Literatura Latinoamericana en la Universidad del Litoral, en Francia. Ha publicado Serpenciclieta, Esquitofrenia, y en francés: Hiéroglyphe, Semaine Sainte, Fanesca, La nature se méfie de la vitesse, Les poèmes du Colonel (Prix Trouvères et Prix Georges Sernet), entre otros libros. Es uno de nuestros poetas más vitales e importantes. Aquí una breve entrevista para conocer un poco más al hombre y al poeta:

1-Ramiro, vamos al principio, cuéntame ¿Cuándo nace tu relación con la literatura y la poesía? ¿Cómo es tu proceso creativo?
Creo que empecé a escribir cuando aprendí a bañarme solo. Lo que pasa es que de pequeño, en el pueblo donde nací no había servicios higiénicos. Yo tenía casi cuatro años y, una noche después de la cena, fui al pozo de la huerta, atravesado por una tabla, en la que uno se sentaba a cagar viendo el cielo y escuchando a los sapos. Sin darme cuenta sentí que estaba como bailando un vals, pero sentado en la tabla. Para mi mala suerte era un temblor. Cuando me di cuenta ya estaba pataleando en un hueco de mierda. Toda mi familia había salido volando al patio para ponerse a buen recaudo y nadie se dio cuenta de mi desgracia. Por suerte, un vecino que había escuchado mis berrinches previno a mis padres. Desde entonces tengo la impresión de que huelo a mierda y que sólo escribiendo puedo limpiarme. Cuando me bañé solo por primera vez, y a veces incluso ahora, tengo la impresión de haberme caído en un hueco de mierda de 240.000 km 2. Mi viaje a Francia sólo contribuyó a agrandar el hueco. El mundo entero es un pozo séptico y la escritura es una especie de duchazo forzado. Mi proceso creativo es de los más ordinarios. Tuve una infancia perfecta, fui un plazuela total. Desde que llegué a Quito, casi a los seis años, se me dio por aprenderme a la agüita la ciudad. Vivía a cinco cuadras de la Plaza Grande y conocí casa por casa todo el centro histórico. Comencé a trabajar a los ocho años, cuidando a dos chicos –hijos de la puta más brava del barrio- que estaban en mi escuela. Yo les daba el desayuno, les vestía, les llevaba a clases, les traía de vuelta a la pensión, les iniciaba en la vida, y había noches en las que terminaba inventándoles cuentos para que se durmieran. Mis padres ni cuenta se daban, pues trabajaban tanto que no tenían tiempo para controlarme. Después me metieron preso en un seminario, donde estuve interno seis años, aprendiendo entre otras cosas griego y latín y sin ver a nadie. Sólo salía en vacaciones de navidad, de semana santa y las de fin de año. En este lugar lo único que podías hacer era jugar fútbol como si se acabara el mundo después del recreo, estudiar como loco y leer, leer y leer. Creo que ahí comenzó esta vaina de la literatura. En cada comida, por orden alfabético alguien leía un capítulo de un clásico en voz alta. Antes de comenzar el almuerzo o la cena, igualmente, alguien tenía que recitar un poema de memoria ante alumnos y profesores. Muchas veces se me paraban los pelos y se me ponía la piel de gallina al escucharlos. La literatura era una fiesta que continuaba por la noche en mi cama. Encendía una linternita y seguía leyendo. Durante las misas diarias, de segundo a sexto curso, camuflaba los libros con un forro de misal y seguía leyendo. Eso me volvió medio zombi. Vivía en otro planeta y me pasaba pensando poemas que no escribí nunca, hasta los 16, cuando mi profesor de literatura comenzó a exigirme tres poemas semanales, como una deuda, para el periódico del colegio. Así comenzó esta vaina.

2-¿Qué poetas son tus referentes y cuáles son tus autores de cabecera?
Últimamente soy un nómada total, entonces no tengo ni cama ni cabecera, peor autores. Por suerte hay bibliotecas abiertas, y siempre vuelvo a la poesía española: Quevedo, el conde de Villamediana. Después, Blas de Otero y Gabriel Celaya. Leopoldo Panero siempre funciona como electroshock; la vena urbana de Luís García Montero o la nota intimista de Luís Alberto de Cuenca son referentes innegables. En esa misma cantera de poetas queribles están Adoum, Cardenal, Nicanor Parra, Roque Dalton, Enrique Lihn, Gelman, Gonzalo Rojas, el peruano Cisneros o el mexicano Pacheco. Mis referentes esenciales son, efecto, los antipoetas. O los poetas “anti”. Si a esto le agregamos la vena populista de los poemas que recitaba el indio Duarte, acolitado por una banda de mexicanos con su poesía rural, que poblaron mi adolescencia, ya se tiene una pista de la genética de mi escritura. Pero eso no es todo. En el Ecuador también tengo mis poetas: Hugo Mayo, Cesar Dávila Andrade, David Ledesma Vázquez, Jorge Enrique Adoum, Euler Granda, Efraín Jara. Desde los setenta ya estoy metido “de lleno” leyendo a los tzántzicos, particularmente a Raúl Arias y a Rafael Larrea. En una colección popular de la CCE descubrí a Rodrigo Pesántez Rodas, me entusiasmó tanto que llegué a memorizarme dos de sus poemas y a recitarlos en intimidad como si fueran míos ante unas mujeres que terminaban rindiéndose a “mi” talento. Hay plagios que valen un buen destrampe, decía en ese tiempo. O sea que no se me dio por plagiar a Baudelaire ni a Neruda, ni a gringos ni a rusos, sino a un cuencano…!
Hablando de nuestros tiempos, me gusta la poesía de Oñate, Artieda, Nieto, Paco Benavides, Javier Ponce, Jorge Martillo (el de antes), Roy Sigüenza, y entre los más jóvenes Mussó, Ernesto Carrión y Augusto Rodríguez.


3-En el 2008 publicaste el poemario Boca a boca y en el 2009 el poemario Maleta de mano ¿Qué me puedes decir de estos libros?
El primero fue un intento ambicioso de ruptura con lo local. Esto me tenía amarrado peor que camisa de once varas y quise experimentar un nuevo registro. A nivel temático intentaba, más que un boca a boca meramente ecológico, asestar un buen martillazo a los lectores atrapados en una especie de nirvana irresponsable con el mundo. Maleta de mano es una especie de continuación de Esquitofrenia, con textos sin patria ni matria, abortados en el limbo de los viajes.

4-Tu poesía se nutre de una gran gama de imaginarios sociales, idiomáticos, políticos, culturales muy diversos ¿qué me puedes decir al respecto sobre tu propia poética?
Básicamente se trata de una escritura que se gesta con lentitud, al contrario de la vida, y como un remanente digestivo, un ejercicio escatológico depurativo. Lo veo como una deyección, como el sudor o la orina, después de haberme dado cabezazos de lunes a domingo; por eso, muchas veces mi poesía no es tan limpia ni fragante. La poesía Nívea no me va. Es también una manera de agarrarle al lector y enseñarle a ladrar o de montarle para chuparle como cuy no sólo el mal de ojo sino toda la mierda. Y para eso, nada mejor que escribir a calzón quitado y aunque sea con las uñas. Le tengo tirria a lengua de caucho de los vendedores de éxtasis y de trances baratos. Mi lengua es de carne y hueso y más que algún imaginario, me preocupa mucho la problemática concreta del hombre en un mundo más que jodido, hablo de su cobardía y de su complicidad con los verdugos, de su impotencia, de sus dudas, pero también de una resistencia que tiene que articularse social y políticamente. Mi gran error o mi gran virtud ha sido la de no haberme casado nunca con ningún partido, aunque siempre haya sido de izquierda y siga ahora más que nunca proclamándome de izquierda. Si fuera más joven seguro que militaría en algún grupo radical, tipo Alfaro-Vive. Ahora, después de haber pasado 22 años fuera del país y de haber visto los “milagros” de los rapaces que han desfilado por Carondelet, llegando al clímax con los payasos Bucaram o Gutiérrez y el éxodo inmisericorde de ecuatorianos al exterior, creo que hay que arrimar el hombro para sostener y llevar adelante el proyecto de institucionalización en el que se halla empeñado el actual gobierno.

5-Ahora muy muchas “tendencias y modas” a la hora de escribir poesía, con ¿Cuál te quedas y cuál rechazarías?
La vaina es que algunos poetas se comportan con la poesía como si fuera una marca. Y si hablamos de marcas, hablamos de modas y tendencias, que condenan al producto a lo efímero. El problema lector- autor sigue el modelo del mercado oferta-demanda, y el cliente termina desnaturalizando la función y la razón de ser del producto. Si el poeta resiste y escribe al margen de las exigencias del mercado, aceptando las consecuencias de la marginalidad, estaría asegurando la longevidad mínima que exige un poema antes de ser digerido, que puede ser cualquier cosa, excepto un yogur pasado. Lo grave es que, en este mismo contexto, y como está tan de moda la falsificación, muchas veces nos caen con Ray-Ban falsetas, con whiskies, lociones y perfumes chiveados. La poesía va saliendo a la cancha con las firmas de quienes la subvencionan. No estamos lejos de toparnos con una poesía marca Adidas, otra Nike, Yves Saint Laurent y así por el estilo. Las perversiones del marketing han contaminado la poesía y en la blogósfera podemos hallar muchos ejemplos. En lo que nos concierne, deberíamos quedarnos con lo que tenemos: nuestra carretera, nuestra propia procesión, tratando de conjugar el tono con la rabia, la bronca, el humor, el cinismo, que serán inevitablemente los derivados de lo que pasa afuera. Jamás el nihilismo. Ya está bien de desencanto. Para salir del hueco hay que mover el culo sin esperar a que nos den reparando el mundo.

6-¿Qué opinión tienes sobre nuestro pequeño mundillo literario? ¿Sobre todo de los clásicos egos, vanidades y luchas por territorios tan comunes para todos?
Hay quienes piensan que somos muchos. Que el mundo está inundado de poetas. Que cualquiera es poeta. Yo no comparto esa idea. Hay espacio para todos y, por último, me parece mejor un país lleno de poetas o aspirantes a poetas que un país de traficantes o de aspirantes a jugadores de ecuavolley. Es verdad que este contexto, dada la vastedad de productores, resulta imposible saber qué es lo que se publica en nuestro entorno. Lo peor es que los hay de muy buena calidad y con una enorme potencia – jóvenes y no tan jóvenes-, que son prácticamente desconocidos, y otros cuya valía está por probarse, pero que gozan del espacio en la prensa y del favor de quienes fungen como críticos. Los grupos son inevitables. Total, cada quien tiene derecho a irse con la gente que quiera, lo evitable es el sectarismo de ciertos grupúsculos reaccionarios que creen que el poeta es un extraterrestre y que hay que escribir para marcianos, cuando resulta más fácil tener los pies en la tierra. Los pobres creo que ni duermen pensando como hacer para morirse célebres, cuando resulta más bonito morirme enamorado o jodiendo, por ejemplo.

7- Pienso que tu generación todavía no goza de la apertura y del conocimiento real que debería tener sus poéticas ¿A qué se debe esto?
No lo creo. Hay poetas de mi generación que gozan de reconocimiento nacional e internacional, puesto que son invitados a Ferias del Libro por Aquí y por Acá. Yo estoy fuera del Ecuador desde hace años y no tengo derecho a exigir nada. Pero también tenemos que admitir que, pese a que no somos tan jóvenes, no hemos logrado construirnos como generación, pues no sólo carecemos de la cohesión y de la articulación elementales, sino que tampoco podemos exhibir una obra absolutamente sólida y eso porque cada uno decidió hacer lo que tenía que hacer, por su lado. Cuando les lleguemos por lo menos a las canillas a César Dávila, a Adoum o a Hugo Mayo, y si ni siquiera así nos reconocen, entonces tendremos razón de quejarnos.

8-¿Qué piensas de la joven poesía ecuatoriana actual?
Es un espacio nuevo también muy vasto y por eso, así como por mi distancia del país, algo de lo que no puedo afirmar nada con certeza. En Cuenca en el 2005 y más tarde en Guayaquil pude descubrir la existencia de numerosos poetas y grupos, muchos de ellos prometedores. Lo interesante es el espíritu de encuentro y de diálogo, la curiosidad y el empeño con que ellos se suscitan y que por suerte difiere esencialmente de la conducta de las generaciones anteriores que confundían la poesía con un concurso de palo encebado. En este sentido, el trabajo articulador y difusor de “La buseta de papel” es más que encomiable. Hay blogs que entran en esa línea, como el de Pablo Yépez ( K-oz), el de La Buseta y el de Diego Velasco, que hacen un trabajo incesante de recuperación de la memoria, de forja de una identidad a través de la literatura y de difusión de nuevos textos y de nuevos autores. Ojala no tiren la toalla. Hay posturas y registros de escritura potentes en cada provincia y es muy prometedor para nuestra literatura lo que los jóvenes andan escribiendo.

9-He escuchado en numerosas ocasiones de que supuestamente la poesía solo la leen y la consumen los mismos poetas, ¿Crees que es así? ¿Cómo crear mecanismos para que la poesía llegue a otros sectores de la sociedad, pero sin que pierda su parte radical o subversiva?
Eres optimista. Imagino que entre tal cantidad de poetas, hay dos o tres que leen lo que escribimos, aparte de dos o tres parientes cercanos. El resto es silencio. El problema es que existen poetas con la sangre bien bonita y con amigos en los periódicos, y cuyo enorme ombligo les impide ver la sangre ajena. La mejor manera de promocionar y difundir la poesía en todos los sectores seria a través de la escuela y de los medios de comunicación. ¿Quiénes son los dueños de las palabras? Los que sabemos, los que siempre tuvieron el poder, acolitados por los medios de comunicación. El Estado, a través del Ministerio de Educación y de los medios tiene vela en este entierro, y en gran medida serían los responsables de nuestra sensibilidad o de nuestra mutilación. El Régimen, que cuenta con ministros escritores, está haciendo lo mejor que puede para sacarle no sólo a la literatura sino al país entero de la cuneta, pero ellos solos no pueden cambiar nada de la noche a la mañana. Y como todo poema y todo poeta son y están, básicamente contra, nosotros tenemos que robarles las palabras a los que las tienen confiscadas. La parte subversiva del poema no requiere nutrirse de otra cosa sino de lo que nos depara a cada uno las 24 horas del día

10. ¿En qué proyectos literarios o culturales te encuentras?
Estoy reuniendo una viejos textos ( siempre sobre la memoria y nuestro patrimonio cultural popular), hablo de algunos héroes y personajes de leyenda, como El Chico de Oro ( Jaime Valladares), Eugenio Espinoza, Edgar Peñaherrera, el "gato"Ansaldo..., con miras a armar un nuevo compendio ( Cajita de bla-bla); también ando borroneando unos textos sobre el último tsunami ( personal), una experiencia bastante fuerte que ha sacudido completamente mi vida. No puedo hacer más, pues mis obligaciones académicas en la universidad me lo impiden. No obstante, tengo pendiente finalizar la traducción al francés de una antología de poetas jóvenes (Antología Hugo Mayo); lamentablemente perdí mucho tiempo buscando entre mis relaciones alguien de buen nivel que pudiera hacerlo, pero me han tenido espera y espera, hasta que decidí hacerlo yo mismo. Una vez terminada esa etapa, intentaré ver un editor, que es otro cuento. En octubre debo participar en un coloquio en la Universidad de Poitiers, sobre el tema del bestiario; después en La Sorbona, otro coloquio sobre la identidad ecuatoriana, en el que aprovecharé para hacer un homenaje a Adoum. Olvido decirte que, aprovechando un viaje del uruguayo Carlos Lizcano a España, vamos a traerle a Boulogne para que hable con los estudiantes. Estoy organizando dos jornadas enteras de mesas redondas, conferencias y debates en torno a su obra. Si si sabes de algún escritor ecuatoriano que va a pasar por Europa, dímelo, que podríamos hacer igual.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Entrevista al escritor guayaquileño Leonardo Valencia


Por Siomara España


Leonardo Valencia, escritor guayaquileño es uno más de los ecuatorianos que salió de su patria en busca de nuevos horizontes. Hoy por hoy está pisando fuerte entre los círculos literarios de España. Su talante narrativo se va consolidando cada vez con más bríos, así lo corrobora la excelente critica que ha recibido su obra literaria en el país ibérico. Valencia se doctoró en la universidad autónoma de Barcelona y reside en esa misma ciudad desde 1998. Con varios títulos a su haber como La luna nómada, El desterrado, El libro flotante de Caytran Dolphin, El Síndrome de Falcón, ahora nos trae una nueva novela Kazbek que ha merecido importante crítica en España así Fernando Castanedo de El País dice: “…La sencillez de esta trama, sin embargo, esconde una notable sofisticación. Y es que Kazbek, al mismo tiempo que narra la elaboración del encargo, lo contiene con delicadeza... lo defiende con sensibilidad y sabiduría Leonardo Valencia en esta exquisita novela”


¿Por qué y para qué escribe Leonardo Valencia?
Para descubrir. La escritura no es sencillamente hacer un informe de algo que uno va imaginado, sino un viaje que nos invita a un camino hacia algo que desconocemos, para descubrir perspectivas diferentes de lo que hemos vivido o sobre lo que nos rodea.

¿Qué has descubierto en ese camino, en el recorrido de ese universo literario?
He descubierto de la literatura que es un arte muy exigente, que no puedes traicionar sino dar un aporte de algo que el mismo autor desconoce, de esto saben más los poetas, por eso de las voces, (llamado interior) en cambio, en la narrativa eso de que el escritor no puede controlar lo que escribe no lo comparto mucho, hay mucho oficio en el arte de narrar, hay que cuidar lo que se escribe. La literatura es un arte que va más allá del mismo escritor, algo así como lo que Cortázar decía “la veteranía del escritor está en no traicionarse”. No traicionar esa voz que decía Octavio Paz que a veces aparece y que nos invita a un camino que desconocemos.

Si como o bien dices la Literatura es un camino que no conocemos, o identificamos en ocasiones, ¿Como descubriste tu vocación literaria?
Leyendo y escribiendo poesía, poco a poco me di cuenta que me interesaba la narrativa, pero no niego que fue un acercamiento con miedo pero indudablemente que fue un impulso desde el hecho de leer, En el fondo uno descubre que el acto de escribir es un poco imitar aquello que te gusta.

¿Cuáles son tus referentes a la hora de escribir?
Varios, tengo varios referentes, pero hay autores fundamentales, como es el caso de Thomas Mann. También Pablo Palacio, Henry James, Ernest Heminguey. Tonio Kröger de Thomas Mann es una novela que me parece fantástica recuerdo que en España se hizo una encuesta sobre 100 escritores claves y yo precisamente mencioné a Tonio Kröger, porque tiene una variedad de registros impresionantes siempre me fascinó Thomas Mann, me declaro un gran admirador de su obra.

Y en el panorama local - Ecuador- ¿Qué obras consideras sobresalientes o importantes?
Hay autores muy importantes pero esto según el criterio que uno elige, yo particularmente tengo cuatro autores que me han nutrido, Pablo Palacio que me parece un gran autor, Juan Montalvo en los ensayos y en los “Capítulos que se le olvidaron a Cervantes”, a José de la Cuadra que es un autor fundamental con sus cuentos, también la poesía y la enigmática figura de Alfredo Gangotena, que es un poeta de aliento impresionante, me encanta esa densidad de su obra, su dramatismo, la profundidad de sus versos me parecen magistrales así que siempre vuelvo a los mismos autores, también debo decir que leo, leo mucha, pero mucha poesía. Me parece también que hay que releer la poesía de Escudero y los ensayos de él sobre poesía que son espectaculares, otro de los grandes que vale la pena volver a mirar es Carlos Eduardo Jaramillo y una poeta que igualmente me gusta, la cuencana Sara Vanegas.

Se dice que siempre se vuelve a la relectura de ciertas obras clásicas, y ciertos autores que cumplen en algunos casos una suerte de paradigmas literario ya nos hablaste de Thomas Mann, aparte de éste, ¿Cuales obras y autores atesoras en tu biblioteca?
Esto es realmente interesante, pues yo soy un narrador pero me interesa, y siempre vuelvo, una y otra vez a la poesía por ejemplo a la poética de Roberto Juarroz, Igualmente al “Cuarteto de Alejandría” del británico Lawrence Durrell, y aunque suene repetitivo El Quijote, que definitivamente es un libro fundamental. Estos son los autores y obras a los que siempre vuelvo.

Dices disfrutar mucho de la lectura de poesía, dentro de tu último ensayo el Síndrome de Falcón incluyes textos poéticos. ¿Cuál es para ti la diferencia entre uno y otro proceso creativo?
La poesía tiende a condensarse en un instante complejo, salvo los poemas de largo aliento y también en el caso del cuento. La novela es otra dinámica, es diferente, ella te exige sostener algo durante mucho tiempo cinco meses, un año, quizá varios, en el ensayo en cambio es una visión muy personal, es un proceso reflexivo, es un intento, una aproximación, por eso es para mi muy importante que haya un placer, me interesa ver el ensayo como una forma creativa, con notas al pie de pagina, un trabajo muy bien cuidado, y hay otra cosa que también es muy importante para mi, que dentro de la prosa narrativa, haya como vasos comunicantes, que haya ritmo dentro de ella. El ensayo argumenta con reflexiones que tienen que ser muy estéticas.

¿Qué necesita Leonardo Valencia para poder escribir? me refiero a manías, estado de ánimo, etc
Básicamente me gusta escribir en las mañanas me gustan los silencios no tener interrupciones. Tengo eso si la manía de los cuadernos, llevo dos siempre, en uno voy anotando sobre como va el avance del trabajo y en el otro va el proceso de la escritura, todo esto siempre a mano, me gusta ese como ritmo, ese baile de la pluma al momento de escribir. Juan José Saer dijo acerca del hecho de escribir: “Cuando tu escribes a mano todo el cuerpo esta volcado al hecho de escribir” cuando escribes a mano, te reconcentras, con la escritura a mano estas como tatuando no escribes en el papel sino es en el cerebro que es realmente dónde vas tatuando imágenes. El primer borrador lo necesito a mano, luego lo paso al computador, imprimo y empiezo a corregir.

¿Qué opinión te merecen los concursos literarios?
Depende de que concursos, En España los de las grandes editoriales son arreglados prácticamente todos, es un desperdicio que un joven autor de Ecuador o desde algún país de América Latina gaste dinero en enviar sus obras a grandes editoriales por que ese libro, jamás llegará a manos del jurado, es un absurdo mandar obras a ese tipo de concursos literarios. Yo les sugiero algo más sencillo, envíen sus textos a pequeñas revistas y periódicos no se preocupen por grandes ediciones, grandes tirajes, tengan esa distancia de verse publicado en estos medios para que ganen un lectura mas sobre lo que escriben y eso es una experiencia que resultará satisfactoria.

Diriges talleres literarios en España ¿qué satisfacciones te ha dado esta experiencia y cuál es tu nivel de exigencia a los alumnos de estos talleres literarios?
Primero: aprender y luego desobedecer, lo que menos me interesa es que sean escuelas de escritores que siguen al escritor, y esa es mi gran critica a los talleres sobre todo de cómo se manejan en Guayaquil, mas bien hago que tenga cada cual distintos procesos de escritura que ni siquiera intenten parecerse a lo que yo escribo no generar dependencia que estén máximo un año y después adiós, me parece terrible la dependencia pues resulta que hay gente que no escribe si no está en el taller.

¿El escritor nace o se hace?
Ambas cosas. El escritor que nace necesita ir corrigiendo páginas, tiene que ir haciéndose en el camino, cada vez creo más que se hace, cada vez me convenzo más de eso.

Un consejo a los jóvenes que empiezan a caminar por los caminos de la literatura y para los ecuatorianos que se encuentran fuera de su país.
A los que empiezan les doy el consejo que dio Stendal: en Vida de Henry Brulard “Si a mi me hubieran recomendado escribir dos horas todos los días no hubiera perdido tontamente diez años esperando la inspiración”, no significa que esas dos horas sean de creación quizá la primera hora no haces nada, es el ocio creativo pero empiezas a estar en función de que vas a escribir, esa segunda hora entonces la ganaras bien, hay que sentarse a escribir, en la mente la escritura es maravillosa, pero lo importante es lo que se pase al papel, la escritura no es previa, se produce a la hora de escribir descubres lo que vas realmente a decir. Para los ecuatorianos que por una u otra razón se encuentran lejos de la patria que donde estén siempre dejen huella, que se sientan orgullosos de quiénes son y de donde vienen.

domingo, 16 de agosto de 2009

Ya circula la revista El Quirófano 7


Ya está circulación el nuevo número de la revista El Quirófano 7. Trae un interesante material como la entrevista al poeta guayaquileño Fernando Iturburu, un artículo sobre Neruda por el poeta Fernando Cazón Vera, joven poesía ecuatoriana, una entrevista al editor español Jorge Herralde, poesía de la chilena Angélica Álvarez, un artículo denominado ¿Generaciones? del escritor quiteño Juan Secaira, un cuento inédito del escritor guayaquileño Miguel Antonio Chávez, entre otros. En venta en la librería Libri Mundi y en La Librería del Malecón. Hasta la próxima.

martes, 11 de agosto de 2009

Mordiendo el frío y otros poemas


La antología que esta noche presentamos es la sintesis de un trabajo empezado hace un cuarto de siglo, hace 22 años exactamente, si nos atenemos a los créditos dispuestos en la solapa de ese primer libro, ese de pastas negras, calaveras blancas y letras moradas que publicara el autor al inicio de su carrera. Edwin Madrid ha escrito entre tanto 11 libros. De ellos, Aleyda Quevedo, la persona, que estoy seguro, mejor conoce los lados flacos y musculosos de Edwin, ha seleccionado una muestra de cada uno de ellos y conformado este hermoso tomo que pretende, creo, no resumirlos sino acercanos a la voz de este poeta cuyo tono característico, como podrá comprobarlo cada uno al leer el libro, lo encontramos como un hilo conductor, a lo largo de su obra.

Los poemas necesarios

Hacer pública una seleción de obra es poner al parecer de lectores múltiples un trabajo que se infiere necesario y de alguna manera es al presente y al contexto que nos ciñe indispensable. Publicar esta selección en la colección Antares del sello Libresa le añade un plus a esta significación. No hay creo, manera otra mejor para abrirse paso hacia un nuevo público lector y dar a conocer un trabajo literario entre los jóvenes que a través de las publicaciones de Libresa, bendición y condena de los estudiantes de secundaria a quienes muy conocida es la serie de títulos impresos sobre pastas rojas.

La presente selección es, desde luego, el reconocimiento a una obra que, por su extensión, diversidad y edad, es conocida por unos cuantos lectores, colegas y estudiosos que han sabido seguirla desde un inicio, pero que, al tiempo que vamos, a sus nuevos lectores, a los ya existentes y a los potenciales, gran parte de ella les es desconocida, bien porque algunos materiales son inencontrables en el mercado de poesía, hecho que sucede con los libros publicados a finales de los ochenta e inicios de los noventa, o, cosas de las letras andantes, porque un par de ellos fueron publicados en el extranjero y no en el país.

A la selección precede un hecho que casi no lo vemos pero es ciertamente la base donde se apoya este proyecto editorial. Me refiero a la importancia alcanzada por el trabajo poético de Edwin Madrid.

Primero, en el contexto ecuatoriano, de cuya habla toma aliento, de cuyas características hace un tema, implícito, constante, que ciñe a las diferentes formas poéticas que ejercita, en su ir y venir por la cuotidianidad desbanalizada, por la historia como conjetura, por las representaciones que hace en el lenguaje de lo imaginario y lo fantástico, lo mítico y lo real.

La importancia de la obra de Edwin alcanzada fuera del país no es deconocida a sus lectores ecuatorianos, sin embargo, a algunos de ellos, no le son muy claros los términos de ese privilegio. Desde luego, no se trata sólo de que sus poemas hayan sido premiados en el extranjero y publicados luego en forma de libros, individuales o tomando parte, junto a poetas de otros países, en antologías que dan cuenta de los trabajos más serios publicados en America Latina o en lengua castellana en las dos últimas décadas. Esto, que es importante y es en sí un argumento de peso para definir en parte su importancia, señala el aspecto expansivo de su trabajo por entre otras tradiciones. Lo que viene después, es lo que me ha llamado más la atención, digo las reacciones que esta obra ha provocado en esos contextos, las formas receptivas, de al menos dos tipos de lecturas: la académica, por un lado; por el otro, la impulsiva, más afín a las intuiciones y latencias que al análisis, puro y duro.

La recepción acádemica celebra la escritura del ecuatoriano en sus diversas formas y la toma como referencia para dirigirse, por entre sus vocablos, versos y modos, hacia alguna de las características que nos distinguen como grupo social o, en una lectura donde las patrias no existen, ver en su escritura la huella de una sensibilidad plenamente moderna, contemporánea, avisada por el caos pero en ningún momento confundida o confusa. De este tipo de lectura estricta, rescato una experiencia: la que viví con los poemas de Open Doors, libro publicado en el año 2000 en Oregon, USA, festejado por los lectores que tuvieron acceso a ese tomo en lengua inglesa ( y a su versión árabe), pero no así en el país, donde su versión castellana, Puertas abiertas fue más bien mal entendido e incluso considerado como un retroceso en la carrera del autor. La lectura inglesa y árabe, en este caso, supo leer mejor que la nuestra y, por suerte, corregir a tiempo el malentendido.

La recepción sentimental en el extranjero, mucho más cercana al hacedor de poemas, es la desplegada por sus colegas más jóvenes, poetas muchachos, de Chile y México, de Brasil y la Argentina que ven en los poemas del quiteño no sólo al artefacto lingüístico perfecto que inspira admiración y suguiere caminos sino, literalmente, un ejemplo a seguir. No creo que haya un mejor cumplido para un poeta, vanidoso o no, que saber que sus poemas son leídos por jovenes poetas con un sentimiento de alguna forma parecido a la devoción. Hay un grupo en Argentina, Los Celebrios, cuyo nombre y aliento, lo tomaron del tercer libro de Edwin, Celebriedad. Una crónica de Santiago Estrella, corresponsal de El Comercio en Buenos Aires, publicada en ese mismo diario, hace como dos años, da cuenta de esta relación de admiración ciertamente poco común.

No sé cómo es al momento la relación de la obra de Edwin Madrid con los lectores ecuatorianos. No sé cuales son sus lectores en el país. Desde la distancia, sin embargo, puedo imaginarlos, como cuando uno imagina la poesía, compuesta por fervientes admiradores y detractores, por amigos que celebran su discurrir, por lectores desconocidos que agraceden en silencio la existencia de algunos de sus versos o del tono que de ellos se desprende, por profesores que se resisten a valorar al poeta en su proyección pero que, a su pesar, celebran ese o aquel poema.

Yo admiro a Edwin y celebro este libro que junta trabajos de edad varia, antiguos y recientes. Es un libro nuevo en el que el autor, paradógicamente, sin haber movido un dedo, está representado de cuerpo entero. Cosa extraña: esta característica de la inanimidad, me hace recordar trabajos otros en los que Edwin, contrariamente, habiendo dado mucho de sí, no aparece como tal o aparece sólo tangencialmente: por ejemplo: como hacedor de la Antología de la poesía ecuatoriana del siglo XX publicada por la Editorial Visor de España, un trabajo de mucha valía que, tengo la impresión, no ha sido valorado en el país como debiera; como impulsor de varias colecciones de poesía, cuento y novela, como editor de revistas y, como lo hiciera alguna vez Ezra Pound, como guía y enlace entre escritores y editores, procurando siempre sacar adelante proyectos editoriales que de otra manera habrían quedado en el olvido: La publicación de la obra completa de Walt Withman en versión del ecuatoriano Francisco Alexander, en el sello Visor, es uno de los mejores ejemplos que dan cuenta de esta actividad.

Me une a Edwin una amistad iniciada hace 25 años. Lo conocí en un taller de literatura. Recuerdo que aquel lunes cuando me presenté al grupo en el cual Edwin formaba parte, él tomó la palabra para darme la bienvenida y, ante todo y todos, pedirme algo que entonces me causó pánico por su énfasis en la sola condición o requisito indispensable para formar parte de ese colectivo, a saber, lo único que daba sentido y razón de ser a esas sesiones semanales: el trabajo serio, continuado y sostenido, es decir, en ese entorno, la escritura constante de poemas, cuentos y variaciones de una escritura que, como toda escritura, lo sabría poco después, debe estar siempre abierta a la crítica y ubicada a prudente distancia de quien la ejerce —por su propio bien, por el de la literatura, si ésta le importa de verás. En Mordiendo el frío y otros poemas, veo de cuerpo entero al amigo que entonces me hiciera ese pedido. Yo no estoy seguro de haber comprendido bien esa petición y peor de haberla seguido. No me cabe duda, en cambio, de que los postulados de ese pedido, han sido y son los principios que han acompañado y acompañan los días de Edwin.

Víctor Vallejo

Quito, 23 de julio de 2009


Bellísima Katia cuídate de los poetas, porque te perseguirán con versos de salón, como lo han he­cho con las bobas que se detuvieron a escucharlos.

***

Cornelia no es una muchacha, es el diablo metido en un cuerpo terso y afiebrado. Con ella mis días tuvieron el aroma de la hierba buena o fueron una cama cubierta de chinches.

***

Admirado Filipo si el corazón y calzoncito de Marcia no son tuyos, no te engañes. Pues alocado como andas, vas directo a la cárcel o al hospicio.

***

Fina y desvergonzada Leuca, háblame de esa muchacha saltarina, más vivaz que ardillita de bosque, que escribe con gracia poemas lúbricos y candentes. Pues cierta noche, la muy bribona, me mantuvo desnudo sobre la cama y ni siquiera se desprendió de la cinta que adorna su cabellera.

***

Amoroso Propercio, por más bella y sublimada que sea Cintia, abandona la humillante y triste tarea de cantar a su amor. Aléjate de ella como la luna que deja paso a la claridad. Tampoco vayas detrás de tus rivales con ganas de incendiarles. Solo mitiga y tra­ga tu orgullo para que después no haya arrepenti­mientos. Pues a quién más que a ti, amoroso Propercio, se le puede ocurrir decir ante la lápida de Cintia: ese polvo fue mujer admirable, en vez de esa mujer fue admirable para un polvo. Que, en defini­tiva, es lo que carcome tus días.

***

Ayer estuve en la fiesta de Tito y no creas que perdí mi tiempo, pues me entretuve observando al ladino Procolo que iba de mesa en mesa entregando su libro de versos cursis y mal medidos. También vi al cegatón Tarcisio apurándose los vinos sin ninguna discreción, y estaba Porcio Latrino con la barba crecida y su enigmática sonrisa de plebeyo. Mas, refresco para mis ojos fue tu afamada Aurelia, quien lucía escotes pronunciados. Y no preguntes más amigo, porque huí junto a ella, apenas la luna se colocó sobre mi cabeza.

***

Bondadosa Clío, tú que celebras al amor con delicia, enséñame cómo cantar a esa muchacha de cabellos largos y negros de quien no he vuelto a tener noticias.

***

Al ingresar al parque vi a Quintilio Máximo besando a una muchacha, para no interrumpir su placer torcí mi camino. A punto de salir de los árboles, unos pasos agitados se detuvieron junto a mí:
—¡Por favor amigo! No digas a nadie que me viste con ese muchacha.
—¡Insensato Quintilio! Nunca saldrá de mi boca que te coges a la más fea de todas.

***

Ya no recuerda que fui su héroe por quien en innumerables ocasiones le mintió a su padre.

***

Hay un frío intenso en sus ojos que nadie podría adivinar el fuego que ardió entre los dos.

***

Hace poco vi a Hilaria con una nube de hombres. Mas solo yo sé que pierden el tiempo.

***

Fui extranjero en una ciudad lejana y allí ella saboreó mis versos.

***

En mi visita a la librería una dama me preguntó: ¿Tiene alguien quien le cocine?
Desde entonces viene los sábados. Al llegar se desnuda de pies a cabeza, se pone a cocinar y yo disfruto de platos fabulosos.

(2005)

Cuento

Su madre le dijo por donde vayas, anda con mucho recato y mesura. Sin mirar a los que vengan de frente. No saques los ojos de tu camino y sigue sin que te importe nada. Pero la muy boba se quedó en el semáforo, fijándose en el primero que se le cruzó. Todavía más, cuando éste le preguntó: ¿qué traes en la cartera? La muy viva le contó que llevaba las tartas para la abuela.
Fue así como el lobo también le comió a ella.



Del recetario del nuevo mundo

La leyenda habla de una monja dominica con saberes enciclopédicos; aunque lo único que se conoce de ella es su Recetario del Nuevo Mundo. Un compendio culinario de comidas profanas, que la monja preparaba para exacerbar las pasiones de los prelados.
En su célebre Receta para los matrimonios de infieles, mezclaba más de diecisiete esencias entre cacao, canela, ají, clavo de olor, pimienta, jora; y elaboraba una salsa con la que ponía a asar marranos a fuego lento. El animal humeante de fragancia, era servido con ajíes en las orejas y un tomate rojo en el hocico. La comida se iniciaba con la Oración al Chancho: Bendito, bendito que moriste por nosotros, libéranos hasta clarear el día. Dicho esto, los monjes hundían el diente y se apuraban jarras de vino o chicha; para luego, uno por uno, cruzar el patio, subir escaleras, recorrer los pasillos e ingresar en las alcobas donde monjas locas esperaban por ellos.

(inéditos)