jueves, 29 de noviembre de 2007

Matar a la bestia se presentó en México



Ya está circulando el nuevo poemario de Augusto Rodríguez denominado Matar a la bestia. Libro recopilatorio de su autor donde se recoge lo mejor de sus cuatro anteriores libros: Mientras ella mata mosquitos, Animales salvajes, La bestia que me habita y Cantos contra un dinosaurio ebrio. Más una parte de su inédito libro El beso de los dementes. Como lo define su autor, este libro es una reescritura de su poesía. Una recopilación que pretende dar un panorama de lo hasta ahora editado.

Mientras ella mata mosquitos es un libro experimental y humorístico. Animales salvajes es la puerta al erotismo (no faltan los textos que giran entre los límites del microcuento, la burla y lo sardónico). La bestia que me habita es una obra más radical, erótica y visceral que se ha transformado en un libro extraño y llamativo que gusta mucho a varios poetas y grupos literarios del extranjero. Cantos contra un dinosaurio ebrio es el epigrama, el dolor y la madurez definitiva.

Matar a la bestia ha sido publicado por la Editorial Mantis Editores, de Guadalajara, México. Se presentó el sábado 24 de noviembre en la prestigiosa FIL (Feria Internacional de Libros de Guadalajara, México). El lunes 26 se presentó en la Casa del Archivo Histórico del Municipio de Colima, en el estado de Colima, por expresa invitación de jóvenes poetas mexicanos de ese estado.

La obra poética de Augusto Rodríguez viene despertando unánimes y destacados elogios por parte de importantes poetas y escritores ecuatorianos como extranjeros. Estamos seguros que este poemario Matar a la bestia abrirá nuevas puertas para que la poesía ecuatoriana se la lea en México y en muchos otros países de este Continente.


Opiniones sobre la poesía de Augusto Rodríguez:

En Mientras ella mata mosquitos asistimos a una sesión de alquimia poética en la cual la sátira, la denuncia, la introspección, el humor germinan un exitoso experimento lúdico y lúcido con el manejo de la palabra.

Diario El Comercio

Poesía no es solemnidad, parecen decir los poemas salvajes de Augusto Rodríguez. Y los animales que elige son palabras y situaciones tomadas directamente de la selva cotidiana. No es una operación fácil esta transposición a la poesía. Rodríguez la realiza en justa medida, prescinde de la
densidad grandilocuente que ha caracterizado a parte de la poesía ecuatoriana y se conecta con otras figuras que siguen creciendo con el tiempo, como David Ledesma, Cazón Vera, Rafael Díaz Ycaza. Poemas salvajes pero también leves y frescos, en un preciso equilibrio que revela a un poeta que trabaja en una obra en permanente progreso.
Leonardo Valencia
Barcelona, España


La bestia que me habita no es únicamente un canto a la muerte y la desesperación, también es un canto al placer. La voz poética, aunque a veces intente convencernos de lo contrario, no siente amor ni ternura, solo quiere gozar de la carne y sus vericuetos deliciosos. La mujer a la que canta no solamente es objeto de algunos poemas, también es la salvación. A ella, en el momento del acto sexual, le da el poder para matar a la bestia que lo habita. Sólo ella podrá ser su tumba.

Franklin Ordóñez Luna
Cuenca, Ecuador


La poesía de Rodríguez son agujas oxidadas -con la muerte colgando en todas partes- incrustándose desde las retinas hasta las entrañas del lector. Una obra radical -sobre todo si nos lastima desde la construcción a la que acude en cada poema, tanto más en la enfermiza temática que el autor se ha empecinado en llevar y cantar hasta los extremos-. Cantos contra un dinosaurio ebrio es un poemario áspero y terriblemente enloquecedor, no solo para leer de mañana, sino de noche, cuando los cadáveres han acudido al sueño para desconectarse de la realidad, y la soledad se vuelve más insoportable: a la medida de estos cantos que nos dejarán levitando toda la madrugada.

Alexis Cuzme
Manta, Ecuador

Con Cantos contra un dinosaurio ebrio del poeta ecuatoriano Augusto Rodríguez (Guayaquil, 1979), podemos notar como el lenguaje poético puede calar en lo más hondo de nuestras perversiones y no sólo encontrar a un ser desconocido (en todo caso aquella bestia que nos habita, y bebe de nuestra sangre para alimentar sus más desarraigados deseos), pero también encontramos en este breve poemario la reafirmación de toda una poética que parte de la contemplación hasta el sentirse abandonado, solo, destruido. Con un discurso que bordea el diálogo más arraigado y carnavalesco Rodríguez con esta nueva entrega, no sólo nos reafirma una poética basada en la autodestrucción, sino que nos reafirma también su lucha constante por reinventarse, por entender esta oscuridad a la que los hombres llamamos sociedad, quizá desde un punto de vista violento, pero que en resumidas palabras nos deja reconocer aquel monstruo que nos mueve, nos levanta en la mañana, nos lleva al trabajo, come nuestra carne, y quizás se enamora por un efímero e inútil segundo.

Paolo Astorga
Revista Remolinos de Lima, Perú


La muerte es el Leitmotiv de “Cantos contra un dinosaurio ebrio”, del guayaquileño Augusto Rodríguez (1979). La Garúa (Barcelona, España) recoge 35 poemas. Luego de sus precedentes “Mientras ella mata mosquitos”, “Animales salvajes” y “La bestia que me habita”, la poesía de Rodríguez decanta en una contundencia simbólica mayor. Esta obra devela a una voz madura y promisoria, capaz de vencer el temor de creérselo.

Diario El Comercio


1 comentario:

Amanda del Rio dijo...

Augusto te felicito por estos logros, espero que tu poesía llegue lejos, y podamos seguir disfrutando de ella, de su exquisita sensualidad, lenguaje...sin duda es prometedora, Un beso a la distancia.