jueves, 29 de noviembre de 2007

Matar a la bestia se presentó en México



Ya está circulando el nuevo poemario de Augusto Rodríguez denominado Matar a la bestia. Libro recopilatorio de su autor donde se recoge lo mejor de sus cuatro anteriores libros: Mientras ella mata mosquitos, Animales salvajes, La bestia que me habita y Cantos contra un dinosaurio ebrio. Más una parte de su inédito libro El beso de los dementes. Como lo define su autor, este libro es una reescritura de su poesía. Una recopilación que pretende dar un panorama de lo hasta ahora editado.

Mientras ella mata mosquitos es un libro experimental y humorístico. Animales salvajes es la puerta al erotismo (no faltan los textos que giran entre los límites del microcuento, la burla y lo sardónico). La bestia que me habita es una obra más radical, erótica y visceral que se ha transformado en un libro extraño y llamativo que gusta mucho a varios poetas y grupos literarios del extranjero. Cantos contra un dinosaurio ebrio es el epigrama, el dolor y la madurez definitiva.

Matar a la bestia ha sido publicado por la Editorial Mantis Editores, de Guadalajara, México. Se presentó el sábado 24 de noviembre en la prestigiosa FIL (Feria Internacional de Libros de Guadalajara, México). El lunes 26 se presentó en la Casa del Archivo Histórico del Municipio de Colima, en el estado de Colima, por expresa invitación de jóvenes poetas mexicanos de ese estado.

La obra poética de Augusto Rodríguez viene despertando unánimes y destacados elogios por parte de importantes poetas y escritores ecuatorianos como extranjeros. Estamos seguros que este poemario Matar a la bestia abrirá nuevas puertas para que la poesía ecuatoriana se la lea en México y en muchos otros países de este Continente.


Opiniones sobre la poesía de Augusto Rodríguez:

En Mientras ella mata mosquitos asistimos a una sesión de alquimia poética en la cual la sátira, la denuncia, la introspección, el humor germinan un exitoso experimento lúdico y lúcido con el manejo de la palabra.

Diario El Comercio

Poesía no es solemnidad, parecen decir los poemas salvajes de Augusto Rodríguez. Y los animales que elige son palabras y situaciones tomadas directamente de la selva cotidiana. No es una operación fácil esta transposición a la poesía. Rodríguez la realiza en justa medida, prescinde de la
densidad grandilocuente que ha caracterizado a parte de la poesía ecuatoriana y se conecta con otras figuras que siguen creciendo con el tiempo, como David Ledesma, Cazón Vera, Rafael Díaz Ycaza. Poemas salvajes pero también leves y frescos, en un preciso equilibrio que revela a un poeta que trabaja en una obra en permanente progreso.
Leonardo Valencia
Barcelona, España


La bestia que me habita no es únicamente un canto a la muerte y la desesperación, también es un canto al placer. La voz poética, aunque a veces intente convencernos de lo contrario, no siente amor ni ternura, solo quiere gozar de la carne y sus vericuetos deliciosos. La mujer a la que canta no solamente es objeto de algunos poemas, también es la salvación. A ella, en el momento del acto sexual, le da el poder para matar a la bestia que lo habita. Sólo ella podrá ser su tumba.

Franklin Ordóñez Luna
Cuenca, Ecuador


La poesía de Rodríguez son agujas oxidadas -con la muerte colgando en todas partes- incrustándose desde las retinas hasta las entrañas del lector. Una obra radical -sobre todo si nos lastima desde la construcción a la que acude en cada poema, tanto más en la enfermiza temática que el autor se ha empecinado en llevar y cantar hasta los extremos-. Cantos contra un dinosaurio ebrio es un poemario áspero y terriblemente enloquecedor, no solo para leer de mañana, sino de noche, cuando los cadáveres han acudido al sueño para desconectarse de la realidad, y la soledad se vuelve más insoportable: a la medida de estos cantos que nos dejarán levitando toda la madrugada.

Alexis Cuzme
Manta, Ecuador

Con Cantos contra un dinosaurio ebrio del poeta ecuatoriano Augusto Rodríguez (Guayaquil, 1979), podemos notar como el lenguaje poético puede calar en lo más hondo de nuestras perversiones y no sólo encontrar a un ser desconocido (en todo caso aquella bestia que nos habita, y bebe de nuestra sangre para alimentar sus más desarraigados deseos), pero también encontramos en este breve poemario la reafirmación de toda una poética que parte de la contemplación hasta el sentirse abandonado, solo, destruido. Con un discurso que bordea el diálogo más arraigado y carnavalesco Rodríguez con esta nueva entrega, no sólo nos reafirma una poética basada en la autodestrucción, sino que nos reafirma también su lucha constante por reinventarse, por entender esta oscuridad a la que los hombres llamamos sociedad, quizá desde un punto de vista violento, pero que en resumidas palabras nos deja reconocer aquel monstruo que nos mueve, nos levanta en la mañana, nos lleva al trabajo, come nuestra carne, y quizás se enamora por un efímero e inútil segundo.

Paolo Astorga
Revista Remolinos de Lima, Perú


La muerte es el Leitmotiv de “Cantos contra un dinosaurio ebrio”, del guayaquileño Augusto Rodríguez (1979). La Garúa (Barcelona, España) recoge 35 poemas. Luego de sus precedentes “Mientras ella mata mosquitos”, “Animales salvajes” y “La bestia que me habita”, la poesía de Rodríguez decanta en una contundencia simbólica mayor. Esta obra devela a una voz madura y promisoria, capaz de vencer el temor de creérselo.

Diario El Comercio


miércoles, 21 de noviembre de 2007

Un blog literario que hay que leer



El escritor, investigador y poeta Fernando Iturburu radicado en Estados Unidos vuelve con su recordado blog literario El regreso del pez que fuma. Arte, cultura, literatura, política ecuatoriana y de otros países en un mismo espacio, visiten este interesante blog: http://www.elregresodelpezquefuma.blogspot.com

lunes, 19 de noviembre de 2007

Entrevista a Bruno Sáenz Andrade


“El teatro es para mí otra forma de poesía paralela al verso y al poema en prosa”


Por Augusto Rodríguez


Bruno Sáenz Andrade nació en Quito en 1944. Es un destacado poeta, dramaturgo y ensayista ecuatoriano. Hace pocos meses acaba de publicar en México un nuevo libro denominado Vestigios y atenuadas voces. Aquí una breve entrevista sobre su vida y su poesía.

Bruno, vamos al principio, cuéntame: ¿cómo entras a la literatura? ¿Cuándo te decidiste a escribir poesía? ¿Y cómo es tu propio proceso a la hora de escribir poesía?

Entro como lector, estimulado por mi madre, que además me enseñó a leer antes de la escuela. Dibujo (pésimamente) tiras cómicas en la niñez. En el colegio, el estímulo es el de los profesores, en particular de Hernán Rodríguez y de Ernesto Albán, los dos del San Gabriel de Quito. Poco a poco, comprendo que puedo dedicarme a esa actividad tomándola como algo más que una afición. En cuanto a la poesía, la intento primero a través de unas traducciones del francés que no conservo, de los primeros años de la universidad. A través de ellas, me doy cuenta de que puedo intentar algo parecido al verso, pero ya he dedicado algunos poemas en prosa a las revistas Niziah y Ágora, durante los años universitarios.

¿Qué poetas son tus referentes y cuáles son tus autores de cabecera?

Claudel, fray Luis de León, Borges, Darío… Y otros, seguramente… Acaso Jorge Carrera Andrade… El autor ecuatoriano que tengo, ahora, por más cercano, es César Dávila Andrade, en parte porque dicto un curso sobre su narrativa a mis alumnos de la Politécnica. Entre los recientes (relativamente, al menos), tengo especial aprecio por Abdón Ubidia y Jorge Dávila, y los poetas Javier Ponce e Iván Carvajal, pero habría que citar a otros algo anteriores, como Adoum y Efraín Jara.

¿A qué autores o libros vuelves siempre a releer?

Carlota en Weimar de Thomas Mann y Partición de Mediodía de Claudel (no solo a estos dos, pero valgan los citados).

¿Cuáles son los temas o preocupaciones que siempre predominan en tu poesía y por qué?

La trascendencia de la vida y su puerta, la muerte; la memoria; la responsabilidad; los dones; la familia; la naturaleza y la complejidad de la palabra. Supongo que por imperativos éticos, pero en realidad no conozco las causas de mis obsesiones.


Veo que incursionas mucho en la prosa poética, ¿es tal vez una forma más precisa de decir lo que deseas, con más libertad, más allá del verso libre?

Comencé, ya lo he dicho, escribiendo prosa poética (y algún relato, género al que he vuelto hace poco). El poema en prosa es una forma de expresión que me resulta natural y, en efecto, cuando el texto tiende a lo narrativo, a lo explicativo, la prosa facilita la comunicación, sin perder por ello la calidad de sugerencia, de símbolo, la multiplicidad de sentidos propios de la poesía y del verso.


Acaba de salir publicado en México tu último libro Vestigios y atenuadas voces, ¿qué me puedes decir de este libro, qué opinas de que ahora te leerán con más fluidez en México?

Continúa las tendencias de los dos libros anteriores –de poesía, claro- publicados con El Conejo, y recoge las temáticas que ya he anotado. Quiero creer que hay más economía y sutileza en el último de los títulos… Se publicó en México gracias a una recomendación de Vladimiro Rivas, domiciliado en ese país y nacionalizado allá. El libro tuvo que pasar por una doble lectura, la dispuesta por la Editorial Colibrí y la de la UAM, las coeditoras, y entiendo que fue bien recibido. Ojalá la respuesta del lector de la calle sea igualmente favorable, pero carezco de noticias sobre la distribución… La publicación me ha permitido, al menos, iniciar contactos (no sé si ocasionales o permanentes) con escritores mexicanos que se mueven en el área universitaria.

Por lo mismo te pregunto: ¿Qué pasa con nuestra literatura? ¿Por qué no se la lee en el exterior?

Para Iván Carvajal, lo malo de publicar afuera es que el libro casi no circula en el país y se vende mal en el exterior, donde el autor no es conocido… Bueno: no se lee al autor ecuatoriano en el exterior, porque sus libros no llegan fuera de las fronteras, salvo excepciones o en cantidades mínimas, para estudiosos o especialistas, diría… Por supuesto, hay excepciones, pero no demasiado significativas. Se haría necesario todo un programa, con las editoriales nacionales y extranjeras y la Casa de la Cultura, vertido hacia el exterior, que incorporaría la edición, la promoción y la difusión, y con una selección rigurosa de los textos, lo que no quiere decir que haya que limitar los escogidos a los “clásicos” nacionales…

Es conocido tu trabajo en el teatro ¿qué me puedes decir al respecto?

El teatro es para mí otra forma de poesía –dialogada, dotada de una tensión especial-, paralela al verso y al poema en prosa

Si tuvieras que dar un consejo a alguien que recién empieza a escribir y que desea escribir sobre todo poesía hoy en día, ¿qué le dirías?

No recuerdo si era Confucio el que aconsejaba: “Lee a los malos poetas. Así, o dejarás de escribir o solo escribirás versos admirables”… Aunque la broma es significativa, lo que recomendaría al principiante es la lectura, la reflexión, el desarrollo de un autoconocimiento que le permita saber qué asuntos y qué formas le convienen… Sobre todo, le pediría que jamás se conforme con la facilidad ni con una supuesta espontaneidad. Esas cualidades pueden aparecer en el texto pero son, paradójicamente, el resultado de un trabajo consciente y, a menudo, arduo.

¿Actualmente en qué proyectos literarios está Bruno Sáenz Andrade?

Acabo de concluir una pieza de teatro sobre el mito de Prometeo, en verso; me dedico a un nuevo libro de poesía; he dado el último toque a una breve colección de relatos más o menos fantásticos. Pienso (apenas es un proyecto y a largo plazo) en una comedia en prosa; retoco un libro de ensayos que no me decido a publicar todavía.

miércoles, 14 de noviembre de 2007

Cantos contra un dinosaurio ebrio

Por Paolo Astorga
Editor de la revista Remolinos
Lima, Perú


Mirar la realidad es, no sólo observar el todo y delimitarlo a un acto desarraigado por llegar a lo grotesco como único camino hacia la verdad de la esencia humana, sino que es también el plasmar las inconsecuencias de las sociedades posmodernas lo que hace que el poeta no sólo denuncia o desmitifique la “estupidez humana”, sino que también sea parte de ella a través de una comunión existencial, donde es el poeta un ser depredado por sus deseos, sus emociones más terribles, sentimientos rebeldes que bordean lo neurótico, pero sin dejar de lado esa identidad con la realidad más próxima y doliente, que nos dará así a entender las propias frustraciones de los demás, que son en última instancia proyecciones del poeta para con su misma autodestrucción que muestra y demuestra la lamentable fragilidad de los seres humanos ante la naturaleza de sus actos por lograr algún acto de redención o seudo libertad.
Con Cantos contra un dinosaurio ebrio (editorial La garúa, 2007) del poeta ecuatoriano Augusto Rodríguez (Guayaquil, 1979), podemos notar como el lenguaje poético puede calar en lo más hondo de nuestras perversiones y no sólo encontrar a un ser desconocido (en todo caso aquella bestia que nos habita, y bebe de nuestra sangre para alimentar sus más desarraigados deseos), pero también encontramos en este breve poemario la reafirmación de toda una poética que parte de la contemplación hasta el sentirse abandonado, solo, destruido, estos sentimientos se notan muy definidos en el poema TODO SE IRA A LA BASURA, el cual abre la herida del lector para colocar allí su palabra, aquella palabra que afirma su realidad: “Mi corazón estallará como piñata de fiesta // de lo que algún día fui no queda nada / sólo vómitos de transeúntes // la borrachera es la última victoria / en estos días // la mejor poesía se sigue escribiendo en los baños públicos // Tanta es mi náusea / que vomitaré a la mujer que amo // y después me la devoraré // con un poco de esfuerzo pero con la muerte /dividida en mi garganta”.
En la mayoría de los poemas de este libro, podemos encontrar un discurso que gira en torno a un ambiente grotesco, fagocitario o simplemente lumpen. Entiéndase pues, que la creación de esta atmósfera es sólo un pretexto necesario para mostrar una faceta exterior e interior de los hombres en su vida posmoderna y también su desprotección hacia la nada definida en este libro como un ente terrible de la cual todos los seres humanos tratamos de huir de una u otra forma y que al poeta no le es indiferente sino su objeto, la herramienta, para iniciar su canto, no sólo para despertar al lector, sino tal vez, mostrarle una realidad que a simple vista puede relacionarse muy bien con nuestra realidad donde la violencia, las contradicciones, la pérdida total de valores enfrentan al lector contra este dinosaurio ebrio que es en última instancia su misma hipocresía, saber que ya no hay escapatoria: “Nada somos / mas que un poco de sol / en los ojos // y aire movido / por los labios (...) (...) hay muertos que copulan / con otros muertos // nada queda / sólo mi rostro bañado / de venenosas serpientes”.
El cuerpo es aquella herramienta de goce, pero a su vez de dolor interminable. Captamos desde su contemplación hasta sus formas más eróticas una obsesión por el sentir, sabiendo de ante mano lo efímero y funesto que puede resultar experimentar estas emociones en nuestra carne: “(...) he vuelto a ti para coronarte / como la reina / de mis tinieblas // es lo único que puedo hacer por ti / llámame vagabundo / o Satanás / pero no me prives de tu carne”.
La presencia de “el otro” en este poemario es indiscutiblemente dos cosas: En un primer plano un objeto que sólo sirve para placeres efímeros (nótese el cuerpo, la mujer, etc.) y en un segundo plano un ser destruido y deshumanizado que tratará de reinventarse en un ser totalmente indiferente ante su propio dolor, adaptado a sus inconsecuencias, el escape de la realidad, quizás la locura o la muerte o quizás las dos, que poco a poco tratará de encerrar toda idea de libertad, en algo extraño, sórdido, imposible: “el asesino escapa / de la escena del crimen // pero muy pronto / volverá a ese sitio // tal vez por nostalgia // o por el olor / de la sangre”.
El poder esta bien delineado en este libro. Podemos notar desde una perspectiva obsesiva y desvirtualizada cómo la voz poética se condena muchas veces a negarse al poder. Es en sí una voz sometida que no quiere morir sin antes gritar que todo se está yendo al mismísimo infierno, quizá convencerse que sólo somos un pedazo de carne que no se puede resistir a ser hombre y en definición un pecador, un exiliado en medio de hermosas imágenes plásticas y lo cotidiano, reventándonos en el rostro para abrir nuestras más profundas heridas, la eterna contradicción que nos llena de una estúpida belleza: “Yo te condeno / hombre / o pecador // a morir entre las horas de almuerzo /o en las tardes aburridas de oficina. // Mas yo te llamo a que revientes / tu cuerpo // después de la medianoche / porque es allí donde empieza la vida // entre cuerpos sudorosos, sexo, drogas / y buen jazz”.
Bajo otro aspecto, este libro predomina por la presencia de poetas y escritores universales como lo son Vallejo, Borges, Pound, etc., que al ser “transformados” en el poema cobran otra magnitud y en todo caso, son ironizados a tal grado que podemos encontrar puntos de conexión muy interesantes, ya que así podemos no sólo recrear su la esencia misma de estos personajes, sino que contemplamos también cómo éstos se mimetizan con el ambiente hasta lograr una comunión especial con el discurso y quizás darnos claves importantes para la interpretación del discurso que bulle de este libro: “Venga a almorzar a mi casa señor Vallejo / yo lo invito (...) no se olvide de traer también / algunos poemas / de su autoría // sé que lloraremos / algunas horas // pero después la pasaremos / de maravilla // salud”.
Pero no sólo predominan estos personajes, sino que Augusto, ensaya e interpreta el desquicie humano a través de poemas que reflejan la infancia. Una infancia donde no sólo se describe la cotidianidad familiar a través de recurrentes referencias paternales, sino que se observa desde allí el núcleo de sus dolorosos estigmas, el inicio de todo el desastre donde la mezcla peligrosa está en la nostalgia, la frustración y un odio remoto, pero latente: “Mi padre murió en una alcoba de hielo / y su cuerpo cada vez se adelgaza, / se empequeñece, se evapora, / se disuelve en el aire vacío de la nada, / la lámpara de la alcoba / juega con la materia de su piel. / Sus dientes amarillos / llenos de cáncer me sonríen / yo le sonrío / temblando de miedo / aunque de a poco / se convierta en polvo fugaz.”
Con un discurso que bordea el diálogo más arraigado y carnavalesco Augusto Rodríguez con esta nueva entrega, no sólo nos reafirma una poética basada en la autodestrucción, sino que nos reafirma también su lucha constante por reinventarse, por entender esta oscuridad a la que los hombres llamamos sociedad, quizá desde un punto de vista violento, pero que en resumidas palabras nos deja reconocer aquel monstruo que nos mueve, nos levanta en la mañana, nos lleva al trabajo, come nuestra carne, y quizás se enamora por un efímero e inútil segundo: “tan sólo seguiremos como un soldado moribundo / o un apostador sin su as bajo la manga / ante el crudo aguacero que nos odia / o de la tormenta de acero que nos decapita.”

lunes, 12 de noviembre de 2007

Una crónica del I Festival de Poesía Joven Ecuatoriana Naranjal 2007


Por Alexis Cuzme


El Primer encuentro de poesía joven ecuatoriana Naranjal 2007, se desarrolló sin mayor novedad, no todos los convocados llegaron hasta este cantón de la provincia del Guayas, pero quienes tuvimos la oportunidad de viajar (y soportar las casi interminables horas metidos en uno o dos buses que nos llevaran hasta la “tierra del cangrejo y banano”, como se la suele reconocer) lo hicimos con la consigna de, además de leer nuestras obras, ser parte de este inusual e inaugural evento que la Casa de la Cultura extensión Naranjal (Rafael e Irene, excelentes anfitriones) se arriesgó a organizar.

La llegada de los poetas
El encuentro se realizó los días viernes 2 y sábado 3 de noviembre. Sin banda de guerra, menos agrupación de metal aguardando la llegada de alguien, los poetas de Quito, Guayaquil, Manta, Cuenca, Riobamba y Loja fueron llegando de a poco. Algunos en gajo, otros solanos; unos desde el primer día, otros en el segundo.
El primer reconocimiento fue del espacio al que habían sido convocados: un cantón pequeño, tranquilo y de gastronomía enloquecedora.

Los poetas y la prensa radial
Como parte de la programación, los escritores estuvieron invitados a dos radios locales para dar a conocer lo que horas posteriores se desarrollaría, además de aclarar todas las inquietudes que los entrevistadores tenían en torno a la poesía y la creación individual de los poetas (algunas preguntas ingenuas, otras chocantes, pero todas divertidas en el fondo).
Así se cumplió con parte de la agenda que se exigía a los convocados, el efecto sin duda, fue un asistencia de público que en ningún momento demostró quedar decepcionada de los invitados.

La lectura de los poetas
La primera lectura se desarrolló por la noche. Un público conformado por autoridades del cantón y estudiantes, sin olvidar a los poetas invitados, se congregaron en la sala comunitaria de la iglesia local. Allí los invitados leyeron sus obras (publicadas e inéditas) a un público a cada momento interesado en las creaciones individuales y en lo que representaba el momento de tener reunido a escritores que en conjunto son parte de la actual poesía de Ecuador.
Se trató de una primera lectura extensa que inició a las ocho de la noche y terminó aproximadamente a las diez. Dos horas de poesía y charla con el público, que no perdió la oportunidad de hacer firmar los ejemplares obsequiados del libro memoria del festival.

Segunda y tercera lectura de los poetas
Las dos lecturas posteriores (una a las once de la mañana y la otra a las cinco de la tarde) se hicieron en escenarios abiertos, lo que brindó la posibilidad de que público no necesariamente interesado en la poesía, espectara y fuera parte de su consumo.
Los poetas cumplieron con su tarea de leer y, en varios casos, atrapar a los oyentes de Naranjal, que encontraron en las distintas temáticas abordadas por los autores, una aproximación de lo que actualmente se hace -escribe- en el país, desde sus distintas ciudades.

Los poetas se retiran
Culminadas las tres lecturas programadas, la mayor parte de los poetas emprendieron la retirada a sus respectivas ciudades. Agotados por los dos días intensos de poesía y camaradería, de paseos dentro de la ciudad, de consumirla desesperadamente, pero sobre todo de haber dejado en muchos de los asistentes los residuos –aún en este momento- rebotando (entre sus recuerdos o quizás pesadillas) de sus poemas: gritos fraguados en cada uno de los silencios personales que se expusieron durante tres momentos.

¿Alguien extrañará a los poetas?

miércoles, 7 de noviembre de 2007

Iván Oñate: El poeta tiene que nacer y morir en cada poema


Por Alejandro González

Diario El Caribe de la República Dominicana

Este escritor ha sido catalogado como una de las voces más “originales” de la nueva generación literaria. Tras un encuentro cercano con la muerte, habla con El Caribe sobre su renovada vocación por las letras…

Cuando lo conocí, Iván Oñate tenía la mirada enterrada en el vacío. El rostro endurecido era el signo inequívoco de que estaba sumergido en un viaje interior. Me acerqué preparado para el rechazo, pero en cambio recibí un saludo generoso.

Su voz se alzó cargada de humanidad, y ahí mismo pautamos la entrevista. Pero el tiempo desfondó sus obstáculos, y la oportunidad se me escapó de las manos.

Meses después, habiendo recorrido ya parte de su bibliografía, le escribí para que me contestara unas cuantas preguntas. Lo alcancé de milagro. Tras responder con tono cálido, me contó que había sobrevivido por poco un naufragio. En ese momento sentí que su voz abarcaba de pronto una dimensión más amplia.

Iván, tu libro de cuentos El hacha enterrada va por su séptima edición. ¿Te esperabas que esa obra fuera a ser tan bien acogida cuando la publicaste por primera vez hace ya veinte años?

La ambición de un primer libro de cuentos como es el caso de El hacha enterrada, siempre es paradójica y modesta. En su ejecución uno nunca piensa en el triunfo o en el éxito. Piensa en algo más grave y profundo.

En la salvación de su propia existencia. Por otra parte, hace 20 años era imposible pensar en el éxito literario. Eso prácticamente no existía y menos en mi país. En cambio el fracaso, eso se daba por descontado. Pero, en buena hora, tengo que contarte que está por aparecer una octava edición y la traducción francesa.

La antología Biografía apócrifa de Borges evidencia una evolución estética en tu poesía. ¿Cómo ha cambiado con los años tu visión del poema?

Me gusta la pregunta. Porque yo veo una gran diferencia entre la poesía y el poema. La poesía es quien elige al poeta. De esa pasión, de ese enamoramiento, surge el poema como un fruto concreto. Por lo tanto, mi visión de la poesía sigue siendo la misma. Quizá, lo que ha cambiado, es la visión del poema. Más corto, más humilde, más esencial. Como exige la eternidad de cada instante.

Poeta y narrador, ¿cómo concilias a la hora de escribir prosa y poesía?

Te decía anteriormente que la poesía elige al poeta, no al contrario como muchos piensan. Es como estar enamorado. Uno no puede elegir y menos fingir esa felicidad o esa desesperación. La prosa en cambio, obedece a otro proceso. Requiere disciplina y esfuerzo. Uno tiene que armar y desarrollar una estrategia. Por eso se habla del oficio del novelista o del cuentista. En prosa, el oficio es sumamente positivo. En poesía, el oficio es deplorable. Equivaldría a decir de alguien que es “un enamorado de oficio”. El poeta tiene que nacer y morir en cada poema.

Dos reconocidos antólogos franceses han dicho que en ti “se encuentra probablemente el poeta más original de la nueva generación”. ¿Tú qué crees?

Agradezco la opinión de los críticos franceses. Porque pienso que la originalidad es lo primordial en un poeta. Primordial y urgente como respirar. Ciertamente que respiramos todos los humanos, pero cada uno de nosotros lo hace a nuestra propia manera. Puede resultar fatal, imitar el respirar de otros. Armando Romero, en su Antología de la poesía latinoamericana del siglo XXI, aparecida hace pocos días en España, me identifica con otros poetas como: Luis Oswaldo Tedesco, José Watanabe, Juan Manuel Roca, Antonio Deltoro, Gonzalo Millán y Marco Antonio Campos y nos caracteriza como poetas “del ser y la existencia”.

Estuviste este año en la Feria del Libro de Santo Domingo. ¿Qué impresión te llevaste de la República Dominicana?

Presumía de la grandeza del pueblo dominicano, ya que conocía el pensamiento de Pedro Henríquez Ureña. Poeta, lingüista, personaje admirado por Borges, lo cual es mucho decir. Pero la calidez y talento del pueblo dominicano, desbordó todas mis expectativas. La Feria del Libro, sirvió para comprobarlo. Muy bien organizada. Muy amena. Que la vida bendiga a esa Patria hermana.

Correa acaba de ganar los comicios para la Asamblea Constituyente, lo que le dará la posibilidad de hacer cambios radicales en la estructura del Estado. ¿Hacia dónde se dirige Ecuador?

La imagen de un pueblo insurgente, de un pueblo que sabe ganar sus derechos, siempre será heroica. Mucho mejor si lo hace razonadamente, por el voto. Pero esta virtud entraña otra. La enérgica reacción cuando ve frustradas sus esperanzas. Esperemos que esta segunda posibilidad, en mi pueblo, no vuelva a repetirse.

¿Qué podemos esperar para el futuro de Iván Oñate en términos literarios?

El 14 de agosto, a la una de la tarde, estuve apunto de morir. Puesto que la embarcación en que viajaba, naufragó en el puerto de San Lorenzo, en la frontera con Colombia. Esta llamada del destino, sirvió para rejuvenecer mis ganas de escribir. Creo que ese tirón de orejas es lo mejor que le puede ocurrir a un escritor. Quiera la suerte que comparta esos frutos, con los hermanos dominicanos.

Trazos del autor

Nació en Ambato, Ecuador, el 17 de marzo de 1948. Ha publicado Estadía Poética (1968); En casa del ahorcado (1977); El ángel ajeno (1983); El hacha enterrada (1987); Anatomía del vacío (1988); El fulgor de los desollados (1992); La canción de mis compañeros de celda (1995); y La nada sagrada (1998). Parte de su obra ha sido traducida al alemán, inglés, portugués, francés, griego, rumano e italiano. Krystyna Rodowska, traductora de Borges, Proust y Paz, actualmente traduce su poesía al polaco.

Cuestionado sobre el papel que desempeñan los escritores e intelectuales ecuatorianos en esa sociedad, Oñate responde con humildad y modestia, alejándose de la grandilocuencia: “Prefiero atajar esta pregunta en una condición más humilde, la del poeta. Ciertamente que la poesía no sirve para cambiar las estructuras socioeconómicas. En definitiva, no sirve para cambiar la vida. Sin embargo, sirve para algo más fundamental e importante. Sirve para cambiar la existencia. Cortázar cambió mi vida y Borges el espesor de mi sangre”.





lunes, 5 de noviembre de 2007

30 cuentistas hispanoamericanos en literaturas.com


La premiada cuentista y antologadora chilena residente en Barcelona, Claudia Apablaza (Rancagua, 1978) acaba de compilar en la prestigiosa web española de literatura, literaturas.com, a 30 jóvenes cuentistas hispanoamericanos, entre los que constan dos ecuatorianos: Juan Fernando Andrade y Miguel Antonio Chávez. Del prólogo de Apablaza extraemos las siguientes citas:

"Es una compilación de treinta autores que escriben y publican en sus países y que además leen a otros autores que leen a otros autores que leen a otros autores que leen a otros autores y que leen..., hasta que un aprendiz se detiene un segundo a pegar en silencio algunas láminas del álbum".

"Los aquí compilados nacieron dentro de una figura. Ésta se arma si trazamos una línea continua entre las fronteras de Perú, Chile, Argentina, España, Bolivia, México, Colombia, Nicaragua, Ecuador, Cuba, Venezuela y Uruguay.
Mantenga esa figura en su cabeza.
Ahora recuerde, libremente, a otros cuentistas que nacieron dentro de ella y entre 1975 y 1985. Recuerde también sus cuentos. Léalos, inclúyalos, exclúyalos, realice lo que desee con esos otros cuentistas. Amplíe el territorio
Basta.
Ahora elimine la figura de su cabeza.
Abra los ojos.
Deje de imaginar"

La lista de los antologados, con sus respectivos títulos, textos y reseñas de autor pueden leerse con mayor detalle aquí.

  1. Mario Cuenca Sandoval: PANG
  2. Natalia Mardero: DERMIS
  3. Federico Vite: A KISS IS JUST A KISS
  4. Luis Fernando Charry: UNA POÉTICA MENOR
  5. Iván Humanes: ETERNA
  6. Rubén Don: DILACIONES
  7. Augusto Effio: VÍRGENES
  8. Carlos Labbé: VARIACIONES DEL BOSQUE
  9. Margarita Posada: PIERNA MATA FÚTBOL
  10. Salvador Luis: TERRITORIO DE ULTRAMAR DE NUEVA CALEDONIA
  11. Elvira Navarro: PARÍS PÉRIPHÉRIE
  12. Patricia Poblete Alday: ADAGIO
  13. Mónica A. Ríos: EXTERMINIO
  14. Samanta Schweblin: LA FURIA DE LAS PESTES
  15. Luis Valenzuela: DE COLECCIÓN
  16. Maximiliano Barrientos: PRIVACIDAD
  17. Daniela Bojórquez: SÍSTOLE CLAP
  18. Miguel Antonio Chávez: CAFÉ ANACRÓNICO
  19. Jorge Enrique Lage: DEL BARRO/ DE SISMOS/ DE GÁRGOLAS/ DE ONDAS
  20. Cecilia Rojas: EL SUEÑO AMERICANO
  21. Claudia Ulloa Donoso: MANTEL BLANCO
  22. Juan Fernando Andrade: EL LUGAR DE LOS HECHOS
  23. Mariano Catoni: EL CASO DE LOS DOS VIEJOS VIEJÍSIMOS
  24. Ana García Julio: LUCÍA
  25. Daniel Gascón: LA PRUEBA
  26. Roger Otero: EL POZO
  27. Rodrigo Peñalba Franco: COROICO
  28. Mónica Belevan: PAVANA PARA UNA INFANTA DIFUSA
  29. Susana Haug: HAMBRE
  30. Ignacio Alcuri: PATÁN UNIVERSAL
(Fuente: http://www.literaturas.com/v010/index0711revista.asp )