Por Xavier Oquendo Troncoso Antipoético. Irreverente. Lanza sus dardos con humor y verdad, sin la liturgia del metalenguaje. Sin recurrir a los dioses griegos ni a paganismos sin sustento que los recoja. Sin epígrafes de “genios”, sin “Poética del Silencio”, sin aspavientos, sin esas parafernalias de los poetas jóvenes de nuestro tiempo y país, que más son lo que dicen ser, que lo que se dejan leer. Rafael nos enfrenta al espejo de su verdad con estos recursos tan preciados que ahora presta “el lugar común”; usado ya, y con magnífica solvencia, por el maestro Nicanor Parra o por nuestros grandes poetas Euler Granda y Sonia Manzano. Sosteniéndose en esa forma que de tanto haber huido el común de los poetas se ha vuelto un recurso tan nuevo. Rafael, el crítico. Poeta social. Poeta de nuevos afectos. De verdadera autenticidad. No se deja ver en su discurso esa “divinidad” del “exquisito”, sino que por las arterias de sus versos, fluy...