sábado, 19 de julio de 2008

A propósito de un gran Con plexo de culpa


Por Sonia Manzano

“Yo soy un sueño desplumado/ un verso agónico/ un rosario de esperas/ un suicidio anticipado.../”. Así, bajo la conceptuación que sin ningún pudor se complace en mostrar las entrañas más íntimas de una voz discursiva “caóticamente rota/ como una lágrima fotografiada/”, se presenta ante nuestra consideración lectora -cada vez más difícil de convencer-, Con plexo de culpa, poemario de la autoría Dina Bellrham (Milagro, Ecuador, 1984) cuyo contenido desestabilizante provisto de automatismos oníricos que con frecuencia afloran al lenguaje como imágenes definitivamente bellas, pero de alcances terribles - “como el grito de la niña/cuando viola a sus muñecas/...”- hace que la ubiquemos en un surrealismo de signo hiperbólico, de mayor evolución del que se dio en las letras europeas a principios del s. XX.

Actitud de agresiva ruptura, capacidad creativa de manifiesta originalidad, códigos lingüísticos de sorprendente cuño, son rasgos que percibimos en la poética de una voz joven que nos conmociona, más que conmovernos con sus frutos cáusticos, no exentos de afectividad, extraídos con dolor de los intersticios profundos de una sensibilidad extraña, palpablemente artística; por todo lo cual no vacilamos en afirmar que Con plexo de culpa se constituye en una de las muestras más válidas de la joven poesía ecuatoriana y, ya centrándonos en el género al que pertenece su autora, uno de los discursos más bulirantes dentro de la lírica escrita por mujeres ecuatorianas, por su reciedumbre amarga, funcionalmente literaria, en la que se generan versos viscerales como éste: “El suelo se ha vuelto puta en los zapatos/...”

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