domingo, 24 de febrero de 2013

Mi patria es la irrealidad de Augusto Rodríguez


Mi patria es la irrealidad
performance I
Colección Escritores en su tinta. Cascada de palabras/ cartonera
Ciudad de México DF,  2012
Augusto Rodríguez

Futuro y presente esplendor

Por Rafael Courtoisie

Las palabras entretejidas en una envolvente que integra racionalidad y a la vez energía plena, subconsciente, de la materia proveniente de los sueños; el discurso como cosa en sí cuya categoría existencial puede ser habitada y comprendida, el paso más allá del neo barroco lezamiano que comenzaron a dar figuras de la talla del cubano José Kozer y del uruguayo Eduardo Espina; la voluntad de decir y de fundar el decir sobre una solidez orgánica y disfrutable, asimilable, nutricia; la plena conciencia de la poesía como discurso central en el nuevo milenio, como fundación de un poder trascendente; el conocimiento y el recurso de la intertextualidad que integra una reflexión ensayística que remite a Michel Foucault y a diversos pensadores recientes con una propuesta de construcción del saber que parte de la abducción y del establecimiento de relaciones trans empíricas que superan o tienden a superar la falacia positivista desde y mediante el contundente hacer poético; la fundación de una certeza absoluta sobre un tallo infinitesimal de vidrio delgadísimo y sin embargo firme,  poderoso; la voluntad de ver que sigue a la voluntad de saber y supera la voluntad de mentir; la concreción formal de una poesía en prosa cuyo torrente abisal de vocablos encuentra el ritmo y la misión secreta de cada sonido en una desmesura controlada y efectiva, en el empleo de una hybris que es aporía textual puesto que desemboca en una sophrosine, en un equilibrio donde el prodigio se instala siempre al borde del abismo y, sin caerse, logra decir, logra verter en la corriente sintagmática ese esplendor, ese dolor y esa dicha de la poiesis; son características del proyecto, de la palabra hecha proyecto poético de Augusto Rodríguez.
“Mi patria es la irrealidad” es, inicialmente, un verso de Kozer. Ese verso ahora es resignificado, ampliado, re-textualizado en este libro que augura un “futuro esplendor” desde la solidez de un esplendor presente.
“Mi patria es la irrealidad” es, por otra parte, la prosecución de la duda como método. Y no se trata de la duda  cartesiana sino de otro modo basal de concebir el discurso, un modo dialéctico y fruisible, un modo donde la vibración y la oscilación sonora y sintáctica amplían y profundizan la dimensión semántica.
“Mi patria es la irrealidad” es un ejercicio de libertad y una composición que cuestiona la historia textual del martirologio y de las consignas desde una disolución serena de esas mismas consignas y desde un examen calmo, y por calmo, hondo, del contenido moral de las palabras y de la crasa virtualidad en ocasiones oculta detrás de la apariencia de ese “contenido moral”, cuya vehemencia a veces es tan solo una máscara del vacío: “ningún cuerpo es tierra firme. los cuerpos se embarcan y vuelan en distintas direcciones. los planetas cada día se ven más lejanos. una voz nos recuerda el pasado y a la palabra dios. los cuerpos niegan su origen y se escoden en la carne. ningún cuerpo será jamás bandera, patria o muerte.”

Pero “Mi patria es la irrealidad” es también la seguridad de que un espacio de plenitud, de saber en el decir, se abre en la articulación del texto, y más allá del texto, en esa actitud eminentemente poyética, creadora.
No se trata de un libro, no se trata de un libro de poesía, no se trata de un cúmulo de palabras que procuran atrapar imágenes, no son jaulas de barrotes de versos que custodian la ilusión de un vuelo.
Se trata más bien de movimiento, de puro lenguaje en alto.

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