Hipólito Alvarado,
Carlos Eduardo Jaramillo, Fernando Cazón Vera, Rodrigo Pesántes Rodas, José
Luis Villacreces, Antonio Santos (España), Carlos Rojas, Rosa Amelia Alvarado, Sonia
Manzano, Hernán Zúñiga, Géza Szöcs (Rumania), Balázs F. Attila (Rumania), Adnan
Al-Sayegh (Irak), István Turczi (Hungría), Eduardo Morán, Maritza Cino, Teodoro
Rubio (España), Galo Guerrero, Ahmed al.Shahawi (Egipto), Xhevdet Bajraj
(Ex Yugoslavia), Mohammad Hudaib (Palestina), Francisco Véjar (Chile), Najwan
Darwish (Palestina), Rodolfo Salazar, Luis Aguilar (México), Ghadeer Abusnieineh (Jordania), Fakhri Ratrout
(Palestina), Gabriel Cisneros, Franklin Ordóñez, Paulo Ferraz
(Brasil), Carlos Aguasaco (Colombia-USA), Juan Carlos Miranda, Miguel Maldonado
(México), Rafael Méndez Meneses, Augusto Rodríguez, Luis Alberto Bravo, Alexis
Cuzme, Lizabel Mónica (Cuba), Cristina Reyes, César Eduardo Galarza, Diana
Alvarado, Andrés López, Janina Camacho Camargo (Bolivia),Víctor Moreira, Ángela
Suárez (Colombia), Laura Nieves, Mishelle Macías, Raquel González, Tyrone
Maridueña, Mariella Toranzos, Tamara Acosta, Karen Sevilla (Puerto Rico),
María Fernanda Campos, Verónica Cattan, Cristina Cazorla, Andrea Freire,
Giovanni Salvatore Bayas, Lucero Llanos Orellana, Lissette Gallardo, José
Vásquez, Rosa Cabrera, Miguel Párraga, Danny Lucero, Amanda Pazmiño, Tannya
Franco, Andrea Fuentes, Madeline Durango, Astrid Singre, Doménica Jácome, Edgar
Zurita, Brady Gutiérrez.
Velásquez & Velásquez Editores Colección Juvenalia, Serie Viva Quito, Ecuador, 2012 Por Santiago Páez Introducción Tal vez una de las caracterizaciones que podemos hacer del trabajo de un escritor es la de asegurar que su función en la sociedad y ante el mundo es la de devenir en un desapasionado relator de lo atroz. Hay escritores bonancibles e incluso algunos han redactado obras que alegran el espíritu y nos muestran el lado amable de las cosas. Y sus obras, sin dejar de merecer el respeto que debe otorgársele a toda producción humana, son menores, limitadas, no llegan a ser artísticas del todo. Es que esa tarea de reconciliarnos con el mundo no es la del arte, es la de los discursos memos de los medios de comunicación de masas: el cine de Hollywood, las telenovelas mexicanas o la música pop. El arte, el verdadero, está para que a partir de su apropiación, de su lectura, los humanos construyamos, en nuestras mentes, una simulación lúcida del mund...
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