
Ayer, falleció en su ciudad natal, la gran poeta peruana Blanca Varela (Lima, 1926). Muy joven ingresó a la Universidad de San Marcos para estudiar letras y ecuación. En 1949 se radicó en París, ciudad donde conoció a Octavio Paz y a varios intelectuales latinoamericanos y españoles radicados en Francia. Posteriormente vivió en Florencia y en Washington, donde se dedicó a hacer traducciones y eventuales trabajos periodísticos. Publicó libros como Ese puerto existe (1959), Luz de día (1963), Valses y otras confesiones (1971), entre otros. Para Octavio Paz, la poesía de Varela es un signo de su tiempo, el cual no hace más que nombrar. Para Varela, la escritura es en sí misma la búsqueda de un fin que sabe imposible, es a la vez esa búsqueda con su carga de imperfecciones y el fin que no se alcanza. Varela obtuvo el Premio Reina de Sofía de Poesía Iberoamericana en el 2007.
ESCENA FINAL
ESCENA FINAL
he dejado la puerta entreabierta
soy un animal que no se resigna a morir
a eternidad es la oscura bisagra que cede
un pequeño ruido en la noche de la carne
soy la isla que avanza sostenida por la muerte
o una ciudad ferozmente cercada por la vida
o tal vez no soy nada
sólo el insomnio y la brillante indiferencia de los astros
desierto destino
inexorable el sol de los vivos se levanta
reconozco esa puerta
no hay otra
hielo primaveral
y una espina de sangre
en el ojo de la rosa.
LA MUERTE SE ESCRIBE SOLA
LA MUERTE SE ESCRIBE SOLA
la muerte se escribe sola
una raya negra es una raya blanca
el sol es un agujero en el cielo
la plenitud del ojo
fatigado cabrío
aprender a ver en el doblez
entresaca espulga trilla
estrella casa alga
madre madera mar
se escriben solos
en el hollín de la almohada
trozo de pan en el zaguán
abre la puerta
baja la escalera
el corazón se deshoja
la pobre niña sigue encerrada
en la torre de granizo
el oro el violeta el azul
enrejados
no se borran
no se borran
no se borran
Comentarios