jueves, 7 de mayo de 2009

¿Generaciones?


Por Juan Secaira

En mis años universitarios recibí varias clases centradas en la idea de las generaciones literarias, que en esencia son una forma de ordenar lo que de por sí es caótico como el arte y específicamente la escritura. Recordé eso porque en el diario El Comercio del sábado pasado se habla de dicha manera de encuadrar a los escritores, por su año de nacimiento y por la idea de que cada 15 años aparece una nueva generación.
No discuto la utilidad de tal ordenamiento, simplemente me parece incompleto. ¿Por qué?, porque limita el oficio a la edad, situación que deja a varios escritores fuera de la norma. Ejemplos: Saramago empezó a escribir a una edad madura, igual cosa ocurrió con el ecuatoriano Modesto Ponce e incluso con el mismo Santiago Páez, a quien se nombra y entrevista en la mencionada nota. Ellos pertenecen a la actual generación, a pesar de su edad.Ahora bien la noción de generación, a más del tiempo, debe indicar algún tipo de ruptura, según los estudiosos. Sin embargo, la literatura no es cronológica, es decir, no siempre los más jóvenes son los encargados de presentar nuevas propuestas.
Lo que digo es que la literatura no tiene edad. En algunas ocasiones es evidente que más arriesgados son muchos de los escritores maduros que los mismos jóvenes. Incluso varios escritores ignorados en su momento tienen en su narrativa más elementos que los vivos. ¿Un ejemplo? Humberto Salvador.Otro problema: a quien realice la separación por generaciones en Ecuador le toca una tarea ardua, pues el país es tan fragmentado que lo que se hace en las ciudades que no sean Quito, Guayaquil o Cuenca se desconoce. Tal vez ya se escribió el libro sobresaliente pero nadie lo ha llegado a conocer. El problema de la distribución y el acceso se debe considerar en este tipo de estudios.Por eso, creo que la opción generacional no es negativa per se, sino un componente más, no el único, de un serio estudio de nuestra literatura. En ese sentido el aporte del artículo de El Comercio es positivo pero no excluye a otros, más en estos tiempos globalizados y con otras oportunidades y alcances.Leo los nombres de los escritores de las últimas generaciones en el artículo de El Comercio y más allá de desconocer a muchos, es evidente que faltan escritores, quienes tal vez no estén en el grupo pero su trabajo merece respeto.
Nombres hay demasiados. Puedo nombrar a: Eduardo Varas, Miguel Antonio Chávez, Carlos Aulestia, Augusto Rodríguez, César Carrión, Siomara España, Solange Rodríguez, Juan Pablo Castro, entre muchos otros. No critico al medio de prensa, sé que el espacio es corto; lo que quiero es demostrar que existen muchos más autores. A propósito, ignoro a qué generación pertenecen, sólo me han llamado la atención, los he leído y recordado. Cabe resaltar que en literatura, particularmente en literatura, no siempre gana la tropa sino el humano de a pie, que consigna su trabajo bajo otras perspectivas.
¿Los escritores antes mencionados ya perdieron el tren lineal del tiempo? ¿En dónde los ubicamos? ¿Y a Modesto Ponce? ¿Sus influencias son las mismas de las de su generación? ¿O saltó en el tiempo? ¿ Y es eso realmente importante?Lo antes mencionado pretende ser un abre boca de un tema tan álgido y de ningún modo es un ataque a nadie, sino la comprobación de que el concepto de generación necesita un refuerzo metodológico, pues no creo que parta de la idea de "dejar afuera" y "ubicar dentro" de un canon a los escritores, cuando lo que se debe analizar son sus obras.
En dicha publicación de prensa, Raúl Serrano y Santiago Páez aciertan al mencionar el carácter polémico de la división y la importancia de no ser excluyentes y analizar las obras.Por cierto, ¿a qué generación pertenece el excelente narrador Ernesto Quiñónez, ecuatoriano afincado en Nueva York? Otro punto, las influencias de los actuales narradores y poetas son variadísimas y no creo que al escogerlas hayan revisado la cédula de identidad de sus autores. No todos siguen la línea de Onetti, más bien se han nutrido de literaturas de todo el mundo, de autores súper diversos y no necesariamente compatriotas.
Así que hablar de antecesores es una tarea ardua y que merece un trabajo detalladísimo. Y sobre las rupturas, pienso que muchos de los escritores en el ámbito mundial no se han centrado en "romper" con las generaciones pasadas (en muchos casos no se puede desunir lo que nunca se ha tenido) sino en estructurar una obra digna y honesta, en traspasar al papel sus incertidumbres y hacerlo sin pretensiones, ni poses, ni determinaciones extra literarias. En el fondo, y, paradójicamente, con el transcurrir del tiempo, tal vez no haya algo más de ruptura que eso. (Foto de Ernesto Quiñónez)

1 comentario:

Juan Secaira dijo...

gracias por incluir mi artículo en la revista,
saludos a todos