lunes, 4 de mayo de 2009

Jorge Teillier o la poesía que llegó de la infancia


Por Augusto Rodríguez

Jorge Teillier nació en Lautaro, Chile, en el año 1935. Fue nieto de colonos franceses que llegaron a Quillón en 1885. Realizó estudios universitarios en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile y ejerció como profesor de Historia, dedicándose después al oficio de la poesía. Durante varios años fue Director del Boletín de la Universidad de Chile y Director de la Revista Orfeo, de poesía, que publicaba obras de poetas chilenos y extranjeros. Su obra poética ha sido traducida a varios idiomas. Entre sus libros más importantes se encuentran: Para ángeles y gorriones, 1956; El árbol de la memoria, 1963; Poemas del País de Nunca Jamás, 1961, Los poetas de los lares, ensayo, 1965; Crónica del forastero, 1968; Muertes y maravillas, 1971; Para un pueblo fantasma, 1978 y Para hablar con los muertos, 1979. La poesía de Jorge Teillier es sencilla pero de una profundidad extraordinaria. Leer su poesía es regresar al nacimiento. Al inicio de todo. Tal vez al origen del mundo. Es reencontrarse con la infancia, allá lejos muy lejos, donde la memoria no alcanza a recuperar ciertas imágenes que van cayendo como trozos de maíz para no perder el camino de regreso a casa. Leamos el poema Juegos:

Los niños juegan en sillas diminutas,
los grandes no tienen nada con qué jugar.
Los grandes dicen a los niños
que de debe hablar en voz baja.
Los grandes están de pie
junto a la luz ruinosa de la tarde.
Los niños reciben de la noche
los cuentos que llegan
como un tropel de terneros manchados,
mientras los grandes repiten
que se debe hablar en voz baja.
Los niños se esconden
bajo la escalera de caracol
contando sus historias incontables
como mazorcas asoleándose en los techos
y para los grandes sólo llega el silencio
vacío como un muro
que ya no recorren sombras.

Alguna vez el poeta Pedro Lastra dijo: “La notable facultad expresiva de Jorge Teillier hace que sus poemas sean sentidos por el lector como resultado de operaciones espontáneas, o recuentos inmediatos de lo real. Es ésa una impresión más o menos generalizada que la relectura de su poesía obliga a matizar, no sin depararnos también algunas sorpresas. Página a página, en los libros de Teillier se comprueba la precisión de su decir poético, precisión y necesidad que llegan a su máxima tensión en los finales, siempre iluminadores; pero una sorpresa mayor, sin embargo, espera al relector: las distintas versiones de sus poemas, desde sus primeros libros hasta la recopilaciones o antologías últimas, muestran el cuidadoso trabajo de taller realizado por el autor”. Concuerdo plenamente con Lastra; la poesía de Teillier apunta a los temas universales como la infancia, el amor, el tiempo, la muerte, la familia pero de una manera sencilla pero renovadora. Nos limpia la mirada. Nos recrea el mundo cotidiano y nos devuelve un mundo diferente, de distintos colores y formas. Leamos el poema Después de la fiesta:

Está más joven la muchacha que amanece sonriendo
frente al canto del canario cada vez más joven.
Está más joven en la portada de la revista
sobre la mesa de nogal cada vez más joven
el retrato de los Campeones Mundiales del año 30.
Está más joven la mujer que se despierta para
lavar ropa ajena en la artesa rústica.
Están más jóvenes quienes en la plaza hablan
de sus amigos desaparecidos o asesinados.
Está más joven la flor guardada
entre las páginas de Fermina Márquez,
Está más joven el rugoso pescador que bebe
su aguardiente frente al temporal recién nacido.
Está más joven el guijarro que espera ser
recogido por un niño,
tras ser pulido por una ola que cada viaje hace
cada vez más joven.
Sólo yo he envejecido.

En libro póstumo En el mudo corazón del bosque de Teillier, El crítico Francisco Véjar dijo: “Fiel a sí mismo hasta el último día de su existencia, Jorge Teillier pasó por Chile a bordo de una nube. Tal vez haya sido uno de los últimos poetas, si entendemos por tales a quienes tienen una visión distinta de la realidad y son capaces de no dejar escapar ninguna de las facetas enriquecedoras del asombro. Un día seremos leyenda, solía decir Teillier en El Molino del Ingenio, lugar situado entre La Ligua y Cabildo, en la región central de Chile. Este libro póstumo suyo contribuirá sin duda a ello ya que cuenta, como decía W. T. Turner en relación a su obra, de aquella mágica cualidad de auténtico poeta, original y tradicional, imperfecto pero sobresaliente, que posee el fuego y el poder indiscutible del genio. Algunos de sus poemas lo sitúan a Jorge Teillier entre los mejores poetas chilenos de este siglo”. Leamos el hermoso poema llamado Despedida:

Me despido de mi mano
que pudo mostrar el paso del rayo
o la quietud de las piedras
bajo las nieves de antaño.
Para que vuelvan a ser boques y arenas
me despido del papel blanco y de la tinta azul
de donde surgían los ríos perezosos,
cerdos en las calles, molinos vacíos.
Me despido de los amigosen quienes más he confiado:
los conejos y las polillas,
las nubes harapientas del verano,
mi sombra que solía hablarme en voz baja.
Me despido de las virtudes y de las gracias del planeta:
los fracasados, las cajas de música,
los murciélagos que al atardecer se deshojan
de los bosques de casas de madera.
Me despido de los amigos silenciosos
a los que sólo les importa saber
dónde se puede beber algo de vino,
y para los cuales todos los días
no son sino un pretexto
para entonar canciones pasadas de moda.
Me despido de una muchacha
que sin preguntarme si la amaba o no la amaba
caminó conmigo y se acostó conmigo
cualquier tarde de esas en que las calles se llenan
de humaredas de hojas quemándose en las acequias.
Me despido de una muchacha
cuyo rostro suelo ver en sueños iluminado
por la triste miradade trenes que parten bajo la lluvia.
Me despido de la memoria
y me despido de la nostalgia
-la sal y el agua-de mis días sin objeto
y me despido de estos poemas:
palabras, palabras-un poco de aire
movido por los labios-palabras
para ocultar quizás lo único verdadero:
que respiramos y dejamos de respirar.

Finalmente Jorge Teillier falleció el 22 de abril de 1996 en Viña del Mar. Sus restos descansan en el cementerio de La Ligua. Nos dejó un legado poético incalculable. Como manera de epílogo a este breve repaso sobre vida y obra del poeta chileno Jorge Teillier cierro con el poema Si alguna vez:
Si alguna vez
mi voz deja de escucharse
piensen que el bosque habla por mí
con su lenguaje de raíces.

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