Por Fernando Cazón Vera Carolina Patiño convirtió su soledad en un acto de fe. Y de ese modo nos anunció su partida en este libro de pocas pero definitivas páginas. Y es que no necesitó de mucho para entender que se había convertido en una extraña -¿desenterrada acaso?- en este difícil mundo lleno de tantas preguntas sin respuestas, de tantos infiernos disfrazados de presuntuosos cielos. Fue el suyo el caso de una niña extraviada que salió rápidamente por la puerta de escape antes de ser consumida por las llamas de una realidad intolerable. En su libro anterior y primero “Atrapada en las costillas de Adán”, de título tan sugestivo, hizo una tentativa de redención o purificación usando, con cierta imaginación, su propio cuerpo. Y sometiéndose con legítima curiosidad al pecado original. Pero, al parecer, esa felicidad de los sentidos no fue suficiente. A lo mejor, en su intransferible manera de buscar la redención, quiso pronunciar el prohibido nombre de Dios sin caer en la blasfemia. O ...