miércoles, 30 de enero de 2008

La poesía y sus cuchillos


Por Aleyda Quevedo Rojas

Muerte. No, la muerte no es parte de la noche de un poeta. No revela el universo del poeta, el anhelo de la muerte. No es necesariamente huir. Ni siquiera dejarse llevar. Solo devela su sentir más hondo. Es su cuerpo. Muerte para invocarla en cada verso. Muerte como escape de una misma, verdad a medias.
Muerte. Sí, acercarse a la muerte desde el perímetro de un poema es una forma de ir muriendo. Sí, cerrarse al sol, perderse de todo y de todos. Llevar la muerte cada día como un puñal o un bolsillo repleto de pastillas. La muerte y sus múltiples posibilidades solo son certezas cuando una canta dulce y se muere luego.
Así en la vida como en la poesía Carolina Patiño (Guayaquil, Ecuador 1987-2007). Se fue a la muerte con 20 años. Se metió en la poesía con todo, como lo exigen la poesía y sus cuchillos. En Te suicida los vasos comunicantes y los túneles se extienden y se entrelazan con la misma fuerza poética de Atrapada en las costillas de Adán (2006), parecido ritmo, misma precisión en el lenguaje, imágenes de filigrana surrealista, dardos sangrientos que tocan la locura y la filosofía. Las constantes: erotismo, dolor, angustia y muerte.
Pero es en Te suicida donde está la poesía verdadera. Ahí se dibuja misteriosamente eso de nacer y vivir dolorosamente la infancia, para luego en la adolescencia apasionada y desencantadamente llegar a los puñales sangrientos de la desilusión total, la desidia que quema, el desamor que marca, la locura latente, y esperando en el ahogo de la cotidianeidad, llegar un día a la certeza de la muerte.
La muerte como una luz terrible que se ama y se busca con la misma intensidad que se busca el amor. La mejor manera de morir/ mostrarme con lágrimas /no fue buena idea/ alguien me dijo que debí notar que vendrías por más/ vendo mi alma solo por esconderme de ti. Amor asfixiante y desesperado, la muerte en el cuerpo y el dolor…siempre ahí, quemando y ardiendo en los versos…en la vida de esta voz cegada antes de tiempo. Pero hay que darle tiempo al tiempo porque la muerte no es necesariamente huir de la vida, de la poesía.

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