miércoles, 27 de febrero de 2008

Novelistas ecuatorianos escriben del sueño al desencanto político


Por Gilberto Lopes gclopes@racsa.co.cr

Acunada en el seno del volcán Pichincha, parece inevitable comparar: la ciudad de Quito está enclaustrada en su valle, como San José está en el suyo. Guayasamín veía la ciudad arropada de colores, y la pintó verde, blanca, azul, roja, negra. Pero se trataba, más bien, de estados de espíritu, aunque no se puede descartar el color de las estaciones, que van iluminando la ciudad con tonos diversos. La diferencia es que Quito es andina, y eso tiene que ver con una herencia indígena de la que carece San José, así como sus noches, más frescas que las nuestras, después de haber vivido, en un solo día, una pincelada de cada estación.
Lloviznaba, mientras recorríamos sus calles, subíamos sus cerros, la mirábamos con una inevitable sensación de caminar por una familiar ciudad desconocida.
¿Cómo asomarse también a su literatura? ¿Por dónde comenzar? ¿Qué se publicaciones recientes se encuentran en las librerías de Quito?
Desencanto en Poso Wells. Quizás lo más reciente sea Poso Wells, de Gabriela Alemán, una quiteña nacida en Río de Janeiro. Ella cumplirá 40 años y tiene ya una trayectoria reconocida en la literatura ecuatoriana. Poso Wells es su segunda novela y se presentó en Ecuador en octubre.
El año pasado, Alemán participó en la reunión, celebrada en Bogotá, de 39 autores latinoamericanos menores de 39 años, parte de lo que, de más nuevo y mejor, se está publicando en la región.
“Una sátira”, dice ella, en reciente entrevista, para explicar su novela, ubicada en los barrios marginales de Guayaquil, pero cuyo escenario es, en realidad, una caricatura del submundo de la política, resumida en el divertido capítulo inicial titulado “El candi-dato”. “Quería inicialmente que el libro saliera como un folletín, y para que esto funcionase debía existir un deliberado intento por crear suspenso”, explica.
El resultado de la novela es algo disparejo. Gabriela Alemán construye una trama en la que se combinan, con cierta tensión, temas como la desaparición de mujeres en medio de un laberinto de túneles subterráneos que recorren la ciudad; la mezcla de corrupción, política y negocios, que mantienen en vilo al lector hasta algo más de media novela. Es en el desenlace, en los dos capítulos finales (de los tres que tiene la obra) donde esa tensión se diluye, se pierde algo del ritmo que nos mantenía atrapados mientras se describía el escenario.
Gabriela Alemán precisa una de las razones por las que escribió Poso Wells: “Como varios cientos de miles de ecuatorianos, estaba cansada, de la manera en la que el discurso de la crónica roja se ha filtrado en toda narración de la realidad. Ese discurso se alimenta de la escena del crimen y después desaparece. En la isla Trinitaria en Guayaquil, en la Jaime Roldós, el Comité del Pueblo en Quito, ¿solo se experimenta la muerte, el odio, la droga, la venganza? ¿Nadie vive, ríe, aprende, sueña, desea, crea, también en esos barrios?”.
Son los personajes rebeldes, los que se niegan a aceptar la arbitrariedad y el abuso del poder, los que dan vida a esa otra cara de la realidad; los que, de algún modo, sobreviven a la catástrofe.
Poso Wells, metáfora de la novela En el país de los ciegos , que H. G. Wells sitúa en Ecuador, fue recibida con una crítica mixta, que destaca su “prosa ágil”, sin dejar de señalar que “no es una novela que conmueva o apasione”.
La alucinación en El hacha enterrada. Si Alemán representa una nueva generación, Iván Oñate (de 60 años) es la generación intermedia. Sus cuentos, se publicaron originalmente en 1987 bajo el título El hacha enterrada y llevan ya siete ediciones. Ciertamente, son mucho más lúdicos e incursionan casi siempre con gran acierto en el terreno de los sueños, donde las cosas no son lo que parecen.
De los ocho cuentos que lo integran, ninguno atrapa tanto como “La media estocada”, una melancólica conversación en un bar, en la que Manolo, el “torero”, y su mozo de estoques, reconstruyen sus patéticas presentaciones por los pueblos del interior, hasta construir un escenario desolador que los amigos deshilvanan en medio de unos tragos de mala muerte.
Sin embargo, Oñate no afloja la tensión, muy lograda en todos los cuentos (salvo en uno, “Por entre los árboles”, confuso). Notables resultan “En el límite” y “La fiel literatura”, en los que se va construyendo paulatinamente lo equívoco de la situación, que conduce a desenlaces inesperados.
Oñate juega con maestría en el terreno impreciso en el que se traslapan el sueño y la realidad, dejando al lector el espacio necesario para aportar a la historia con su propia imaginación. “Libro emblemático de una de las voces más originales de la literatura ecuatoriana”, dijeron algunos críticos. Oñate tiene también una vasta obra, sobre todo de cuento y poesía.
Concierto de sombras. Este recorrido se cierra con Concierto de sombras, de Alicia Yáñez Cossío (79), una de las escritoras más reconocidas del Ecuador. Publicado en el 2004, Concierto de sombras es una especie de libro de memorias, en el que los recuerdos se hilvanan mientras se viaja de Miami a Quito en un vuelo en el que la narradora encuentra a un viejo amigo de la infancia, transformado en un diplomático presuntuoso, que ha perdido todo el encanto de la juventud.
Escrito en tercera persona, el relato hace un recorrido por el mundo del Quito de hace algo más de medio siglo, poblado de personajes cargados de un catolicismo antiguo, paño de fondo de toda la vida social. En todo caso, no es la obra principal de la escritora, quien en estos días acaba de publicar otra novela. Alicia Yánez ha escrito más novelas que cualquier otro ecuatoriano.
Tres propuestas, de tres generaciones distintas, nos ofrecen un panorama de una literatura desconocida en San José, pese a la cercanía geográfica y a la hermandad del paisaje.

(Fuente: nacion.com /Áncora/ Costa Rica)
http://www.nacion.com/ancora/2008/febrero/03/ancora1402860.html

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