
Ya está circulando el nuevo poemario de Augusto Rodríguez denominado Cantos contra un dinosaurio ebrio. Cuarto libro de su autor con que cierra el cuarteto de todos los animales. Antes fueron Mientras ella mata mosquitos, Animales salvajes y La bestia que me habita.
Cantos contra un dinosaurio ebrio en el año 2005 obtuvo una Mención de Honor en el V Concurso Nacional de Poesía “César Dávila Andrade”. Siendo jurado en ese entonces: el crítico chileno Dr. Gilberto Triviños (presidente) y los poetas ecuatorianos Edwin Madrid y Cristóbal Zapata.
Este nuevo poemario de Rodríguez ha sido publicado por la Editorial La Garúa, de Barcelona, España. Cuenta con un prólogo del reconocido escritor y poeta ecuatoriano Fernando Nieto Cadena, radicado en México. La Editorial La Garúa es una Editorial Española que se especializa en Poesía. Entre sus últimos libros publicados se encuentran a importantísimos escritores españoles como Leopoldo María Panero, Màrius Sampere, Ana Isabel Conejo y la poeta francesa Anise Koltz.
Creemos que el presente poemario abrirá nuevas puertas para que la poesía ecuatoriana se siga leyendo y publicando en España (como fue el caso de la obra del poeta quieño Edwin Madrid, ganador del Casa de América 2004).
Cantos contra un dinosaurio ebrio en el año 2005 obtuvo una Mención de Honor en el V Concurso Nacional de Poesía “César Dávila Andrade”. Siendo jurado en ese entonces: el crítico chileno Dr. Gilberto Triviños (presidente) y los poetas ecuatorianos Edwin Madrid y Cristóbal Zapata.
Este nuevo poemario de Rodríguez ha sido publicado por la Editorial La Garúa, de Barcelona, España. Cuenta con un prólogo del reconocido escritor y poeta ecuatoriano Fernando Nieto Cadena, radicado en México. La Editorial La Garúa es una Editorial Española que se especializa en Poesía. Entre sus últimos libros publicados se encuentran a importantísimos escritores españoles como Leopoldo María Panero, Màrius Sampere, Ana Isabel Conejo y la poeta francesa Anise Koltz.
Creemos que el presente poemario abrirá nuevas puertas para que la poesía ecuatoriana se siga leyendo y publicando en España (como fue el caso de la obra del poeta quieño Edwin Madrid, ganador del Casa de América 2004).
Comentarios sobre Cantos contra un dinosaurio ebrio:
“Augusto Rodríguez escribe con rabia e ironiza con dolor. Dando otra vuelta de tuerca al malditismo dirty, nutriéndose de un escepticismo no por radical menos romántico, cada poema de este libro es una respiración ansiosa, un animal contradictorio. Todo lo que hay de extrema venganza en ellos, lo hay también de amor desolado, de emoción superviviente. La voz de estos cantos ebrios parece asistir a todas las muertes y enterrarlas una a una, como si el poeta fuera un sepulturero de mitos desgarrados y figuras paternas. Pero, por debajo (o por encima) de todas las furias de su grito, una melancolía errante silba pidiendo compañía”.
Andrés Neuman
Granada, España
“Cuenta la tradición que el Buda permaneció siete semanas en el paranirvâna o «área del despertar», porque en lugar de salvarse a sí mismo quiso convertir su descubrimiento en una doctrina que salvaría al mundo: despertar para liberarse del dolor. Por eso los poemas de Augusto Rodríguez nos perfuman de paz y beatitud, porque sólo después de chapotear en los abyectos pantanos del karma es posible alcanzar la iluminación mística. Cantos contra un dinosaurio ebrio es el inventario de todas las blasfemias y aberraciones que garantizan la redención. Sus poemas son los alfileres que aseguran la paz de la mariposa”.
Fernando Iwasaki
Sevilla, España
“Aquí está Augusto Rodríguez: Rápido y maldito, chispeante y justiciero, sensible y escéptico, fatalista y pop, más comunicativo que una web y puentes trasatlánticos, enérgico y de ternura solapada, pero sobre todo, original y fresco. Un poeta ecuatoriano para leer de mañana, como un café fuerte que nos deja levitando todo el día”.
Antonio Skármeta
Santiago de Chile
“Como a los poetas sólo hay que creerles cuando escriben porque lo que escriben es verdad, creo lo que me confidencia Augusto Rodríguez en sus Cantos contra un dinosaurio ebrio. Sobre todo creo en su poesía y espero que sea una voz entre otras voces que han emprendido este viejo oficio de incertidumbres de ser poeta en un Guayaquil empecinado en renovarse como ciudad (una ciudad que ya no es la ciudad que nostalgizo) pero que sigue siendo fiel a una perenne tradición-identidad aún por descubrir y por alcanzar. Ahora con el vagabundeo de una palabra, la de Augusto Rodríguez, ensimismada en verter sobre el papel la pus existencial de quien sabe que desde el mismo nacimiento hemos empezado a morir sin atenuantes. Lo cual si bien es ya un lugar común no por eso podrá consolarnos”.
Fernando Nieto Cadena
Isla, ciudad y puerto del Carmen, Campeche, México
(Un fragmento del prólogo del libro)
“Al leer al poeta Augusto Rodríguez he recordado que, por su capacidad de hacernos ver, sentir y conocer lo que está más allá del sentido común y de las convenciones, la poesía se erige como el discurso del antipoder. La rebelde con y sin causa de las epistemologías y ontologías oficiales. Este Canto contra un dinosaurio ebrio, me ha recordado también que la poesía es subversiva porque cuestiona la moral y los dogmas con que se nutren los dinosaurios. Vale decir: el poder”.
Iván Oñate
Universidad Central de Ecuador
Deliberadamente el autor nos descarga neblina en el título, para medir la capacidad visual del transeúnte de este compendio de poemas. El poeta (aquí deviene émulo de Bukowski, Borges, Panero o Pessoa), establece un hábil y no menos sardónico juego de alegorías entre el amor, la pasión, y el vicio por la poesía, como si se tratara de la droga, el vino o el sexo más deliciosos, en una palabra, la mejor universidad para el alma. Estos textos contienen, entonces, la revancha de un sobreviviente que ha abierto los ojos, descreído y desencantado de la selva de cuentos que es el mundo. Entre romántico estepario y decapitado trasnochado, Augusto Rodríguez va afinando progresivamente el bisturí de la ironía anti-poética, hija aristócrata del orgullo, como arma confiable para traducir sus propias verdades.
Ramiro Oviedo
Université du Littoral-Côte d'Opale
Boulogne-Sur Mer, France
“Rodríguez llega a su nueva obra insistiendo en temas y estilos, con unidades líricas de no muy larga extensión, que apuntan a la realidad de un mundo moderno con todas sus complejidades y mutaciones. Sus versos se deslizan como una prosa lírica contundente y cruel. Posiblemente el denominador común sea cierto sardonismo que le permite emitir críticas sutiles sobre ese entorno en que se mueve la nueva generación”…
Fernando Cazón Vera
Guayaquil, Ecuador
Luego de un largo silencio de más de veinticinco años, aparece en Ecuador un grupo de poetas nacidos hacia los años 80: Rodríguez, Méndez, Cazar, Chávez, Escobar, Du Lac, Jurado, Cuzme, Maridueña, Lasso, Osinaga, Patiño, entre otros. Antes de esta nueva generación, lastimosamente, tenemos solamente lo hecho en los años 80 y 90, lo cual, a excepción de la poesía de Pedro Gil, resultó en un salto hacia atrás, debido en gran parte a la preferencia por un vocabulario supuestamente universalista que en realidad resultó ser confuso y poco imaginativo. Los nuevos poetas, en cambio, testimonian de manera sincera lo que sienten y piensan, y ven en la poesía un fin expresivo, no un medio de reconocimiento social. Su percepción del nuevo milenio está marcada por la computación y las nuevas formas de comunicación, el estatus del lenguaje poético, la diversidad cultural y el no siempre grato mundo intelectual. Al mismo tiempo, nos hablan de temas ya convencionales, como el sentido de la vida, el amor, la herencia literaria, la fugacidad del instante. Esta nueva generación retoma, en sus propios términos, el camino labrado por Jorge Enrique Adoum, David Lesdesma, Carlos Eduardo Jaramillo, Fernando Cazón, Antonio Preciado, Agustín Vulgarín, Efraín Jara Idrovo, Fernando Nieto y Euler Granda; camino que en su hora les sirvió también a Fernando Balseca, Jorge Martillo, Maritza Cino, Edwin Madrid y Eduardo Morán. Al nuevo grupo pertenece Augusto Rodríguez, miembro del colectivo Buseta de Papel. Rodríguez ha asumido con fuerza, consistencia e imaginación, el oficio de poeta, marcado por las preocupaciones actuales, la historia diaria que vive y sus incesantes lecturas. Su discurso poético se nutre de varios mundos simbólicos que van de Lesdema a Pound, de Pessoa a Bukowski, de Bolaño a Parra, por citar a unos pocos, pero de manera cuestionadora, directa, bien informada, a través de un acertado repertorio verbal y un tono desenfadado o irreverente. Puedo decir con absoluta confianza que se está fraguando la personalidad de un poeta que desarrollará el legado local y nacional, y que, de seguir así, pronto será diestro en el manejo de recursos poéticos de tal manera que estará entre lo mejor que Ecuador le va a ofrecer a Latinoamérica y al mundo.
“Augusto Rodríguez escribe con rabia e ironiza con dolor. Dando otra vuelta de tuerca al malditismo dirty, nutriéndose de un escepticismo no por radical menos romántico, cada poema de este libro es una respiración ansiosa, un animal contradictorio. Todo lo que hay de extrema venganza en ellos, lo hay también de amor desolado, de emoción superviviente. La voz de estos cantos ebrios parece asistir a todas las muertes y enterrarlas una a una, como si el poeta fuera un sepulturero de mitos desgarrados y figuras paternas. Pero, por debajo (o por encima) de todas las furias de su grito, una melancolía errante silba pidiendo compañía”.
Andrés Neuman
Granada, España
“Cuenta la tradición que el Buda permaneció siete semanas en el paranirvâna o «área del despertar», porque en lugar de salvarse a sí mismo quiso convertir su descubrimiento en una doctrina que salvaría al mundo: despertar para liberarse del dolor. Por eso los poemas de Augusto Rodríguez nos perfuman de paz y beatitud, porque sólo después de chapotear en los abyectos pantanos del karma es posible alcanzar la iluminación mística. Cantos contra un dinosaurio ebrio es el inventario de todas las blasfemias y aberraciones que garantizan la redención. Sus poemas son los alfileres que aseguran la paz de la mariposa”.
Fernando Iwasaki
Sevilla, España
“Aquí está Augusto Rodríguez: Rápido y maldito, chispeante y justiciero, sensible y escéptico, fatalista y pop, más comunicativo que una web y puentes trasatlánticos, enérgico y de ternura solapada, pero sobre todo, original y fresco. Un poeta ecuatoriano para leer de mañana, como un café fuerte que nos deja levitando todo el día”.
Antonio Skármeta
Santiago de Chile
“Como a los poetas sólo hay que creerles cuando escriben porque lo que escriben es verdad, creo lo que me confidencia Augusto Rodríguez en sus Cantos contra un dinosaurio ebrio. Sobre todo creo en su poesía y espero que sea una voz entre otras voces que han emprendido este viejo oficio de incertidumbres de ser poeta en un Guayaquil empecinado en renovarse como ciudad (una ciudad que ya no es la ciudad que nostalgizo) pero que sigue siendo fiel a una perenne tradición-identidad aún por descubrir y por alcanzar. Ahora con el vagabundeo de una palabra, la de Augusto Rodríguez, ensimismada en verter sobre el papel la pus existencial de quien sabe que desde el mismo nacimiento hemos empezado a morir sin atenuantes. Lo cual si bien es ya un lugar común no por eso podrá consolarnos”.
Fernando Nieto Cadena
Isla, ciudad y puerto del Carmen, Campeche, México
(Un fragmento del prólogo del libro)
“Al leer al poeta Augusto Rodríguez he recordado que, por su capacidad de hacernos ver, sentir y conocer lo que está más allá del sentido común y de las convenciones, la poesía se erige como el discurso del antipoder. La rebelde con y sin causa de las epistemologías y ontologías oficiales. Este Canto contra un dinosaurio ebrio, me ha recordado también que la poesía es subversiva porque cuestiona la moral y los dogmas con que se nutren los dinosaurios. Vale decir: el poder”.
Iván Oñate
Universidad Central de Ecuador
Deliberadamente el autor nos descarga neblina en el título, para medir la capacidad visual del transeúnte de este compendio de poemas. El poeta (aquí deviene émulo de Bukowski, Borges, Panero o Pessoa), establece un hábil y no menos sardónico juego de alegorías entre el amor, la pasión, y el vicio por la poesía, como si se tratara de la droga, el vino o el sexo más deliciosos, en una palabra, la mejor universidad para el alma. Estos textos contienen, entonces, la revancha de un sobreviviente que ha abierto los ojos, descreído y desencantado de la selva de cuentos que es el mundo. Entre romántico estepario y decapitado trasnochado, Augusto Rodríguez va afinando progresivamente el bisturí de la ironía anti-poética, hija aristócrata del orgullo, como arma confiable para traducir sus propias verdades.
Ramiro Oviedo
Université du Littoral-Côte d'Opale
Boulogne-Sur Mer, France
“Rodríguez llega a su nueva obra insistiendo en temas y estilos, con unidades líricas de no muy larga extensión, que apuntan a la realidad de un mundo moderno con todas sus complejidades y mutaciones. Sus versos se deslizan como una prosa lírica contundente y cruel. Posiblemente el denominador común sea cierto sardonismo que le permite emitir críticas sutiles sobre ese entorno en que se mueve la nueva generación”…
Fernando Cazón Vera
Guayaquil, Ecuador
Luego de un largo silencio de más de veinticinco años, aparece en Ecuador un grupo de poetas nacidos hacia los años 80: Rodríguez, Méndez, Cazar, Chávez, Escobar, Du Lac, Jurado, Cuzme, Maridueña, Lasso, Osinaga, Patiño, entre otros. Antes de esta nueva generación, lastimosamente, tenemos solamente lo hecho en los años 80 y 90, lo cual, a excepción de la poesía de Pedro Gil, resultó en un salto hacia atrás, debido en gran parte a la preferencia por un vocabulario supuestamente universalista que en realidad resultó ser confuso y poco imaginativo. Los nuevos poetas, en cambio, testimonian de manera sincera lo que sienten y piensan, y ven en la poesía un fin expresivo, no un medio de reconocimiento social. Su percepción del nuevo milenio está marcada por la computación y las nuevas formas de comunicación, el estatus del lenguaje poético, la diversidad cultural y el no siempre grato mundo intelectual. Al mismo tiempo, nos hablan de temas ya convencionales, como el sentido de la vida, el amor, la herencia literaria, la fugacidad del instante. Esta nueva generación retoma, en sus propios términos, el camino labrado por Jorge Enrique Adoum, David Lesdesma, Carlos Eduardo Jaramillo, Fernando Cazón, Antonio Preciado, Agustín Vulgarín, Efraín Jara Idrovo, Fernando Nieto y Euler Granda; camino que en su hora les sirvió también a Fernando Balseca, Jorge Martillo, Maritza Cino, Edwin Madrid y Eduardo Morán. Al nuevo grupo pertenece Augusto Rodríguez, miembro del colectivo Buseta de Papel. Rodríguez ha asumido con fuerza, consistencia e imaginación, el oficio de poeta, marcado por las preocupaciones actuales, la historia diaria que vive y sus incesantes lecturas. Su discurso poético se nutre de varios mundos simbólicos que van de Lesdema a Pound, de Pessoa a Bukowski, de Bolaño a Parra, por citar a unos pocos, pero de manera cuestionadora, directa, bien informada, a través de un acertado repertorio verbal y un tono desenfadado o irreverente. Puedo decir con absoluta confianza que se está fraguando la personalidad de un poeta que desarrollará el legado local y nacional, y que, de seguir así, pronto será diestro en el manejo de recursos poéticos de tal manera que estará entre lo mejor que Ecuador le va a ofrecer a Latinoamérica y al mundo.
Fernando Itúrburu
State University of New York en Plattsburgh
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