lunes, 20 de agosto de 2007

La poesía irreverente de Eduardo Morán


(Guayaquil, 1957) Ha publicado los poemarios: Muchacho majadero, No pudimos mirarla de manera distinta, Los lugares maliciosos. En su poesía se respira la ironía, el sarcasmo y sobre todo el humor. Su obra poética es a ratos desconocida para una gran mayoría de lectores, pero Morán es sin duda, uno de nuestros poetas más valiosos.

CARTA A DIOS

Padre nuestro

que andas entre nubes,

si no tengo ni un centavo

para ir este domingo

al partido de Barcelona y Emelec,

ni una casa con garaje,

ni amigos con dinero,

ni nada,

será porque tú no lo quieres

pero me voy al diablo cuando puedo,

como si tú no existieras.

Vengo a buscarte pelea, ¿sabes?

Y si te enfureces

conviérteme

en sapo o en lo que quieras.

No hay problema.

Padre nuestro que estás en los cielos

decididamente

no eres más que un farsante.

Nosotros aquí,

de plantón todavía esperándote

y de ti ni los truenos.

MUCHACHO MAJADERO

Con premeditación y alevosía

desde hace quince inviernos

yo tengo unas emputadas ganas de joder

fabricadas a mi medida

y llevo los perfectos estatutos

de esta quincenal cara de aguacero

metidos como piedra

dentro de los zapatos.

Emputadas ganas de joder

que dejo caer sobre las paredes

de vuestros rostros absurdos.

Sobre la pintura flamante

de la angustia burocrática

de los funcionarios.

Sobre el uniforme descolorido

del pazguato de trabuco

que cuida vuestros parques.

Mi adolescencia resulta

una enfurruñada urticaria

sobre el pellejo de los días.

Dice el Orientador vocacional

que escribiendo esto que escribo

por fuerza he de reconciliarme

con mi adolescente buen chico,

ese que tiene mis misma cara

y no conozco,

el que lleva mi propio odio

y que no amo ni me ama.

Bueno. Ya se que son mentirillas

del Orientador vocacional.

Pero qué importa.

Yo tengo unas emputadas ganas de joder

fabricadas a mi medida.

Acabaré de jorobar

cualquiera de estos días.

Quizás algún sábado por la noche.

Cuando el viento,

o los establecidos preceptos,

o alguna camisa de fuerza

puedan recoser el sosiego

dentro de estas venas.

Desde hace quince inviernos,

Con premeditación y alevosía,

yo tengo unas emputadas ganas de joder

fabricadas a mi medida.

MUJER SOLA

Mi marido no llega todavía del trabajo.

Sigue en su despacho atorado

entre las medias panti de su secretaria.

Estarán sobre el escritorio,

con las luces bajas.

Yo, aquí, sentada en la cocina.

Muebles,

platos,

cubiertos,

todo lo he dejado en orden. Como siempre.

Me pregunto para quien cocino.

Para quien limpio porquerías.

Preciso es que el cuarto jinete galope.

Mi madurez,

Mis enfermedades de señora,

mis maquilladas patas de gallo,

mis canas pintadas de rubio,

el diablo que llevo adentro,

se levantan,

apagan la luz.

En el dormitorio está lo que me espera.

Ya no cabe afirmar si ha hecho un día bueno

o si lo ha hecho malo.

Preciso es que el cuarto jinete galope.


1 comentario:

Sebastián Toski dijo...

Yo no lo conocía pero me alegro de hacerlo, me gusta la manera burda y sarcástica con la que escribe su poesía .

Muy buen aporte